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Lula, Bolsonaro y el avance de la derecha

Publicación:25-10-2026
TEMA: #Internacional
Flávio Bolsonaro ganó la primera vuelta con 47% de los votos frente Luiz Inácio Lula da Silva, que sumó 45%.
CIUDAD DE MÉXICO.- Tras los resultados de las elecciones en Brasil
el 4 de octubre, donde Flávio Bolsonaro ganó la primera vuelta con 47% de los votos frente al presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que sumó 45%, y donde el Congreso Nacional quedó en manos de la derecha, los bolsonaristas celebran como si ya fuera suya la presidencia. Sin embargo, no todo está definido.
La sociedad brasileña no sólo es diversa, con sus 214 millones de habitantes 148 millones de ellos habilitados para votar, sino compleja y cambiante. Por ejemplo, en Porto Alegre, capital del estado de Río Grande del Sur, donde nació el modelo del presupuesto participativo a finales de los años 80, que tuvo reconocimiento nacional e internacional y que impulsó el Partido de los Trabajadores del hoy presidente y candidato Lula da Silva, las elecciones municipales han sido ganadas por fuerzas conservadoras en los últimos 20 años. Aun así, hace tres semanas, en la primera vuelta, hubo un cambio importante: Lula obtuvo la mayoría de los votos en esa ciudad.
Tras la derrota del 4 de octubre, la izquierda brasileña ha retomado las movilizaciones populares y movimientos sociales, sindicatos y organizaciones de jóvenes han vuelto a las calles en apoyo a Lula, quien ha tomado medidas como promulgar una ley de apoyo a microempresarios que incluye condonarles deuda, o la reducción de la jornada laboral; si eso será suficiente para darle al presidente su cuarto mandato, se sabrá el domingo.
Una encuesta de Datafolha divulgada el jueves coloca a Bolsonaro y Lula empatados en intención de votos: 47% para el líder de derecha y 46% para el mandatario, lo que supone una recuperación de este último, luego de que, en los primeros días tras la primera vuelta, aparecía abajo. Otro sondeo, de la firma Quaest, también mostró una tendencia de acercamiento entre ambos candidatos, con 45% para Bolsonaro, contra 44% para Lula.
Independientemente de los resultados, esta elección y otras recientes de América Latina han dejado en el ambiente preguntas como: ¿Por qué la ultraderecha ha logrado imponerse? ¿Qué pasó con la izquierda, tras la marea rosa de los dosmiles y la vuelta al poder alcanzada en varios países después de 2020?
La izquierda que se quedó atrás
América Latina no es un espacio políticamente homogéneo, reconoce desde Porto Alegre Alfredo Gugliano, doctor en Ciencias Políticas y Sociología, e investigador de la Universidad Federal de Río Grande del Sur, pero "mientras la ultraderecha ha conseguido movilizar a sectores sociales en las calles y construir una presencia significativa en las redes sociales", los sectores progresistas de Brasil y otros países de América Latina "están teniendo dificultades para adaptarse a las transformaciones más recientes de las sociedades capitalistas".
A decir del doctor Gugliano, "algunos sectores de la izquierda siguen haciendo política como si vivieran hace casi seis décadas".
Un ejemplo que cita es el uso de las redes sociales, cuya importancia política tardaron en comprender algunas organizaciones, así como las transformaciones en la representación de la clase trabajadora, o la ausencia de los temas de seguridad en la campaña, que es una demanda que ha tomado la derecha y que la izquierda comienza a atender.
"Creo que la ultraderecha ha realizado una lectura más precisa de algunas de estas transformaciones, especialmente a través de lo que denomina ´guerra cultural´, aunque el uso político contemporáneo de esa expresión dista del uso tradicional en los debates sobre la hegemonía cultural, particularmente con Antonio Gramsci".
Como otros analistas políticos, Gugliano se sorprendió con los resultados de la primera vuelta, pero más le sorprendió un fenómeno que no fue plenamente visible: el del crecimiento del bolsonarismo como fuerza política organizada en torno al Partido Liberal (PL), y su capacidad para atraer votos de otros partidos de derecha más liberales. Ahí es donde encuentra "una importante reconfiguración del campo de la derecha brasileña".
