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La atormentada razón

La atormentada razón


Publicación:26-04-2026
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La modestia y la ironía nunca estuvieron mejor usadas en poema alguno, como en las estrofas de los poemas de Sor Juana

¿Por qué somos quien somos?

Olga de León G.

A veces me pregunto si soy realmente quien yo creo y pienso que soy, o solo me engaño. En este momento, elijo pensar que soy un humano a quien le preocupa dar su mejor versión de sí misma, aunque esté muy lejos de ser alguien importante o muy inteligente. Me basta con tener una inteligencia media, un corazón sensato y suficiente seguridad en mis capacidades, es decir, en mí misma, para que no me lastimen las palabras hirientes ni los juicios arrebatados de quien quiera que los emita. 

Dice la ´Décima Musa´: 

"En perseguirme, Mundo, ¿qué interesas?

En qué te ofendo cuando solo intento 

poner bellezas en mi entendimiento 

y no mi entendimiento en las bellezas".

La modestia y la ironía nunca estuvieron mejor usadas en poema alguno, como en las estrofas de los poemas de Sor Juana. No cabe duda alguna, su poesía es de altura, para regocijo de los lectores y la envidia de sus retractores, que desviándose del arte se dedicaron a buscar manchas en su conducta o sus preferencias: pobres de intelecto y ricos en infamia. Su finura es única y su prosa no deja espacio a otra cosa distinta que el reconocimiento pleno del mundo y los tiempos. Leerla siempre será un gozo irrepetible y único.

Andarán por el mundo, sabe dios, cuántas poetas y mujeres destacadas igual o muy parecidamente injuriadas... que no pudiendo criticar su obre, buscan errores en sus personas.

Amo la Literatura tanto como la Filosofía, desde muy joven. Y no pudiendo (o no queriendo) hacer camino exclusivamente en una u otra, he andado por ambas sendas y amado sus diversas rutas. La Filosofía me ha permitido vivir en la verdad y la ciencia y transitar por ella para encausar mi vida personal y profesional por mejores derroteros que si no me hubiese especializado en hacer carrera universitaria. A la Literatura me acerqué profesionalmente después de estudiar Filosofía, pero puedo deciros que la frecuento desde niña: ventaja de una educación paterna esmerada en ello: gratitud infinita para mi padre: una deuda con la que todos sus hijos nos quedamos, por haber partido él demasiado pronto de este mundo.

Somos lo que empezamos a ser desde niños. Somos lo que hemos leído y lo que hemos aprendido en la casa, el aula, la vida y, especialmente, en los libros: ...y, ¡me faltaron tantos por leer!, dado que el trabajo remunerado (indispensable para mi hogar), y ahora la dificultad para leer, con facilidad y rapidez, amén de cómodamente, dado el padecimiento del glaucoma, me ha detenido y llevado en ocasiones hasta la desesperación. Pero, tendré que vencer tales obstáculos, ¿cómo?, aún no lo defino totalmente, no lo sé, no con certeza, pero lo lograré.   

No sé tampoco si soy suficientemente inteligente para sortear las dificultades que la vida continúa -como a todo el mundo- poniendo enfrente. Pero, sí sé que la tenacidad y persistencia -a mi propio ritmo, sin prisa ni carreras contra el tiempo- que me caracterizan y siempre me han definido, serán un recurso a mi favor. Y, además, soy afortunada por estar rodeada de amigas fieles, exalumnos entrañables y algunos amigos, amén de la familia que me tiene en gran estima, empezando por mis amados hermanos: esta es una riqueza invaluable, de la que quizás muy pocos gozamos. Eso hace la vida menos complicada, como si los problemas no existieran.

Y, regreso a Sor Juana Inés de la Cruz, con sus famosas octavillas, donde declara: 

"Hombres necios que acusáis 

a la mujer sin razón, 

sin ver que soy la ocasión

de lo mismo que culpáis.

Si con ansia sin igual 

solicitáis su desdén, 

¿por qué queréis que obren bien

si las incitáis al mal?

  Me siento tan cercana a Sor Juana, como puedo estarlo de María Luisa Bombal o Rosario Castellanos, o Juan Rulfo, o Edgar Allan Poe, o de Cervantes... Mas sé, con total certeza, que no soy ni un grano de arena junto a cualquiera de ellos:

¿Qué importa mundo?, ¡que sea o no sea, 

lo que creo o no creo yo soy!

Si el sentimiento y la emoción

me invaden y nublan la mirada,

pero no la razón de mi sin razón

apasionada y perdida en un día

que nunca más habrá de volver.

Cantó un ruiseñor en primavera

Volaron hacia el Sur, las mariposas.

Y, con tus ojos y los míos

Dijimos adiós a la tierra

Un singular día cualquiera.

Quién pudiera cantarle al otoño.

Quien pudiera ser y no ser. 

¡Al mismo tiempo y sin disputa, 

en la vida y la eternidad!

