Opinión Editorial
El magisterio mexicano: entre las aulas y la calle
Publicación:21-05-2026
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infraestructura académica y las dinámicas del poder sindical. Ese es el entorno del magisterio mexicano.
Al docente se le encomienda formar para el trabajo y para la vida, y es una referencia crucial en la adopción de valores culturales. No obstante, el prestigio de esta profesión en México sigue atrapado en una red de desigualdades estructurales y disputas políticas. Y para quienes lo ejercen con verdadero compromiso y vocación, que son muchos, esta situación es injusta.
Con más de 2.1 millones de maestros, con datos del INEGI en 2024, el sistema educativo mexicano es uno de los más grandes de América Latina. El 57 por ciento se desempeña en educación básica, 20 por ciento en media superior y 23 por ciento en superior y formación normalista. Por tipo de sostenimiento, el 84 por ciento de la plantilla pertenece al sector público; el resto opera en el ámbito privado, con mayor presencia en media superior y superior.
Este aparato opera en más de 250 mil planteles. Muchos están en comunidades rurales, indígenas o marginadas donde la escuela es la única presencia institucional del Estado. Ahí, aproximadamente el 30 por ciento de las escuelas públicas de educación básica, según Mejoredu 2022, carece de infraestructura adecuada o presenta deficiencias graves en servicios elementales. Aulas deterioradas, falta de agua potable, electricidad intermitente y ausencia de conectividad obligan al maestro a improvisar materiales y asumir roles que exceden por mucho la labor de enseñar.
A esta adversidad física se suma el debate sobre los ingresos. Los salarios de los docentes mexicanos siguen por debajo del promedio de la OCDE. Con base en tabuladores federales recientes, el salario base de un maestro de educación básica de tiempo completo, plaza inicial, ronda los 17 mil pesos mensuales netos. La cifra varía por antigüedad y entidad. En media superior y superior prevalecen contratos semestrales y pagos por hora-clase que precarizan la práctica académica.
Esta estrechez ayuda a explicar, sin justificar, por qué el magisterio ha hecho de la calle su otra aula. El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), el más grande de la región, y su corriente disidente, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), han convertido históricamente las movilizaciones en su principal herramienta de presión política. Marchas, plantones y suspensión de clases funcionan como moneda de cambio para obligar al gobierno a negociar. Se calcula que desde el 2018 esas negociaciones han logrado incrementos acumulados superiores al 40 por ciento en educación básica.
A su vez, operadores políticos conscientes del peso electoral del magisterio —más de 2 millones de votantes directos y su entorno familiar— han cedido a estas presiones. En la práctica, el intercambio ofrece mejoras parciales a cambio de movilización o de silencio en coyunturas clave. Con ello, el problema se incrementa: además de la precariedad en las aulas, el magisterio enfrenta liderazgos cuya vocación ya no es la docencia, sino la gestión de cuotas de poder.
La proximidad de la Copa Mundial de la FIFA 2026, con su atención mediática global, ha reactivado convocatorias a movilizaciones y amenazas de paro nacional. La posibilidad de protestas durante el torneo vuelve a colocar el conflicto magisterial en el centro de la agenda pública, por el impacto político que proyectaría ante el mundo.
Si las generalizaciones son injustas, también lo es que el programa escolar quede rehén de disputas donde el docente, y sobre todo el alumno, pierde. México no consolidará la educación como herramienta de justicia social y movilidad mientras mantenga un magisterio asfixiado por la precariedad o reducido a pieza de negociación política. Tampoco es admisible utilizar las aulas con fines ideológicos ni pretender que el profesor opere como extensión de principios partidistas.
El día en que los objetivos educativos se alineen con el bienestar real del docente y del alumno, la carrera magisterial recuperará el prestigio que merece.
A quienes sostienen el aula pese a sus líderes y pese al Estado: nuestro reconocimiento.
Leticia Treviño es académica con especialidad en educación, comunicación y temas sociales, leticiatrevino3@gmail.com
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