Pese a ello, Gugliano no descarta una victoria de Lula da Silva ni es pesimista sobre el futuro que tendría con un Congreso Nacional dominado por la derecha. Al respecto dice: "Que el partido gobernante cuente con una mayoría propia en el Poder Legislativo no es la norma en las democracias occidentales. Por el contrario, en muchos países los gobiernos necesitan negociar con otras fuerzas políticas para conseguir que se aprueben sus proyectos. Esto también ha ocurrido durante el actual mandato de Lula, que logró aprobar buena parte de sus iniciativas en el Congreso mismo sin poseer apoyo de la mayoría de los parlamentarios".
Ejemplo de lo anterior es la aprobación en el Congreso de la reducción de la jornada laboral y del fin de la escala de trabajo de seis días por uno de descanso, conocida en Brasil como escala 6x1. "Su aprobación constituye una victoria política para el gobierno, además de situar los derechos laborales en el centro del debate electoral".
Consecuencias ambientales
A la pregunta de qué traería un segundo gobierno de los Bolsonaro, el profesor Alfredo Gugliano responde que el impacto de la agenda neoconservadora de la ultraderecha podría traer consecuencias no sólo para el país sino para el resto del mundo, cuyos efectos a largo plazo pueden ser difíciles de anticipar y revertir. Cita, entre otras, las consecuencias ambientales, sociales y de autonomía.
"Una expansión de la explotación económica de la Amazonia podría tener consecuencias importantes. En un contexto de creciente frecuencia e intensidad de los desastres ambientales a escala global, una mayor presión sobre la región podría producir efectos que van mucho más allá de sus fronteras. La degradación del patrimonio ambiental amazónico no afectaría únicamente a Brasil ni a los países vecinos, sino que tendría repercusiones internacionales.
"En el ámbito económico y social, una política de austeridad basada en la reducción de la inversión pública y el debilitamiento de la capacidad del Estado tendría consecuencias para las políticas sociales, especialmente para los servicios destinados a los sectores más pobres de la población.
"En el ámbito de las relaciones internacionales, habría que considerar un posible alineamiento más estrecho con las políticas de Estados Unidos y sus consecuencias para América Latina. Esto podría reforzar una vinculación del desarrollo económico regional a los intereses estratégicos y económicos estadounidenses, condicionando los márgenes de autonomía de los países latinoamericanos para definir sus propias estrategias de desarrollo", concluye.
La sociedad brasileña no sólo es diversa, con sus 214 millones de habitantes 148 millones de ellos habilitados para votar, sino compleja y cambiante. Por ejemplo, en Porto Alegre, capital del estado de Río Grande del Sur, donde nació el modelo del presupuesto participativo a finales de los años 80, que tuvo reconocimiento nacional e internacional y que impulsó el Partido de los Trabajadores del hoy presidente y candidato Lula da Silva, las elecciones municipales han sido ganadas por fuerzas conservadoras en los últimos 20 años. Aun así, hace tres semanas, en la primera vuelta, hubo un cambio importante: Lula obtuvo la mayoría de los votos en esa ciudad.
Tras la derrota del 4 de octubre, la izquierda brasileña ha retomado las movilizaciones populares y movimientos sociales, sindicatos y organizaciones de jóvenes han vuelto a las calles en apoyo a Lula, quien ha tomado medidas como promulgar una ley de apoyo a microempresarios que incluye condonarles deuda, o la reducción de la jornada laboral; si eso será suficiente para darle al presidente su cuarto mandato, se sabrá el domingo.
Una encuesta de Datafolha divulgada el jueves coloca a Bolsonaro y Lula empatados en intención de votos: 47% para el líder de derecha y 46% para el mandatario, lo que supone una recuperación de este último, luego de que, en los primeros días tras la primera vuelta, aparecía abajo. Otro sondeo, de la firma Quaest, también mostró una tendencia de acercamiento entre ambos candidatos, con 45% para Bolsonaro, contra 44% para Lula.
Independientemente de los resultados, esta elección y otras recientes de América Latina han dejado en el ambiente preguntas como: ¿Por qué la ultraderecha ha logrado imponerse? ¿Qué pasó con la izquierda, tras la marea rosa de los dosmiles y la vuelta al poder alcanzada en varios países después de 2020?
