Opinión Columna


El poder de actuar sin permiso


Publicación:29-09-2026
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Mientras la Inteligencia Artificial está dejando de pedir permiso a los humanos para actuar, México quiere llevar la soberanía hasta este terreno y contar con una propia. Así es que mientras se prepara una discusión nacional para regularla, el gobierno ya echó a andar una fábrica de Inteligencia Artificial para desarrollar soluciones para el SAT, aduanas y atención ciudadana.

Pero lo interesante aquí es que si la Inteligencia Artificial se comporta como lo está haciendo en los casos que están encendiendo las alarmas en el resto del mundo, y tampoco pide permiso en México, la vulnerabilidad digital del país podría multiplicarse.

De hecho, la firma mexicana de seguridad SILKIN, estima más de 40,000 millones de intentos de intrusión contra el país durante el primer semestre de este año. La cifra no sólo retrata el tamaño de la superficie que habrá que defender, sino también el punto de partida de lo que podría multiplicarse si las cosas salen fuera de control.

Anthropic publicó en este mes su informe Detecting and countering misuse of AI. Ahí dice literalmente que el papel de la IA en operaciones cibernéticas se ha vuelto "cada vez más autónomo" y que, en la mayoría de los casos descritos, la IA participó mediante "ejecución directa o acompañamiento". 

También documenta sistemas multiagente ejecutando reconocimiento, explotación y exfiltración de datos. Lo que quiere decir que los humanos todavía elegían objetivos y revisaban resultados importantes. Pero ya no necesitaban ejecutar personalmente cada paso. Ahí está el verdadero cambio, y no es un tema menor.

Porque la Inteligencia Artificial, está comenzando a comprimir los pasos en la cadena de mando del poder, que habían permanecido intactos desde hace siglos. Ejemplo de esto puede ser el uso de los misiles en los ejércitos, ya que a pesar de que puedan aparecer en el inventario, alguien tiene que ordenar lanzarlos. Hoy esa manera de funcionar podría desaparecer, y la tradicional triada compuesta por "objetivo, decisión, y acción", podría ser reducida a sólo dos pasos: "objetivo y acción".

Por eso la cena del domingo entre Donald Trump y Dario Amodei, fundador de Anthropic, es mucho más interesante que un acercamiento entre Silicon Valley y la Casa Blanca. Amodei ha defendido avanzar más lento e imponer mayores controles sobre los modelos más avanzados. Mientras que Trump se rehúsa a frenar por temor a perder la carrera contra China. Ahí aparece la trampa geopolítica y esto nos lleva de regreso a México.

Porque tener soberanía no significa colocar una bandera mexicana sobre un algoritmo. Significa controlar infraestructura, cómputo, datos, identidades, accesos y las reglas que determinan qué puede hacer una máquina sin volver a preguntarnos.

México está llegando a esa discusión mientras todavía construye sus capacidades digitales y sus reglas, y lo interesante aquí es que tal vez la próxima frontera de la soberanía no consista únicamente en controlar un territorio, sino en conservar el poder de decirle a una máquina hasta dónde puede llegar.





« Stephanie Henaro »