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El silencio ensordecedor

El silencio ensordecedor


Publicación:25-10-2026
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Nada más apropiado para definir la realidad de cada día, que el ruido

- Nada más apropiado para definir la realidad de cada día, que el ruido.  Es característico y distintivo ese ruido de las calles, a cualquier hora, mientras haya gente y autos circulando por ellas. ¿No te parece que así es, Justino?

- Si, eso creo -contestó Manuel. Pero, también existen otros elementos que influyen para que el ruido persista: las reparaciones de pavimentos y otras obras oficiales, como igual pasa con las construcciones, los trabajos nocturnos en algunas fábricas y empresas, por mencionar algunos factores más que favorecen la producción de ruidos externos a nuestros hogares...

- ¡Hey!, amigos -interviene Luis-, se olvidan de los más desagradables, como cuando se escuchan balazos, a unas cuadras de donde vivimos, o el tronido de una falla eléctrica, como un transformador que por "x" o "z" truena, se descompone y nos quedamos sin luz aun dentro de las casas; o los cuetes, con lo que algunos desocupados se entretienen a medianoche, o de madrugada.  

- Bueno, a mí no me afectan esos ruidos - dijo Raúl -, yo duermo a pierna suelta... Será que cuando me acuesto ya voy a la cama bien cansado y hasta medio dormido. Sí me entero en la mañana, si sucedió algo extraordinario, por mi familia o por las noticias. Pero, en su momento, yo no me doy cuenta de nada; estando ya dormido, nada me despierta entre la noche.

- ¡Afortunado de ti, Raul! -exclama José.

  - Bien, amigos, pues muchas gracias. Quería escuchar algunas ideas u opiniones, porque hoy voy a hablarles sobre el ruido; desde un punto de vista más personal que científico. Va mi discurso, al terminar podrán opinar, criticar o juzgar mi punto de vista; solo tengan presente que no pretendo convencer a nadie de lo que yo diré. Solo les comparto algo desde mi perspectiva racional, mis emociones y sentimientos. Y, si bien, con alguna base, no trataré de imponer criterio alguno.

Yo amo el silencio. Vivo en una casa que está en medio de otras dos, prácticamente desocupadas, por razones diferentes... y solo hay justo tres casas en esa cuadra en donde vivo; mi casa es la de en medio. Las que están enfrente, quedan algo retiradas, pues media entre ellas y la mía un terreno amplio y largo, destinado como parque; pero sin instalaciones ni bancas. Por atrás, junto al patiecito y el cuarto de servicio (sin terminar totalmente), hay una casa que igual que las de los lados, no está habitada, sino eventualmente.

Vivo muy a gusto en medio del silencio. En casa, se puede dormir aun de día, hasta en la tarde, pues no hay nada que nos despierte... Salvo las entregas de algunos mensajeros (quienes ya saben que pueden dejar lo que vayan a entregar, junto a uno de los autos, hay dos; o pegado a la puerta, si no abrimos de inmediato.).

Existen otra clase de silencios, no tan gratos. Los que nos hacen, o hacemos, cuando alguien no quiere dar una respuesta. Pero, sobre este silencio, diré que habla más fuerte que las palabras; y no creo que alguien pueda preferirlo a ellas. Especialmente, cuando ese silencio calla algún improperio u ofensa, en este caso, siempre será preferible eso, el silencio: es mi opinión. Se evitan discusiones inútiles e innecesarias, y hasta arrepentimientos posteriores, cuando nos damos cuenta de que pudimos callar, en lugar de insultar.

Creo conocer mis limitaciones y mi carácter, tanto que me encanta esa frase de: si tienes la alternativa de aferrarte a la defensa de tu criterio o verdad, o de ceder terreno, a fin de no lastimar a alguien, inclínate por esta última opción. Sí, me encanta la frase e idea... Lo malo es que a veces me gana lo disque reflexiva, contradictoria y certera, y me olvido - como buen humano – del otro, del que puede estar equivocado; pero merece no solo mi aprecio, sino mi respeto, también.

Qué difícil es ser ecuánime, imparcial y al mismo tiempo, mantener y defender principios tan importantes y valiosos como: la verdad, la libertad, la justicia, la dignidad y el amor, sean o no tiempos de cólera y desesperanza.

Por otro lado, hay una frase o dicho, no sé si muy cristiano o definitivamente católico, que no me gusta, ese que sostiene: "...que no se entere tu mano derecha de lo que hace la izquierda", o viceversa... no sé bien a bien cómo va. Me parece bastante falso e hipócrita: ¡cómo no se va a enterar la otra mano, de lo que hace la diversa! Pero, esto es solo mi opinión. Y ella no es sino una doxa, no una verdad absoluta.

Así que aquí he dejado un trozo de mi ser y de mi esencia, podéis aceptarlo, compartirlo o rechazarlo. Cualquiera que sea vuestra decisión, para y por mí está bien, es vuestro punto de vista; y, lo respeto. Como que lo mismo exijo y reclamo para mí... siempre y cuando, eso no os lastime ni dañe en absoluto.

Pude guardar más silencio, en varios renglones: lo sé. Pero, entonces, estaría faltando a un principio fundamental: la verdad. Aunque: ¡Amo el silencio!

 



« Olga de León G. »