Opinión Editorial


El inexistente equilibrio


Publicación:29-07-2026
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Cuando finalmente se jubilan, cuando finalmente tienen tiempo descubren que no saben que hacer.

"No hay progreso. Lo que se gana de un lado, se pierde del otro.  Como no sabemos lo que perdimos, creemos que ganamos" 

Jacques Lacan

Muchas personas viven persiguiendo en su día a día el equilibrio. La idea de contar con todas y cada una de las áreas y facetas de sus vidas bien desarrolladas. Que la salud se alinee con un progreso financiero, que los proyectos y objetivos, así como el amor, florezcan y que lo hagan en abundancia, que se pueda vivir una vida tranquila, estable y un largo etcétera. La idea es por demás encantadora, lo mismo que ingenua por muchas razones. 

Hay quienes todavía creen que todo eso del equilibrio, la paz y la tranquilidad se consigue al final de la vida laboral en la jubilación, de la cual hay pequeñas probadas que son los fines de semana o los días de asueto, cuando se tiene la oportunidad de descansar. Y cuando finalmente se jubilan, cuando finalmente tienen tiempo descubren que no saben que hacer.

Tomemos el equilibro que hacen literalmente los equilibristas que caminan en un tenso cable que se eleva por los aires sujetado de ambos extremos. Es un movimiento que se produce gracias a la tensión interna de músculos y tendones, al trabajo que implica encontrar un punto firme en un medio inestable (la cuerda) pero que a la vez es dinámico, porque se tiene que ir avanzando, lo mismo que una bicicleta que solo encuentra el equilibro en movimiento y nunca en lo estático, se intenta colocar lo mismo de un lado que del otro y como esto no se consigue del todo conforme se avanza se va compensando con el balance del tronco, piernas y brazos hasta que finalmente llega —o no—a su destino del otro lado. En todo momento busca no caer —o morir—en el intento.

La noción de equilibrar la vida es una noción genérica más en relación con un modelo genérico del deber ser, de la calidad de vida estereotipada que se operacionaliza y se aplica a toda persona. Dicha noción siempre es progresiva, acumulativa y generadora de culpa. Precisamente porque la persona nunca llega a la meta que se le impone. Por el contrario, una vida cualificada siempre ofrece la ocasión de que cada persona coloque su estilo y toque singular, su inexistente punto de equilibrio (inexistente como completitud, como ya lo hemos visto) pero que ofrece la posibilidad de ser creativos en lo que respecta a una vida con un significado singular. En este punto, más que buscar tenerlo o abarcarlo todo (FOMO, Fear of missing out: miedo a quedar fuera o a perderse de algo, a no conseguir) se elige qué cosas, situaciones o personas ir dejando, por lo tanto destaca más las decisiones singulares de qué si y qué no, estableciendo una propia combinatoria, en lugar de que impere una lógica de cumplir con un deber implacable desde afuera, que siempre termina por desgatar y paradójicamente por desequilibrar aún más.



« Camilo E. Ramírez Garza »