Cultural Singularidades
La franquicia encadenada

Publicación:27-06-2026
Los sueños y el engaño
Olga de León G.
La vida, mi vida, y la obra de Calderón de la Barca, y no sé cuántas vidas más son, y han sido, un sueño. Si hablara un poco o mucho con el lenguaje de Mark Twain, quizás pudiera engañar a mis lectores antes que pretender convencerlos de cualquier idea.
Tratando de ser respetuosa, contaré alguno de mis sueños, quizás logre empatar con las ideas o sueños de quienes me leen. Porque pienso que sí tengo mis lectores, sean o no seguidores. Y eso es lo que me anima a escribir. Especialmente, cuando no me vienen a la mente muchas ideas sobre qué escribir.
Me parece que Mark Twain pensaba que es más sencillo atrapar con el engaño -con trucos o trampas del lenguaje- que con el debate sobre ideas, temas o hechos de la realidad. Y, a mí me parece que eso puede ser cierto, especialmente, si se hace desde el terreno de los sueños.
Me gusta soñar, creo que siempre, toda mi vida, desde muy pequeña, he soñado, y mis sueños son el hilo de la madeja que desenredo en cada línea que voy escribiendo. En el sueño y la contradicción, antítesis en lucha contra la tesis original, se va resolviendo el conflicto del "libre albedrío" y la predestinación. Sin libre albedrío no existiría el destino que es la causa original de una vida predispuesta e impredecible como la lucha entre el bien y el mal que conviven en el ser humano hasta que este se define y encuentra la razón de su ser y su existencia: el padre que teme perder su poder a manos del hijo; y el hijo que reniega de su padre para reafirmar su libertad y existencia.
No sé si mis sueños son solo míos, o los he heredado de la historia de la humanidad. Pero, sigo pensando e insistiendo en que, me gusta soñar. La vida es más bella cuando sale de sueños, que de una cruda y simple realidad o suma de hechos.
No creo parecerme en casi nada a Mark Twain ni a Calderón de la Barca, median entre nosotros varios cuatro siglos... O, he de admitir que, fueron verdaderos genios del pensamiento filosófico y el lenguaje que desde su barroco y romanticismo se adelantaron tanto a su tiempo que son pilares del pensamiento universal y de nuestro tiempo.
Me fascinan y las encuentro totalmente empáticas de mi pensamiento, las frases célebres que recuerdo de Mark Twain, como la de: "No discutas con un idiota, te rebajará a su nivel, y te ganará por su experiencia.". "Las grandes personas son aquellas que hacen sentir a otras, que ellas también pueden ser grandes.". "No abandones tus ilusiones. Cuando ellas se van, todavía puedes existir, pero habrás dejado de vivir.". "He descubierto que no hay mejor forma de saber si te gustan las personas o las odias, que viajar con ellas.". Y tantas más...
Entre mis primeros sueños, recuerdo siempre que soñaba ver eternamente a mis padres amándose y no discutiendo; lo cual sería no un sueño sino un engaño. Otro de mis primeros sueños fue recrear un mundo maravilloso, un mundo donde la paz era una condición de todos los días, en donde no existían las personas malas ni perversas. Y, sobre este sueño, me veía haciendo y diciendo frente a una gran audiencia, que todos éramos buenos, inteligentes, bondadosos, y compartidos. Hasta que alguien de entre la multitud se levantaba y lanzaba una piedra hacia mí, para callarme: ese debió ser "un idiota", en la categoría de Twain.
Del Barroco de Calderón de la Barca, "La vida es sueño", es una obra maravillosa que ha sido ejemplar para muchos otros autores. Y sí, el solo título es sumamente inspirador, la vida es un sueño, o el sueño es un retrato de la vida.
Pero, es seguro e innegable, aunque no lo revelemos, que todos tenemos algún o algunos sueños secretos, de esos que jamás revelaremos. Yo lo tengo, por supuesto. Ese sueño -no realizado, por cierto- jamás lo revelaré. Me pertenece solo a mí. Y, está conmigo desde mi adolescencia, casi pubertad: un anhelo de amor no realizado, por propia voluntad, por esa decisión de sobreponerlo todo al interés del conocimiento, a la intensión de lograr estudios universitarios.
Y, esa intensión fue muy fuerte, nada la doblegó, ni siquiera la pérdida de mi padre ni las dificultades económicas de la familia: para eso tenía la capacidad de aspirar a becas por excelentes calificaciones: No todo se logra en la vida; lo que sí, hay que atesorarlo. Nuestro libre albedrío tendrá que ser determinante en lograr ciertas metas. Y, este cuento de hoy, me parece que ha resultado ser mucho más que un engaño y se instala en el terreno de los sueños... Un sueño realizado.
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