Opinión Editorial
No hay crisis de Estado
Publicación:26-08-2026
++--
Resulta imposible desenmarañar el enredo de Rocha Moya en Sinaloa, que sigue su curso, ahora con una nueva gobernadora, dizque rochista. Abundan las incógnitas, los enigmas, los misterios, y, sobre todo, los inventos de columnistas fantasiosos y de políticos lambiscones. Mientras alguien -Palenque, Palacio, Washington, el Cártel de Sinaloa- no filtre algo parecido a la verdad, nos veremos confinados a la especulación o al chisme. Me mantengo en mi especulación anterior, y en mi chisme previo: no hay ruptura entre AMLO y CSP, ni la habrá.
Dicho eso, parece que podemos dar por buenas dos afirmaciones de Claudia Sheinbaum, una sobre Rocha Moya, otra sobre López Beltrán. Normalmente creo poco de lo que nos receta cada mañana; sin embargo, esta vez quizás diga la verdad. Ha confesado que se enteró de la carta de "Andy" cuando se publicó, y que supo del regreso de Rocha Moya (not quite MacArthur) por las redes sociales. Dejó entender que tuvo conocimiento de la epístola de López Beltran de ese modo, no necesariamente de la revocación de su visa, que pudo haber sucedido días, semanas o meses antes.
Parto de que así fue. Entonces aún haciendo a un lado las payasadas ingenuas de López Obrador, según las cuales el Presidente de México se entera de todo, o las boberías clásicas de que es el hombre mejor informado del país, sorprende que el servicio de inteligencia mexicano se haya visto tan desprevenido con ambos acontecimientos. El primer mandatario de este país ha sido engañado -López Portillo-, sorprendido -Salinas y Zedillo- o manipulado -Calderón y Peña Nieto- suficientes veces para que todos sepamos que en muchas ocasiones navega de noche.
El Centro Nacional de Inteligencia es la agencia civil encargada de proporcionarle información el gobierno y a la presidenta. Sucede al Cisen, que a su vez suplió a las dos agencias anteriores -la Dirección de Investigaciones Políticas y la Dirección General de Investigación y Seguridad Nacional- que sustituyeron a la famosa o infame Dirección Federal de Seguridad, creada en 1947 por Miguel Alemán y el coronel Serrano. Acompañaron a estas dependencias las secciones de inteligencias del Ejército y del Estado Mayor Presidencial (la Sección II), la Unidad de Inteligencia Naval, creada en 2008 por Calderón, y los aparatos primitivos de inteligencia de la Secretaría de Seguridad, de la policía de la Ciudad de México y de la entonces Procuraduría General de la República, ahora Fiscalía, a saber, el Centro Federal de Inteligencia Criminal, parte de la Agencia de Investigación Criminal.
Huelga decir que desconocemos los presupuestos de esta amplia burocracia. Menos aún disponemos de alguna métrica para determinar si todos sus integrantes sirven de algo. Pero supongamos que medio desquitan su sueldo, por lo menos en cuanto a vigilancia y espionaje de la oposición y de la clase política oficial se refiere. Sobre el narco, mejor ni opinar, ya que buena parte de los golpes que se le han asestado en estos años se suelen atribuir a informes suministrados por los servicios norteamericanos.
¿Como es posible que toda esta bola de gente -por no decir inútiles- no le haya informado a Sheinbaum de la carta de "Andy", y del retorno de Rocha Moya? ¿No los seguían? ¿Por qué no? Sí los seguían ¿pero no se percataron de sus intenciones? Sí supieron o sospecharon ¿pero no informaron? ¿A quién? Volvemos a lo que la comentocracia ha reiterado: no hay Secretaría de Gobernación, el aparato de la Presidencia no alcanza para procesar todo, y las fuerzas armadas se encuentran ocupadas en otros menesteres: trenes, aeropuertos, hoteles, caza de migrantes, etc.
Ni la carta de López Beltrán, ni el efímero fin de la nueva gubernatura de Rocha Moya constituyen crisis de Estado. Ni el mundo ni México se acaban con estos miniescándalos. Pero si en efecto Sheinbaum no supo de ambos incidentes hasta que se produjeron, alguien debiera pagar los platos rotos. El actual director del CNI, Francisco Almazán Barocio, es gente de García Harfuch. No se le puede pedir que sus agentes en el extranjero hagan algo; no le van a avisar cuando Washington vuelva a expedir solicitudes de detención provisional para fines de extradición de otro gobernador, o un senador, o un secretario de Estado. No nos alcanza para eso. Pero además de proteger a la familia del "Peje", debiera vigilarla. O conseguirse otra chamba.
« Jorge Castañeda »



