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Opinión Editorial


El día que el centurión dejó de protegernos


Publicación:28-07-2025
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Aunque el país no enfrenta una crisis inminente como la del pasado, conservar un buen historial crediticio sigue siendo crucial para evitar colapsos futuros.

Los que tienen cierta edad recordarán que sus padres vivieron en los 80 un día en el que sus tarjetas de crédito dejaron de ser aceptadas en el exterior. Sus abultadas cuentas y su patrimonio no eran respaldo suficiente; su centurión los dejó de amparar en sus viajes. Podían tener cuentas en dólares en Estados Unidos y un apellido que sólo con pronunciarlo sugiriera opulencia, pero la tarjeta emitida por su banco mexicano ya no era aceptada fuera del país. Esa experiencia no la queremos repetir; muchas generaciones quedaron marcadas por esa percepción de quiebra. Un país que pierde crédito en el exterior se tarda una generación en recuperarlo.

En 2025 estamos muy lejos de un escenario como el de los 80, pero es importante conservar nuestro historial de crédito en buena salud. No solamente hay que mantener las finanzas públicas en orden y pensar que además de política y mucha demagogia, el gobierno tiene que atender la administración pública y generar las condiciones para el crecimiento económico, dilatado ya por muchos años. Los problemas acumulados, como el de aeronáutica civil, explotan en el peor momento, como el Metro y el drenaje de la capital, que con la menor lluvia aparece desbordado. Se ve claramente que el país no ha invertido en su modernización, ni atendido sus graves problemas de fondo.

Sigue teniendo crédito externo, por la responsabilidad en el manejo de las finanzas públicas y los cambios institucionales de los 90, como la autonomía del Banco de México y el Tratado de Libre Comercio que, aun con todas las perforaciones que la política comercial de Trump le ha causado, sigue siendo uno de los pilares de la solvencia.

El gobierno continúa gastando dinero y credibilidad; apostando por un ruinoso esquema energético, desmontando instituciones que le quitan la imagen de un país en vías de modernización. Hoy somos una economía fuerte que seguirá atrayendo inversiones extranjeras porque el gobierno les asegurará su rentabilidad y que no los va a expropiar (que es el mayor riesgo que una trasnacional tiene). Las grandes compañías no se preocupan mucho por los poderes judiciales porque, como hemos visto, tienen acceso a Palacio Nacional, donde obtienen toda clase de certezas, pero el crédito del país se reduce porque nos vamos pareciendo más a países del tercer mundo que a nuestros socios de la OCDE.

El gobierno siente que su historial crediticio le permite, en efecto, no dar explicaciones sobre el huachicol y seguir girando cheques a la cuenta del pasado, como si a estas alturas los niveles de violencia y criminalidad que tenemos pudiesen explicarse por lo que ocurrió hace 20 años. El tiempo pasa y la tarjeta de crédito gubernamental sigue teniendo crédito interno y externo, pero claramente se percibe que el país vive de una ventaja relativa: que otros países están peor que nosotros en América Latina y mantenemos acceso al mercado norteamericano. Esos factores siguen ahí, pero no hemos hecho mucho para hacer de México un país más creíble en el exterior.

Insisto, no creo que estemos cerca de una crisis como la de los 80, pero para un gobierno que todavía está en pañales, no es alentador que su inicio parezca más atardecer que alborada. El historial crediticio se pierde gradualmente por la falta de imperio de la ley y soluciones de fondo a los problemas nacionales. Como en toda cuenta bancaria, es preceptivo ingresar credibilidad y resultados para seguir usando la tarjeta. Hoy el gobierno tiene mucho crédito interno, menos en el exterior, pero en cualquier caso bien haríamos en cuidarlo si no queremos volver a las andadas.

Analista. @leonardocurzio



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