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El fracaso del todo

El fracaso del todo


Publicación:29-03-2026
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Me gustaría encontrar respuestas cortas y prontas a la problemática que me he venido planteando...

Las guerras nunca terminan...

Olga de León G.

¿Existirá paz y armonía entre los ciudadanos y las personas de cualquier raza, etnia, preferencias políticas y de sexualidad o credo? Por lo que sé, leo, entiendo y veo, no, no es así: "El respeto al derecho ajeno entre las naciones como entre los individuos"... es letra muerta, en nuestra nación, y me atrevo a pensar que en cualquier otra nación o Estado.

Mientras existan bienes de inmenso valor para la vida, como: carbón, metales, joyas, agua, extensiones terrestres, océanos, lagos, espacios aéreos, energía limpia, capital humano dotado de capacidades y conocimiento tanto como mano de obra barata (esclavitud o dominio del débil), tecnología de punta, en poder de unos cuantos y con derechos vitalicios para imponerse sobre los otros... Mientras la Democracia sea una farsa o disfraz, las guerras serán el pan de cada día. Y la lucha de los contrarios será siempre, como: "un robo en despoblado", con la ventaja total para el rico y poderoso.

Hace muchos siglos, cuando existieron hombres miedosos o temerosos de perder lo que ya suponían era solo de ellos, pusieron cercas a su alrededor y vigías que cuidaban de que ningún extraño entrase a su propiedad por ninguna razón, surgió entonces lo que hoy conocemos como, "propiedad privada". De ella derivarían todos los males del mundo. Y las divisiones fueron privilegio de algunos y maldición para las mayorías. 

Mas siendo incompleta su propiedad, pues no poseían todo lo que necesitaban o creían necesitar, o simplemente lo que querían tener, surge la gran idea del trueque: te doy un par de animales, a cambio de una pareja de esa otra especie que tú tienes... Surge la idea de la convivencia y formación de grupos: "El homo sapiens es un ente social", por excelencia... se volvió sedentario y dejó de ser nómada, en cuanto fue resolviendo la producción en equilibrio con el consumo y la compra y venta de sus excedentes.

Desconozco si lo dicho hasta aquí será del todo cierto, o si es una recreación fantástica con tintes infantiles de lo que la historia del hombre cuenta. No obstante, es innegable que ahora, en este tiempo presente, la guerra es un hecho latente y real, y la ambición es la reina del poder. Cómo fue que algunas civilizaciones se desarrollaron más rápidamente y crecieron, como otras no pudieron hacerlo. ¿Será que la idiosincrasia y el suelo que los vio nacer hizo eso posible? O será responsabilidad de su alimento originario: trigo o maíz. 

Me gustaría encontrar respuestas cortas y prontas a la problemática que me he venido planteando... Creo que no las hay. Luego, no todos los hombres y mujeres somos iguales, tenemos muchas diferencias de distinta índole. Por lo pronto, puedo decir que la violencia y la ignorancia parecen no ser erradicadas intencionalmente; hay fuerzas que controlan eso y tienen interés en que nada cambie, tales fuerzas están representadas por las minorías: los menos dominan a los más; racionalmente, es algo: inverosímil. Y, no obstante, es cierto.

Seguramente no lograré concluir con una respuesta que nos diga ni por qué somos pobres, ni por qué en este país o nación no es posible acabar con las abismales diferencias económicas, culturales, cognitivas ni sociales o políticas, como no sea aceptar que la Independencia y la Revolución siguen siendo el anhelo de los ciudadanos mejor preparados, aunque no ricos ni poderosos, que entienden bien la historia de la nación y el poder de un puñado de dominadores que siguen siendo esclavistas, aunque vayan a misa y confiesen; no sus pecados, sino la intención de ser Salvadores de los pobres... y, ¡algunos lo intentan!

Mientras los medios de comunicación, como la televisión, continúen con una programación vacua, violenta y plagada de mentiras, nada podrá cambiar. Basta con una hora de estar moviéndoles a los canales de la televisora, para ver: por qué la ignorancia, la violencia y las diferencias entre los hombres son el alimento del día para las mayorías en desventaja.

Por todo ello, la educación en casa debe estar guiada por padres preparados y críticos, que no permitan que el monstruo entre en sus hogares; tarea nada fácil. Pero, es ahí, en la casa y en la infancia, donde se forjan los grandes hombres y mujeres del futuro. Un futuro que ya va siendo inminente que cambie el mundo desde el microcosmos de la familia y su hábitat:

Por un mundo sin violencia ni ciclos de guerras sin fin, es: el sueño de una escritora y docente, a quien el tiempo se le está terminando y no acaba de encontrar las respuestas ideales y reales.

