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Propuesta que llevó a Matos Moctezuma a escribir su auto obituario

Publicación:12-03-2026
TEMA: #Cultura
En entrevista, Eduardo Matos cuenta que hace dos o tres meses recibió un correo de su amigo el doctor Leonardo López Luján.
CIUDAD DE MÉXICO, marzo 12 (EL UNIVERSAL).- Lo que comenzó como una propuesta inusual de su amigo, el investigador en Cambridge, Inglaterra, Norman Hammond, llevó al arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma
a descender al Mictlan y volver del inframundo para escribir su auto obituario. Esas casi dos cuartillas de semblanza en las que da cuenta de su vida y obra, será transmitida hoy como una lectura estatutaria de la Academia Mexicana de la Lengua (AML), que han titulado "Diálogos con la muerte, auto obituario de Eduardo Matos Moctezuma".
En esa disertación, el fundador del Proyecto Templo Mayor, asegura: "El privilegio de llegar al mundo de los muertos sólo le está deparado a los poetas y a los arqueólogos; los primeros, por medio de la creación, los segundos, tras la excavación, que conduce a estar frente a frente con la muerte".
En entrevista, Eduardo Matos cuenta que hace dos o tres meses recibió un correo de su amigo el doctor Leonardo López Luján, quien le dijo: "Eduardo, acabo de recibir un correo un tanto sorprendente por parte de nuestro amigo, el también investigador en Cambridge, Inglaterra, Norman Hammond en el que me pide que escriba tu obituario. Pero claro, dice Leonardo, yo le contesté, que tú estabas vivo y que me sorprendía leer esas palabras".
Ante esa propuesta que, después se enteraron era parte de un ejercicio del Times, en Londres, de contar con los obituarios de renombrados arqueólogos para publicarlos tras su muerte, Eduardo Matos Moctezuma hizo una contrapropuesta: "Yo escribo mi obituario".
"En esta lectura termino, más o menos diciendo, que Norman me había dado la oportunidad de poder bajar al Mictlan, O sea, que me mató, y poder regresar para escribir mi obituario".
Así, cuenta Matos Moctezuma, empieza su lectura precisamente recordando que él tiene, en su vida académica como arqueólogo, tres temas principales de investigación, y que, aunque no son los únicos, sí son en los que ha puesto mayor atención: el Templo Mayor, sobre el que ha publicado mucho; el de la historia de la arqueología, y el tema de la muerte en el México prehispánico, "que siempre ha sido un tema que me ha atraído, y también he publicado varias cosas sobre ese tema".
E inmediatamente después relata esta propuesta del obituario, y la contrapropuesta del auto obituario: "Escribí mi obituario, lo cual es algo muy obviamente inusual, porque el obituario por lo general lo escribe alguien después que la persona a que se va a referir pues ha muerto. Pero yo quise escribir mi obituario más o menos, ya sabes, con datos, por ejemplo, del nacimiento, mis estudios, algunos reconocimientos. En fin, un panorama breve, creo que fueron página y media, dos cuartillas o algo así".
El arqueólogo reconoce que por lo menos siete de sus libros llevan en el título la palabra muerte, "He escrito, por ejemplo, ´Muerte a filo de obsidiana. La muerte entre los mexicas´, ´Vida, pasión y muerte de Tenochtitlan´, ´El rostro de la muerte´, o sea, al grado que algunos amigos, o enemigos, me sugirieron, "Oye, es muy obsesiva la presencia de la muerte. ¿Qué no sería bueno que fueras a ver a un psicoanalista para que te aclarara el por qué es esto?".
En su texto que hoy será leído en las redes sociales de la Academia Mexicana de Lengua, Matos Moctezuma dice que sí estudia la muerte desde la perspectiva antropológica. "Yo no me planteo qué pasa tras la muerte, porque creo que sencillamente es una invención humana, el ser humano se resiste a morir, entonces crea que va a irse a donde sea, al Mictlan, al cielo, al infierno, etcétera, etcétera. O sea, se resisten a morir, Y yo creo que te mueres y tan tan".
En su texto cita los epitafios de dos autores que ha leído y que admira: Rainer Maria Rilke, el poeta checo que escribió: "Oh, rosa, pura contradicción, alegría de no ser el sueño de nadie bajo tantas pupilas", y el epitafio de del humorista español Enrique Jardel Poncela, que enterrado en Madrid y escribió, "Si queréis recibir grandes elogios, moríos".
