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Usa tu móvil como una cámara profesional sin gastar más

Usa tu móvil como una cámara profesional sin gastar más
Los teléfonos tienen más posibilidades fotográficas de las que probablemente utilizas.

Publicación:05-10-2026
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No basta con pulsar el botón de disparo; de hecho, la clave está en dejar de usar siempre la cámara en automático y aprovechar las opciones manuales.

Ciudad de México.- Hace tiempo que dejamos de necesitar una cámara específica para realizar buenas fotografías. De hecho, suelen ser pocos los que las llevan ya en sus viajes o eventos: el móvil se ha convertido en el dispositivo para todo que llevamos siempre encima y cuyos resultados fotográficos pueden llegar a ser muy profesionales. Pero para conseguirlos no basta con pulsar el botón de disparo; de hecho, la clave está en dejar de usar siempre la cámara en automático y aprovechar las opciones manuales que tienen ya todos los dispositivos. Estos son algunos de los ajustes y trucos que harán que consigas las mejores fotografías.

Lo primero: limpia la lente

Parece una tontería, pero es probablemente uno de los trucos más efectivos y una de las cosas que menos hacemos. Y es que el teléfono pasa buena parte del día en un bolsillo, un bolso o apoyado sobre diferentes superficies, así que la lente de la cámara acaba acumulando huellas y polvo que pueden provocar fotografías menos nítidas, reflejos o zonas con aspecto ligeramente borroso. Por eso, antes de hacer una foto importante debes limpiar las cámaras con un paño suave, preferiblemente de microfibra, sin aplicar ningún producto.

No utilices siempre el zoom digital

Cuando usas zoom pellizcando la pantalla no sabes qué cámara está utilizando realmente el teléfono. Hay que tener en cuenta que los móviles actuales suelen incorporar varias: principal, ultra gran angular, teleobjetivo... Cuando seleccionamos determinadas ampliaciones, el teléfono puede cambiar entre ellas, recurrir al recorte o al procesamiento digital sin que lo sepamos. Por eso, si quieres obtener la mejor calidad posible, es preferible utilizar los aumentos ópticos.

Y hay un truco muy sencillo que puedes hacer con cualquier móvil: antes de hacer la fotografía, prueba a moverte unos pasos hacia delante o hacia atrás. A veces el cambio de perspectiva mejora la imagen más que aumentar el zoom.

Controla la exposición

El móvil hace un trabajo extraordinario calculando automáticamente la exposición, pero hay situaciones en las que puede equivocarse con respecto a lo que queremos conseguir. Por ejemplo, si estamos fotografiando a una persona delante de una ventana, es posible que la cámara interprete que hay demasiada luz y oscurezca el rostro. También puede ocurrir lo contrario con una escena muy oscura. Esto se soluciona controlando la exposición: es preferible conservar detalle en una zona muy iluminada que acabar con un cielo completamente blanco o una ventana sin ningún detalle.

Activa la cuadrícula

Su función no es hacer mejores fotografías automáticamente, sino ayudarte a componerlas. Las líneas permiten comprobar si el horizonte está recto y facilitan colocar los elementos importantes de la imagen. Y aquí entra en juego una regla clásica de composición: la regla de los tercios. Consiste en imaginar la imagen dividida en nueve partes mediante dos líneas horizontales y dos verticales y colocar los elementos importantes cerca de sus intersecciones.

No necesitas disparar siempre a máxima resolución

Otro error bastante habitual es pensar que cuantos más megapíxeles tenga una fotografía, mejor será. Los modos de máxima resolución pueden ser útiles cuando necesitamos conservar más detalle y queremos recortar posteriormente, pero también generan archivos de mayor tamaño. Para las fotografías del día a día no siempre tiene sentido utilizar la máxima resolución disponible. Reserva esa opción para situaciones en las que realmente puedas aprovecharla.

Si tienes RAW, úsalo... pero no para todo

Algo similar ocurre con el formato RAW; uno de los recursos más interesantes si después vas a editar tus fotografías. A diferencia de un JPEG o HEIF procesado, un archivo RAW conserva mucha más información de la captura y proporciona mayor margen para modificar posteriormente parámetros como exposición, color y balance de blancos. Pero hay una pega: los archivos son mucho más grandes. Por eso, no se recomienda utilizar RAW para todas las fotografías. Para una fotografía que quieres editar con cuidado, tiene mucho sentido.

 



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