Opinión Columna


El poder absoluto corrompe absolutamente


Publicación:02-11-2026
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Hace años participé en una investigación dentro de una empresa dedicada a fabricar válvulas de acero para la industria petrolera. Tiempo atrás habían descubierto que su director administrativo estaba robando.

Su brazo derecho detectó las irregularidades y decidió denunciarlas ante los propietarios. Revisaron las operaciones, confirmaron el fraude y despidieron al responsable.

El empleado que había descubierto el robo se convirtió en el candidato natural para sustituirlo. Conocía bien la operación, los procedimientos y había demostrado su honestidad al denunciar a su jefe. Los propietarios lo nombraron director administrativo.

No tardó ni un par de meses para comenzar a robar utilizando exactamente los mismos mecanismos que su antecesor.

Había aprendido dónde estaban las debilidades y qué controles podían evadirse. Con el tiempo comenzó a comprar coches que puso a trabajar como Uber. Después abrió una óptica. Siempre tenía una explicación para justificar su creciente patrimonio.

Finalmente, la empresa descubrió que este sujeto también estaba robando.

Los propietarios habían cambiado al responsable, pero dejaron intacta la estructura que permitió el primer fraude. La investigación les había mostrado exactamente dónde estaban sus vulnerabilidades, pero no hicieron nada para corregirlas.

Me acordé de esta historia cuando Guadalupe Taddei presentó su renuncia a la presidencia del INE, en medio de señalamientos por irregularidades en contrataciones, conflictos de interés y relaciones con proveedores.

Su salida puede representar el final de una gestión, pero de ninguna manera significa que el problema esté resuelto.

En octubre de 2024, Morena aprovechó las modificaciones a la legislación electoral, relacionadas con la reforma judicial, para otorgar facultades extraordinarias a la presidencia del INE.

Antes, los nombramientos de directores ejecutivos y titulares de unidades técnicas requerían la aprobación de una mayoría calificada del Consejo General. Con la reforma, esa facultad quedó concentrada en una sola persona: la presidenta del Instituto.

La modificación no fue un asunto menor. El propio INE consideró que debilitaba el funcionamiento colegiado de la institución y reducía los contrapesos internos.

Morena decidió fortalecer a quien ocupaba la presidencia, en lugar de fortalecer a la institución. Hoy Taddei se ha ido, pero las facultades extraordinarias que le otorgaron permanecen.

No puedo afirmar que la concentración de facultades haya provocado las irregularidades denunciadas. Sin embargo, sí puedo cuestionar una decisión política que debilitó contrapesos y concentró atribuciones en una sola persona.

La renuncia de Taddei, la designación de una nueva presidencia y las investigaciones sobre las contrataciones cuestionadas son pasos importantes, pero insuficientes si no se revisa la estructura que permitió concentrar tantas facultades.

Sería el colmo que, después de semejante escándalo, todo se redujera a nombrar a otra persona para ejercer exactamente el mismo poder.

Morena, con el apoyo del PT y del Partido Verde, aprobó las modificaciones que concentraron facultades en la presidencia del INE. Ahora tiene la responsabilidad política de corregir lo que nunca debió modificar.

Las instituciones no se fortalecen sustituyendo personas mientras se conservan los mecanismos que permiten abusar del poder.

Lord Acton (1824-1902) advirtió hace más de un siglo que el poder tiende a corromper y que el poder absoluto corrompe absolutamente. 

Su reflexión sigue vigente porque el problema nunca ha sido únicamente la calidad moral de quienes gobiernan, sino la existencia de límites efectivos a su autoridad.

Hoy el INE tiene la oportunidad de aprender de su propia crisis. Pero para hacerlo necesita algo más que una nueva presidencia: necesita recuperar los contrapesos que nunca debieron debilitarse.

Porque cuando el problema está en la estructura, cambiar a quien la encabeza no garantiza absolutamente nada.

El problema del poder sin contrapesos no termina cuando se va quien lo ejercía. Termina cuando se le ponen límites al poder.




« Carlos Seoane »