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Los muertos vuelven, pero el pueblo se vacía

Publicación:02-11-2026
TEMA: #Día de Muertos
En esta comunidad, las autoridades comunitarias estiman que 50% de la población ha emigrado a Estados Unidos.
OAXACA, Oax., noviembre 2 (EL UNIVERSAL).- El vals "Dios nunca muere", interpretado por integrantes de la banda Atardecer, envuelve el ritual funerario en el panteón de
San Vicente Coatlán, en la Sierra Sur de Oaxaca. Una corona de flores resalta en la cabecera de la tumba, cubierta y rodeada cempasúchil, gladiolas, crisantemos, nube y claveles.
Los familiares y amigos del difunto se mantienen en pie frente a la sepultura. Un hombre dispersa sobre ella el humo del copal que se quema en el sahumador. Al entierro, poco a poco llegan más personas.
La música continúa y algunos hombres y mujeres beben mezcal que comparten con la persona que acaba de ser enterrada, arrojando una copa de esta bebida sobre la tumba. San Vicente Coatlán es una de las comunidades productoras de mezcal, principalmente del agave espadín, aunque también cuentan con especies silvestres como el tobalá.
El llanto de los dolientes es silencioso, o se diluye entre el sonido del "Dios nunca muere", compuesto por el violinista y compositor oaxaqueño Macedonio Alcalá.
Hoy 2 de noviembre, los topiles —policías comunitarios— llegarán al panteón para recoger a las ánimas de los muertos que regresan al mundo de los vivos para convivir con sus familiares.
Anteriormente, la festividad de Todos los Santos en esta comunidad zapoteca se prolongaba hasta por siete días, periodo en el que las almas de los difuntos recorrían las "casas grandes", antes de partir de nuevo al mundo de los muertos. Actualmente, la celebración únicamente abarca los días 1 y 2 de noviembre.
Luis, conductor de un mototaxi en la comunidad, explica que la reducción del tiempo que dura el Día de Muertos se debe principalmente a la migración, a la pérdida de las "casas grandes" y al surgimiento o establecimiento de nuevas religiones cristianas en la población, con prácticas diferentes al catolicismo y a las creencias religiosas de los zapotecas.
Las "casas grandes" se refieren a las casas de los abuelos, quienes eran jefes de familia y en cada celebración reúnen o reunían a todos los integrantes de una familia, que se han separado del hogar para vivir con sus propias familias.
Desde mediados de octubre, las personas empiezan a acudir al panteón para limpiar las tumbas de sus familiares, hacer algunos arreglos o mantenimiento. En el cementerio destacan decenas de sepulcros sobre los que únicamente se ha colocado una cruz de madera, la mayoría de ellas, desgastadas por el paso del tiempo.
Juana Hernández Martínez coloca su altar de muertos hasta el 1 de noviembre. Días antes, visita el panteón para dejar flores en las tumbas de su papá y su abuela. Su hijo Buenavista Chávez Hernández, fue asesinado en 2021, en una emboscada relacionada con el conflicto agrario con Villa Sola de Vega; pero a él no lo espera, porque era cristiano.
En San Vicente Coatlán no se acostumbra a poner las fotografías de los difuntos como se hace en otras comunidades del país. Únicamente se colocan flores, veladoras y los alimentos y bebidas que le gustaban a sus familiares fallecidos; además hay tamales, fruta, pan, agua, mezcal y chocolate.
El 1 de noviembre, Juana Hernández —artesana textil y suplente del Comisariado de Bienes Comunales— empieza con la preparación de los tamales. Mientras que el 2 de noviembre, prepara un mole acompañado de guajolote.
"El día 1 se hacen los tamales de pollo y el día 2 se mata al guajolote para el mole, para dar a las ánimas. También se les da pan, tortillas, chocolate y los tamales", detalla.
Ir por las ánimas
Al mediodía, los topiles se dirigen al panteón municipal para ir a recoger a las ánimas; luego, las llevan a la iglesia en la que se realiza una misa.
