Opinión Columna
La vía que pocos conocen para cambiar México desde la ciudadanía
Publicación:07-11-2026
TEMA: #Mexico
No tenemos que esperar a que el gobierno se apiade de nosotros para que una escuela tenga baños o un hospital entregue un tratamiento. En México existe una vía innovadora para obligar a las autoridades a cumplir: llevar las violaciones de derechos ante un juez. Es una forma de cambiar las cosas desde la ciudadanía que ya está dando resultados, incluso cuando los gobernantes no quieren hacerlo y puede ayudarnos a recuperar la confianza en nuestra capacidad de cambiar México.
De esto conversé con el abogado José Mario de la Garza en mi podcast En Blanco y Negro. La charla completa está en youtu.be/WBivM1cPIb8. Su trabajo muestra una posibilidad que muchos desconocemos: dejar de pedir favores y comenzar a exigir lo que nos corresponde.
José Mario lo llama litigio estratégico: tomar un problema de una comunidad, demostrar ante un tribunal que la autoridad incumple una obligación y solicitar que un juez ordene corregirlo. Una cosa es que el derecho a la educación o a la salud esté escrito en la Constitución; otra es que se respete todos los días.
Pensemos en una escuela con baños inservibles y salones abandonados. Durante años los padres piden ayuda y reciben la misma respuesta: no hay presupuesto. El equipo de De la Garza cambió de camino. Los alumnos, representados por sus padres, promovieron amparos ante jueces federales para exigir instalaciones dignas.
Según explicó, en algunos casos consiguieron cambios en apenas tres o cuatro días, sin tener que esperar el final del juicio. Y ocurrieron milagros: donde antes no había recursos, aparecieron trabajadores, materiales y reparaciones. No porque el funcionario se volviera generoso, sino porque tenía enfrente una orden judicial.
Ésa es la diferencia entre pedir y exigir. Una petición puede quedar olvidada en un escritorio; una resolución judicial debe cumplirse. De la Garza recuerda que desobedecerla puede acarrear sanciones, incluso penales, según el caso. El amparo no garantiza ganar, pero sí ofrece una vía para hacer valer los derechos.
Es mucho más que promover un amparo. Detrás de un número de expediente hay historias de niños que merecían ser escuchadas. Contarlas adecuadamente movió a los jueces que debían decidir sobre su reclamación de derechos.
Hubo resistencias. El abogado relató que inspectores de la SEP amenazaron a madres que habían firmado los amparos: sus hijos no serían reinscritos si no retiraban la demanda. La lección es clara: reclamar derechos exige más que entregar papeles. Hace falta asesoría y acompañamiento cuando las familias enfrentan presiones.
El aprendizaje más profundo llegó cuando una madre dijo a José Mario que al fin había sentido algo diferente: "La escuela es nuestra". No pertenece al inspector ni al gobernante de turno. Es un espacio de la comunidad. Lo mismo ocurre con las calles y los parques. Tenemos derecho a cuidarlos, ocuparlos y exigir que las autoridades cumplan con sus responsabilidades.
El método también llegó a la salud. José Mario contó que el IMSS negaba implantes cocleares a algunos niños con sordera porque la operación no aparecía en su catálogo. Mediante amparos, su equipo había logrado 30 casos favorables. Familias que pudieron exigir atención en lugar de resignarse.
También defienden a personas encarceladas que, según explicó, no contaban con una defensa adecuada. Dijo que habían conseguido 90 liberaciones en el año. Y mediante la fundación Perteneces impulsan la venta de cajas hechas por personas privadas de la libertad y decoradas por niños con síndrome de Down, para apoyar su labor social.
Hay otra barrera: la resignación. En la conversación hablamos de la "indefensión aprendida". Después de pedir, insistir y recibir negativas de las autoridades durante años, muchos llegan a creer que intentar algo es inútil, que México no va a cambiar. En algunas comunidades, varias generaciones habían estudiado en escuelas deterioradas. Ya se había normalizado.
Por eso una escuela reparada puede cambiar mucho más que sus paredes. Cuando un niño ve que mejoró porque su familia exigió un derecho, aprende que su voz cuenta. Cuando otra comunidad conoce el caso, encuentra una ruta. De la Garza comparte sus modelos de amparo con otros abogados para que puedan adaptar y multiplicar los resultados.
¿Qué puedo hacer como ciudadano común? Empezar por una causa cercana: la escuela de mis hijos, un parque abandonado, la falta de atención médica. Hablar con los vecinos, reunir pruebas, buscar asesoría y sostener el esfuerzo. No todo problema se resuelve con un amparo, pero tampoco hace falta esperar una gran reforma para actuar.
México tiene problemas enormes, pero no estamos condenados a contemplarlos con los brazos cruzados. Necesitamos volver a abrazar las causas y recuperar la confianza en la capacidad de la ciudadanía concentrándose en lo que sí da resultados. El país no cambiará únicamente cuando sus gobernantes decidan hacer lo correcto. También cambiará cuando los ciudadanos dejemos de pedirles favores y les exijamos que hagan su trabajo. Los mexicanos merecemos más y podemos alcan
« Enrique de la Madrid »