A la pregunta de si no tuvo la tentación de que tras escribir su auto obituario, hubiera ya enfilado escrito su epitafio, Eduardo Matos Moctezuma apunta: "Simplemente hice mi obituario, pero ahora que lo dices, a lo mejor me animo hacer un epitafio que esté donde pongan mis cenizas".
En esa disertación, el fundador del Proyecto Templo Mayor, asegura: "El privilegio de llegar al mundo de los muertos sólo le está deparado a los poetas y a los arqueólogos; los primeros, por medio de la creación, los segundos, tras la excavación, que conduce a estar frente a frente con la muerte".
En entrevista, Eduardo Matos cuenta que hace dos o tres meses recibió un correo de su amigo el doctor Leonardo López Luján, quien le dijo: "Eduardo, acabo de recibir un correo un tanto sorprendente por parte de nuestro amigo, el también investigador en Cambridge, Inglaterra, Norman Hammond en el que me pide que escriba tu obituario. Pero claro, dice Leonardo, yo le contesté, que tú estabas vivo y que me sorprendía leer esas palabras".
Ante esa propuesta que, después se enteraron era parte de un ejercicio del Times, en Londres, de contar con los obituarios de renombrados arqueólogos para publicarlos tras su muerte, Eduardo Matos Moctezuma hizo una contrapropuesta: "Yo escribo mi obituario".
"En esta lectura termino, más o menos diciendo, que Norman me había dado la oportunidad de poder bajar al Mictlan, O sea, que me mató, y poder regresar para escribir mi obituario".
Así, cuenta Matos Moctezuma, empieza su lectura precisamente recordando que él tiene, en su vida académica como arqueólogo, tres temas principales de investigación, y que, aunque no son los únicos, sí son en los que ha puesto mayor atención: el Templo Mayor, sobre el que ha publicado mucho; el de la historia de la arqueología, y el tema de la muerte en el México prehispánico, "que siempre ha sido un tema que me ha atraído, y también he publicado varias cosas sobre ese tema".
E inmediatamente después relata esta propuesta del obituario, y la contrapropuesta del auto obituario: "Escribí mi obituario, lo cual es algo muy obviamente inusual, porque el obituario por lo general lo escribe alguien después que la persona a que se va a referir pues ha muerto. Pero yo quise escribir mi obituario más o menos, ya sabes, con datos, por ejemplo, del nacimiento, mis estudios, algunos reconocimientos. En fin, un panorama breve, creo que fueron página y media, dos cuartillas o algo así".
El arqueólogo reconoce que por lo menos siete de sus libros llevan en el título la palabra muerte, "He escrito, por ejemplo, ´Muerte a filo de obsidiana. La muerte entre los mexicas´, ´Vida, pasión y muerte de Tenochtitlan´, ´El rostro de la muerte´, o sea, al grado que algunos amigos, o enemigos, me sugirieron, "Oye, es muy obsesiva la presencia de la muerte. ¿Qué no sería bueno que fueras a ver a un psicoanalista para que te aclarara el por qué es esto?".
En su texto que hoy será leído en las redes sociales de la Academia Mexicana de Lengua, Matos Moctezuma dice que sí estudia la muerte desde la perspectiva antropológica. "Yo no me planteo qué pasa tras la muerte, porque creo que sencillamente es una invención humana, el ser humano se resiste a morir, entonces crea que va a irse a donde sea, al Mictlan, al cielo, al infierno, etcétera, etcétera. O sea, se resisten a morir, Y yo creo que te mueres y tan tan".
En su texto cita los epitafios de dos autores que ha leído y que admira: Rainer Maria Rilke, el poeta checo que escribió: "Oh, rosa, pura contradicción, alegría de no ser el sueño de nadie bajo tantas pupilas", y el epitafio de del humorista español Enrique Jardel Poncela, que enterrado en Madrid y escribió, "Si queréis recibir grandes elogios, moríos".
A la pregunta de si no tuvo la tentación de que tras escribir su auto obituario, hubiera ya enfilado escrito su epitafio, Eduardo Matos Moctezuma apunta: "Simplemente hice mi obituario, pero ahora que lo dices, a lo mejor me animo hacer un epitafio que esté donde pongan mis cenizas".
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