Opinión Editorial


El poder de la lectura y escritura


Publicación:12-05-2026
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Leer implica exponerse al encuentro de un autor y sus ideas

Cuando aprendas a leer serás libre para siempre

Frederick Douglass 


Leer y escribir son verdaderos poderes que evidencian, cada una a su manera, lo limitado de permanecer únicamente en el pensamiento —pensando y pensando es como la gente se petrifica, envejece, comienza a morir— así como la potencialidad expansiva que puede tener el horizonte de vida de quien suele visitar la lectura y la escritura.

¿Qué implica leer? Leer implica exponerse al encuentro de un autor y sus ideas, estableciendo un diálogo que puede tomar diferentes rumbos y efectos, según sea el caso; dejarse llevar por las sendas narrativas de quien ha trabajado en escribir sus mundos e historias.

La lectura de ciertos libros puede ser, como lo ha planteado Massimo Reclacati, un verdadero encuentro que divide la vida del lector en una antes y un después, dejando su marca inolvidable en nosotros, quien lee no es la misma persona después de la lectura, la lectura transforma vidas; con la lectura se viaja y conversa con diferentes personas, ideas y épocas, se amplía el léxico y la reflexión para poder retornar a pensar con nuevos ojos lo propio que se creía absoluto, algo ya conocido, encarar de otra manera la vida. En ese sentido, la lectura pone en jaque a cualquier forma de pensamiento cerrado y dogmático, ya que el libro y su lectura también pueden asemejar a un mar: ser un medio diverso y cambiante como lo es el océano, que nos revela en cada pliegue, en cada ola, algo siempre nuevo y sorprendente, un horizonte nuevo en cada texto.

Por su parte, la escritura, sobre todo cuando se ejerce de manera libre sin trabas ni censuras, permite que alguien pueda darse cuenta de la capacidad que tiene en sus manos para crear y recrear mundos ilimitados. En ese sentido la escritura permite ver y, sobre todo, mantener una mirada renovada sobre las cosas y la realidad que las relaciona, ofreciendo la posibilidad darle forma al pensamiento, dirigir la acción.

Fue el lenguaje, la escritura y lectura, lo que permitió a los humanos avanzar en la historia: ¡que hermoso objeto es el libro! El libro, como la vida, está hecha para la apertura, no para cerrarse en sí misma, sino para ir al encuentro del otro, lo diferente. Diferencia que precisamente nos conduce por un viaje sorprendente más allá de los limites del ego y del narcisismo (¡Y del narcinismo!) a espacios y contextos múltiples y diversos donde el ser humano se reconoce interdependiente y no amo y señor de los demás y la creación.




« Camilo E. Ramírez Garza »