El camión de la basura

Carlos A. Ponzio de León

A Ferde lo conocí cuando tenía dieciséis; él era cuatro años mayor que yo. Nos encontramos en la carrera de música. Cuando entré, me adelantaron y coincidimos en el mismo tetramestre. Deseábamos ser pianistas, fumábamos tabaco y a los dos nos apasionaba la literatura: a él: el teatro como actor. Fuimos parte del mismo grupo de camaradas musicales y algunas de las reuniones se realizaban en su guarida: su propia pequeña recámara en casa de sus padres, en la colonia del Valle, donde tenía su piano junto a una pared. Algunas amigas, durante aquellas madrugadas con algo de vodka y whiskey, cantaban arias italianas acompañadas al piano por alguno de nosotros.

En la carrera, cuando Ferde se enteró de que yo componía música, me incitó a buscar a Radko Tichavsky, "muéstrale tus partituras", me dijo. El checoslovaco era compositor, impartía composición y era el director de la carrera de música. 

Aunque Ferde y yo dejamos de vernos durante casi quince años, luego de que ambos abandonamos la facultad de música, nos reencontramos cuando yo estudiaba el Doctorado, y los siguientes veinticinco años nos vimos unidos por la música, la bohemia y la conversación. Platicábamos por computadora a través de un programa que se llamaba ICQ. Me compartió una versión pirata de un programa de notación musical cuando compuse una canción pop, con letra de Delaira, por aquel entonces. 

Regresé a México cuando él vivía en Cancún. Nos encontrábamos una vez al año para tocar y ponernos al tanto de nuestras vidas. Yo le enviaba las partituras por adelantado y él interpretaba la parte del piano. Luego comencé a auditar clases de composición con Armando Luna en el Conservatorio Nacional y él se animaba a pasar mis manuscritos a la computadora, al programa de notación musical. Era un entusiasta.

Luego de mi segundo divorcio, se convirtió en mi amigo más cercano, aunque él vivía en Monterrey y yo en la Ciudad de México. Hablábamos por celular al menos media hora, todos los días. Siempre tomaba mi llamada si no se encontraba impartiendo clases de piano. Por aquel entonces, cuando le conté que aprendía a pintar, me soltó una frase bellísima: "Aprende a dibujar; el dibujo es el solfeo de la pintura".

De él admiraba su capacidad para mantenerse optimista en situaciones perdidas; no porque de ellas pudiera esperarse un triunfo milagroso, sino porque la derrota, en su opinión, siempre traería consecuencias que tendrían alguna solución.

Fue mi compañero de noches de bohemia y risa interminable en Monterrey, cuando yo regresaba a la ciudad a visitar a mis Padres. Terminábamos la noche a las nueve o diez de la mañana, desayunando en algún Sanborns. Pero algo cambió en él un día. Fue presentado a teorías de la conspiración y creyó, equivocadamente, en algunas de ellas. Le amargaron, en parte, la vida. Comenzó a dolerle el aparente éxito de los otros. Se sintió humillado, desquerido por Dios. Poco sabía él.

Había valores en Ferde que me hacían estimarlo, en mucho, como amigo. Por ejemplo: no le importaba el dinero. No lo tenía y no le importaba. Entendía la riqueza de comprender y disfrutar de la música clásica. Un regalo que le dio la vida y lo estimó como importante durante décadas. Sabía que era afortunado por ello; no todo el mundo tiene acceso a ese placer. La música, como todas las artes, son un regalo de Dios.

También reconozco algunos de sus defectos: A veces tenía miedo a equivocarse. Quizás no se metió en suficientes problemas en su vida, como debió haberlo hecho, y hubo un punto en que ese miedo lo derrotó, llevándolo a las orillas del rencor a las que las teorías de la conspiración conducen.

En mi memoria permanecerán cafés olvidados y sótanos que olían a vino viejo. Nuestra amistad fue un pentagrama sin clave, libre, errante, donde cada encuentro fue una nota improvisada, una sinfonía bohemia. Sus palabras sabían a piano nocturno mientras yo dibujaba con humo los contornos de las mujeres que nos rodeaban. Musas y escenas, cada una un acto breve en el teatro del amor, donde el telón nunca caía del todo. Compartimos el arte de poseer sin poseer, de amar sin retener: un boceto de belleza inacabada.

Fuimos actores sin guion, pintores sin modelo, músicos sin partitura. Nuestra amistad no pedía explicaciones, solo un trago más y una risa que se deslizaba en el tiempo. Las mujeres: arias fugaces, cada una dejando un eco en la acústica de la memoria. Y él, con una manera de convertir su historia en una escena, me enseñó que la bohemia es una forma de componer la vida. Afinamos el alma en cada encuentro, como dos instrumentos que conversan sin necesidad de ensayo.

 

 



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