Soy o no soy... ¿Importa eso?

¿Acaso no basta con existir?

La vida es tan corta y se nos va

en banalidades existenciales 

y esencias sin sentido...

El escaparate de vidrio

Carlos A. Ponzio de León

A El Miss lo conocí en un taller literario, en el de una viejita escritora que impartía su clase en la Condesa, en la Ciudad de México, los lunes de siete a nueve de la noche. Éramos quienes tallereabamos textos largos. Él, una biografía sobre su madre. Yo, mi Memoria. Quizás la dueña del taller cargaba la balanza hacia mí cuando había que leer textos para dejar que los asistentes comentaran. En realidad, ni El Miss, ni yo, podíamos avanzar en el taller a la misma velocidad a la que estábamos escribiendo semanalmente. Sentíamos cierta insatisfacción por ello.

Cierto sábado, el grupo se reunió para celebrar que un participante había concluido su biografía novelada. Y entre copa de vino y copa de vino, El Miss y yo pensamos en formar un taller alternativo donde pudiéramos comentar nuestros textos y avanzar más rápido de lo que lo hacíamos en el taller oficial. Nos reuniríamos los lunes, de cinco a siete en un café de la Condesa, y de ahí nos íbamos al taller de la calle de Parral.

El Miss, además de ser psicólogo de carrera y de desempeñarse como profesor de pedagogía, también actuaba: y muy bien. Había hecho varios papeles centrales, por ejemplo, en una obra de teatro de un canadiense, la cual se presentó durante diez años en La Capilla, el teatro fundado por el poeta mexicano Salvador Novo.

De manera paralela a mis reuniones con él, yo fundé un grupo de Arte Transdisciplinario y vi la necesidad de integrar a alguien quien se pudiera encargar de la lectura de las cartas en nuestros proyectos. Luego de una presentación que tuvimos en Casa del Tiempo, me atreví a invitar a El Miss. Nos reunimos para caminar por Coyoacán y comentar el asunto. Finalmente nos sentamos a tomar unas cervezas en un bar y él me dijo: "Carlitos, ¿estás seguro de que no vamos a convertir en unos loquitos leyendo cartas?". "De ninguna manera", le aseguré. "Entonces acepto", confirmó finalmente.

Ahí inició una colaboración transdisciplinaria que se extendió durante varios años. Fue el Primer Actor con quien reboté ideas, con quien me embriagué hasta el amanecer, compartimos comida que él preparaba en nuestros talleres de los sábados. En fin, El Miss fue un colaborador excelso. Un milagro que trajo Dios a mi vida para la concreción de los proyectos transdisciplinarios de mi grupo Hostal Mercedes Av.

Sus contribuciones más allá de lo artístico también fueron importantes. Logró que la Universidad Pedagógica Nacional nos abriera las puertas para el Performance "¿En qué piensas cuando miras al cielo?", y simultáneamente para una exposición plástica mía. Además, me invitó a escribir cuentos para la revista cultural de su universidad y colaboramos en un artículo donde yo me encargué de la Fotografía: el tema: las esculturas de la Ruta de la Amistad, al sur de la ciudad. Él escribió el texto. Me acompañó durante horas mientras yo disparé el obturador de la cámara durante dos días.

La biografía que escribió sobre su madre es un texto fuera de lo común, una joya literaria que, aunque no ha sido editada, será seguramente parte central de la cultura universal. Sus actuaciones fueron obras maestras del Performance, al menos en los proyectos de mi grupo Hostal Mercedes Av. En esos tres años de colaboración, no hubo un momento en que dejara de ser incisivo para mejorar nuestras presentaciones, y fue generoso al dejarse dirigir por un servidor. Adoptó cada innovación que propuse y siempre actuó con profesionalismo. Fue una joya como actor.

Algunos de mis proyectos con él se quedaron en el tintero. Un monólogo que se detuvo en el camino de convertirse en un guion para cortometraje, y el vídeo de los performances en su universidad, los cuales integraron música, texto, imagen y danza. Algo de esto es completamente rescatable, pero yo ya no tengo la energía para ir atrás en el tiempo y retomarlos. Si nuestra amistad hubiese continuado después de 2019, seguramente él se hubiera convertido en parte central de mis Microcortometrajes de Cine de Arte.

Mucho le debo a El Miss. Poco se hubiera concretado de los cerca de veinte performances que logramos tener en esos tres años. Sus ideas inspiraron otras y siempre fue un reto complacerlo en términos de producción.

El Miss también era una diva y había que tratarla como tal. Debíamos aguantar sus regaños al final de cada performance, mientras en el departamento de la del Valle bebíamos cervezas y whiskey, y él preparaba tortilla española para el grupo. Aquellas fueron noches épicas, deslumbrantes e inolvidables.

Por él celebro y lanzo al aire: dos, tres, múltiples ¡hasta prontos!

 

 



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