Cultural Singularidades
Conocimientos, inteligencia y contradicción

Publicación:05-09-2026
Seis amigas mantienen, después de más de cincuenta años, una amistad que ha superado diferencias ideológicas, religiosas, políticas y económicas.
Fueron llegando al sitio acordado para merendar y platicar de sus cosas: lo que han hecho y lo que se proponen hacer, según lo hacían siempre: algunas muy puntuales, otras casi, detrás de la o las dos primeras, y al final, solo una, la que no le era fácil ser muy puntual, pero nunca faltaba. Se trataba de un grupo de seis amigas que tenían uno o dos años más de cincuenta de conocerse. Su relación era muy fuerte y estaba sustentada sobre una base más allá de las diferencias ideológicas, religiosas, políticas y económicas que entre ellas prevalecían. Realmente valoraban la amistad y la conservaban a través de los años; aunque no siempre les era posible coincidir en una fecha, para verse al menos una vez al mes o cada dos meses, siempre hacían el intento... En algunas ocasiones, pasaban tres o cuatro meses sin que pudieran reunirse. Otras, acordaban verse las que sí podían coincidir en la fecha propuesta. Definitivamente, lo que esas seis mujeres tenían (y, tienen) entre sí, es digno de admirarse y valorar como algo realmente invaluable.
Como ya saben -quienes me conocen o leen lo que escribo-, me gusta reflexionar y externar algunos criterios sobre la vida y lo que algunos momentos y circunstancias nos ofrecen. Hoy, me pregunto y les pregunto a ustedes, estimados lectores: Si pudieran escoger una característica esencial y básica que los identificara, entre tres conceptos, cuál preferirían que los definiera: saber y conocimientos; inteligencia y reflexión; o, la contradicción.
El saber puede conducir hasta le erudición. Quien sabe mucho sobre un tema es un especialista; pero, el que sabe mucho de varios temas o de casi todo, es un erudito. La inteligencia que se ejerce con reflexión puede transformarse en sabiduría. Utilizar la ley de los contrarios en una argumentación es aplicar la inteligencia en el razonamiento. Por lo tanto, la contradicción no debe tenerse por una práctica negativa, sino todo lo contrario -valga la aparente redundancia-. Encontré, con letra de mi hijo, escritas en una servilleta, frases, como estas: "La contradicción ha sido la amada compañera de mi madre" (me gusta). También: "Todo se puede contradecir; pero, no todo se puede probar". Y, una más: "Proponer como cierta una contradicción, te vuelve creador de ideas". Sí, creo que yo las dije, pero reproducidas por Carlos A. - ¡en una servilleta! -, me parece que: igual le pertenecen.
Mientras escribo, vino a mi mente, la voz y palabras del maestro que me diera "Introducción a la Filosofía", en el primer semestre de la carrera, el Dr. Bucio; quien, luego del Dr. Basave, fuera director de la Escuela, y quien no perdía oportunidad para decirme que qué hacía estudiando Letras, esto ya en el segundo año, cuando debíamos definirnos por Letras o Filosofía. A la distancia de los años y con la madurez que nos da lo vivido durante cincuenta años, me resulta un tanto pedante o engreída, mi respuesta, le dije: "porque no hay Maestros realmente interesantes o de quienes tenga algo que aprender en Filosofía (Hugo Padilla acababa de irse a México); y, además, quiero escribir. Entonces, el Dr. Bucio (a quien recuerdo con cariño y respeto), me dijo: pues por eso mismo, porque piensa escribir, necesita estudiar Filosofía, no Letras. Finalmente, la pobreza de maestros en Letras, y la opinión del Dr. Bucio, me convencieron de regresarme a Filosofía.
Siempre he vivido agradecida de haber estudiado una carrera tan hermosa y plena de oportunidades, como Filosofía, aunque no me haya dedicado mucho, en la docencia, a ella. Dada mi formación desde casa, a partir de la adolescencia y luego desde los estudios universitarios, dentro de las ideas progresistas, contrarias a lo que predominaba (y predomina) en Nuevo León y Monterrey, en particular, podía quedarme sin empleo: y necesitaba el trabajo. Pues, muerto nuestro padre recién termino los estudios de licenciatura, los dos hijos mayores (yo, la primera) tuvimos que volvernos proveedores y apoyar a los hermanos menores para que siguieran estudiando. De suerte que no entro en conflicto con la Institución educativa en la que ya trabajaba, y me incliné más hacia las materias de Cultura, Arte, Historia y Lengua materna.
Pero, permítanme volver al tema que subyace entre líneas y fue lo que motivó este escrito: ¿Qué es más importante, el conocimiento, la inteligencia, o la contradicción? Me parece que el planteamiento original tiene un gran error: No tienen que eliminarse o descartar un concepto sobre otro. Más bien, se complementan. Sin que deje de ser cierto y válido que el saber puede volver a un individuo, erudito, mientras que la inteligencia, junto con la reflexión y la contradicción, conduce a la sabiduría y no solo a la erudición.
« Olga de León »




