Opinión Editorial
La apatía nos hace cómplices
Publicación:17-03-2025
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Hablemos, actuemos y abordemos un tema que no nos gusta: las y los desaparecidos.
Hablemos, actuemos y abordemos un tema que no nos gusta: las y los desaparecidos. A raíz de que se propagara el descubrimiento, por parte del colectivo Guerreros Buscadores, de un rancho de Teuchitlán, Jalisco, se ha generado muchísimo movimiento en las redes sociales, la opinión pública y hasta en las esferas de las autoridades locales y federales. El sábado pasado (15 de marzo), las madres buscadoras, las familias buscadoras como ellas mismas se nombraron, se hicieron presentes en el Zócalo, en el corazón de México, en donde llevaron a cabo distintas manifestaciones.
En una muestra clara de la "Iglesia en salida" (expresión del Papa Francisco), el obispo Javier Acero ofició, en la Catedral Metropolitana, una misa por las madres y familias buscadoras. Al frente se veían las fotos de los familiares desparecidos y en primera fila las mamás, papás, hijos, familiares y amigos de los ausentes. Un acto hermoso de solidaridad en el dolor compartido.
Posteriormente, organizaron en la Plaza de la Constitución un momento ecuménico (interreligioso) en el que participaron distintos colectivos de madres y familias buscadoras. Congregaciones religiosas, como jesuitas y agustinos, participaron en la oración ecuménica "abrazando la exigencia de paz y dignidad para todas las familias que buscan a sus seres queridos" y convocaron a convertir la indignación en acción por la paz.
Una de las madres buscadoras dirigió sus palabras a la propia presidenta: "Es importante que recuerde ...que no nos mueve un proyecto político, ni favorable ni contrario, al suyo, porque usted entenderá que quienes padecemos esta angustia vivimos pendientes en la esperanza de encontrar a nuestros desaparecidos".
Un poco más entrada la noche, algunas personas reclamaron una respuesta en las puertas de Palacio Nacional. Sí hubo una respuesta, pero muy distinta de la que todos esperaban: a esa hora las autoridades presentaron una "obra de teatro" en el zócalo. Todo ello sólo puso en evidencia la falta de respeto, de solidaridad y de elemental empatía ante una realidad que nos escandaliza a todos los mexicanos.
Retomo una de las preguntas que se hacía el Obispo durante la citada homilía: "... ¿Qué nos pasa hermanas, hermanos? El horror no nos puede paralizar, el amor nos pone en marcha." Estoy convencida de que cada uno debe reconocer y luchar desde su trinchera. Los legisladores deberíamos movernos en el Congreso para hacer "algo". Propongo una comisión especial para trabajar en este tema y revisar los cambios legislativos que tenemos qué hacer. Seguramente, para nuestra desgracia, aparecerán otros casos como Teuchitlán, verdaderos campos no de adiestramiento sino de exterminio. Aunque nos duela, porque nos debe doler, tenemos que hablar de ello y actuar en consecuencia. Si sólo nos duele, pero no nos mueve, entonces la apatía nos hace cómplices.
@MZavalagc
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