La izquierda que se quedó atrás
América Latina no es un espacio políticamente homogéneo, reconoce desde Porto Alegre Alfredo Gugliano, doctor en Ciencias Políticas y Sociología, e investigador de la Universidad Federal de Río Grande del Sur, pero "mientras la ultraderecha ha conseguido movilizar a sectores sociales en las calles y construir una presencia significativa en las redes sociales", los sectores progresistas de Brasil y otros países de América Latina "están teniendo dificultades para adaptarse a las transformaciones más recientes de las sociedades capitalistas".
A decir del doctor Gugliano, "algunos sectores de la izquierda siguen haciendo política como si vivieran hace casi seis décadas".
Un ejemplo que cita es el uso de las redes sociales, cuya importancia política tardaron en comprender algunas organizaciones, así como las transformaciones en la representación de la clase trabajadora, o la ausencia de los temas de seguridad en la campaña, que es una demanda que ha tomado la derecha y que la izquierda comienza a atender.
"Creo que la ultraderecha ha realizado una lectura más precisa de algunas de estas transformaciones, especialmente a través de lo que denomina ´guerra cultural´, aunque el uso político contemporáneo de esa expresión dista del uso tradicional en los debates sobre la hegemonía cultural, particularmente con Antonio Gramsci".
Como otros analistas políticos, Gugliano se sorprendió con los resultados de la primera vuelta, pero más le sorprendió un fenómeno que no fue plenamente visible: el del crecimiento del bolsonarismo como fuerza política organizada en torno al Partido Liberal (PL), y su capacidad para atraer votos de otros partidos de derecha más liberales. Ahí es donde encuentra "una importante reconfiguración del campo de la derecha brasileña".
Pese a ello, Gugliano no descarta una victoria de Lula da Silva ni es pesimista sobre el futuro que tendría con un Congreso Nacional dominado por la derecha. Al respecto dice: "Que el partido gobernante cuente con una mayoría propia en el Poder Legislativo no es la norma en las democracias occidentales. Por el contrario, en muchos países los gobiernos necesitan negociar con otras fuerzas políticas para conseguir que se aprueben sus proyectos. Esto también ha ocurrido durante el actual mandato de Lula, que logró aprobar buena parte de sus iniciativas en el Congreso mismo sin poseer apoyo de la mayoría de los parlamentarios".
Ejemplo de lo anterior es la aprobación en el Congreso de la reducción de la jornada laboral y del fin de la escala de trabajo de seis días por uno de descanso, conocida en Brasil como escala 6x1. "Su aprobación constituye una victoria política para el gobierno, además de situar los derechos laborales en el centro del debate electoral".
Consecuencias ambientales
A la pregunta de qué traería un segundo gobierno de los Bolsonaro, el profesor Alfredo Gugliano responde que el impacto de la agenda neoconservadora de la ultraderecha podría traer consecuencias no sólo para el país sino para el resto del mundo, cuyos efectos a largo plazo pueden ser difíciles de anticipar y revertir. Cita, entre otras, las consecuencias ambientales, sociales y de autonomía.
"Una expansión de la explotación económica de la Amazonia podría tener consecuencias importantes. En un contexto de creciente frecuencia e intensidad de los desastres ambientales a escala global, una mayor presión sobre la región podría producir efectos que van mucho más allá de sus fronteras. La degradación del patrimonio ambiental amazónico no afectaría únicamente a Brasil ni a los países vecinos, sino que tendría repercusiones internacionales.
"En el ámbito económico y social, una política de austeridad basada en la reducción de la inversión pública y el debilitamiento de la capacidad del Estado tendría consecuencias para las políticas sociales, especialmente para los servicios destinados a los sectores más pobres de la población.
"En el ámbito de las relaciones internacionales, habría que considerar un posible alineamiento más estrecho con las políticas de Estados Unidos y sus consecuencias para América Latina. Esto podría reforzar una vinculación del desarrollo económico regional a los intereses estratégicos y económicos estadounidenses, condicionando los márgenes de autonomía de los países latinoamericanos para definir sus propias estrategias de desarrollo", concluye.
« El Universal »
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