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Descomunal Verdad

Descomunal Verdad


Publicación:19-09-2026
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Un reencuentro con una expareja revive recuerdos, conflictos del pasado y una serie de experiencias marcadas por la familia

Daniela y yo nos habíamos reencontrado cuatro años antes, un día de lluvia cuando la invité a comer. Pasamos toda la tarde juntos, siete u ocho horas conversando, platicando sobre lo que había sido de nuestras vidas luego de nuestra separación al final de mi primer año en el Doctorado. 

Cuatro años después de ese reencuentro en la Ciudad de México, la busqué nuevamente. Se reusó, pero finalmente la convencí, casi rogándole. Llegué puntual al restaurante y cuando ella arribó, noté que varias cosas habían cambiado durante aquellos cuatro años. Para empezar, había subido de peso considerablemente. No lo mencioné. Solo me levanté de la mesa, la saludé con un beso y tomamos asiento para comenzar a platicar. 

Nos encontrábamos en la terraza de un restaurante en Coyoacán, en la plaza principal que todo mundo conoce, frente a los zorros o coyotes o lobos, o cualquier par de animales que aquellas esculturas representen en el centro de la...

(Así habla el castorcito, se queda trabado a media frase y se le olvida qué estaba diciendo).

Cuando Daniela, mi exReina, comenzó a hablar, la escuché con atención y al mismo tiempo le pregunté a la VOZ: "¿Alguien le hizo daño?". EL SEÑOR no demoró en responderme. "Escúchala", me dijo, "al final platicaremos tú y YO". Daniela me comentó de las dificultades que tenía en el trabajo, algunas situaciones precarias que había vivido, cosas que ella, por el simple hecho de haber sido mi pareja y siendo quien soy, no merecía: ni haber vivido, ni estar viviendo.

Bebí poco más de una botella de vino. Le comenté que dejaba la Ciudad de México y regresaba a Monterrey para ayudar a mi Madre con los cuidados de mi Padre, quien había enfermado de cáncer. "Dale muchos abrazos", me dijo. Ese fue uno de los mejores consejos que recibí en esta vida, una vida que continúa gracias a que logré despedirme de él como debía hacerlo, pagándole con honores, a mi Padre.

Al final de la noche, Daniela y yo nos sentamos en una banca, en la plaza. Conversamos un poco más y esperó a que mi taxi llegara. Ella regresó por su cuenta. Yo había bebido un poco sobrado, como siempre en aquella época. Durante el camino de regreso, escuché la VOZ que me dijo: "¿Te acuerdas del castorcito de tu facultad? Él quiso lastimar a tu exmujer. Vas a hacer lo que te digo, llegando a tu departamento". Desperté de mi borrachera inmediatamente.

En casa, EL SEÑOR me dijo: "escríbele a la esposa del castorcito, para preguntarle si necesita que le hagas el amor". Me cuadré inmediatamente ante DIOS. Comprendí que era un tema serio. Hice como me pidió. Por la mañana, amanecí con un mensaje del castorcito en el celular. Lindo, la verdad. Bastante hipócrita, como fue él durante toda su vida. Cobarde, sin dar la cara. Me dijo EL SEÑOR: "Respóndele como quieras. Solo no te eches la culpa, ni le hagas pleito, dile que te hackearon la cuenta". No paraba yo de reír. Creo que hasta le pedí que no fuera a entregar dinero por mi rescate.

La VOZ me dijo: "Tu respuesta fue épica, Viejo, Este tipo va a decir que le tuviste miedo. Es de los que se asociaron con los J... para perjudicarte, así como el Roro te traicionó".

EL SEÑOR me explicó: "Voy a hacer sentir al castorcito como el más importante egresado de su facultad, y lo idolatrarán ahí. (Yo no te incluyo como egresado de esa Facultad, porque tú no aprendiste Economía ahí). Luego, lo voy a dejar robar mucho dinero del servicio público mexicano, porque va a enfermar de algo desconocido, y el dinero lo va a gastar en medicamentos y tratamientos, y voy a alargar su sufrimiento. Este tipo, Mi Viejo, me toca a mí".

Meses después, regresé a Monterrey, vi el final de la vida de mi Padre, escribí e hice algunas cosas no muy interesantes, pero sí un tanto estresantes. No pasaron más que un par de años cuando un compañero que teníamos en común me mostró una foto del castorcito, enfermo. Sonrisa falsa; pero bonito traje, aunque le quedaba grande. 

La VOZ me dijo: "Todavía le queda tiempo de sufrimiento en la Tierra. Al final va a al Infierno Mío, y los hijos...

(Así habla el castorcito, se queda trabado a media frase y se le olvida qué estaba diciendo).

Por la noche, el SEÑOR me hizo tocar "Mad Woman", con Taylor Swift, tres veces... y algunas otras "Masterpieces" que rompen como una promesa no cumplida... "donde Tú, Mi Viejo y querido Charlie, eres la Promesa No Cumplida".

Al día siguiente, tuve una visita sorpresa: la esposa del castorcito. 

Me dijo: "Necesito que me hagas el amor", y cerró la puerta detrás de sí. Así.

 

 



« Carlos A. Ponzio de León »
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