Después de la misa, los topiles acompañan a las ánimas de cada una de las "casas grandes". Una vez ahí, los familiares comparten los alimentos y bebidas que se han preparado para ellas.
"Anteriormente eran muchas casas y por eso la fiesta duraba hasta ocho días, porque se recorrían todas. La costumbre de la casa de los abuelos (...). Todos sus hijos van a dejar su comida del finado, o sea los hijos van a las casas de los abuelos", explica Juana Hernández.
El 3 de noviembre, según la tradición, los fieles difuntos regresan a la tierra de los muertos. Ese día, los topiles vuelven a las "casas grandes" donde los familiares les entregan los alimentos y bebidas de la ofrenda, y la llevan al centro de la comunidad para repartirla entre toda la población.
Tradición que se pierde
En esta comunidad, las autoridades comunitarias estiman que 50% de la población ha emigrado a Estados Unidos, en búsqueda de mejores condiciones de vida; muchas de ellas, ya no regresan. Este fenómeno, consideran, es quizá una de las causas que ha impactado en la tradición.
También el aspecto económico, explican, porque para muchas familias —que viven del campo— es muy costoso poner un altar de muertos y si lo colocan, éste lleva lo mínimo.
Otra causa, es el establecimiento de religiones cristianas, quienes basan sus creencias en la figura de Jesucristo, y no creen en los santos de la Iglesia católica ni en sus rituales.
Pero, sobre todo, es la migración: "Cuando mueren los abuelos de la casa principal, los hijos ya se fueron, emigraron, o los hijos se casaron en otros lados (...). Hay mucha gente en el panteón, pero ya no hay gente que los cuide".
Los familiares y amigos del difunto se mantienen en pie frente a la sepultura. Un hombre dispersa sobre ella el humo del copal que se quema en el sahumador. Al entierro, poco a poco llegan más personas.
La música continúa y algunos hombres y mujeres beben mezcal que comparten con la persona que acaba de ser enterrada, arrojando una copa de esta bebida sobre la tumba. San Vicente Coatlán es una de las comunidades productoras de mezcal, principalmente del agave espadín, aunque también cuentan con especies silvestres como el tobalá.
El llanto de los dolientes es silencioso, o se diluye entre el sonido del "Dios nunca muere", compuesto por el violinista y compositor oaxaqueño Macedonio Alcalá.
Hoy 2 de noviembre, los topiles —policías comunitarios— llegarán al panteón para recoger a las ánimas de los muertos que regresan al mundo de los vivos para convivir con sus familiares.
Anteriormente, la festividad de Todos los Santos en esta comunidad zapoteca se prolongaba hasta por siete días, periodo en el que las almas de los difuntos recorrían las "casas grandes", antes de partir de nuevo al mundo de los muertos. Actualmente, la celebración únicamente abarca los días 1 y 2 de noviembre.
Luis, conductor de un mototaxi en la comunidad, explica que la reducción del tiempo que dura el Día de Muertos se debe principalmente a la migración, a la pérdida de las "casas grandes" y al surgimiento o establecimiento de nuevas religiones cristianas en la población, con prácticas diferentes al catolicismo y a las creencias religiosas de los zapotecas.
Las "casas grandes" se refieren a las casas de los abuelos, quienes eran jefes de familia y en cada celebración reúnen o reunían a todos los integrantes de una familia, que se han separado del hogar para vivir con sus propias familias.
Desde mediados de octubre, las personas empiezan a acudir al panteón para limpiar las tumbas de sus familiares, hacer algunos arreglos o mantenimiento. En el cementerio destacan decenas de sepulcros sobre los que únicamente se ha colocado una cruz de madera, la mayoría de ellas, desgastadas por el paso del tiempo.
Juana Hernández Martínez coloca su altar de muertos hasta el 1 de noviembre. Días antes, visita el panteón para dejar flores en las tumbas de su papá y su abuela. Su hijo Buenavista Chávez Hernández, fue asesinado en 2021, en una emboscada relacionada con el conflicto agrario con Villa Sola de Vega; pero a él no lo espera, porque era cristiano.
En San Vicente Coatlán no se acostumbra a poner las fotografías de los difuntos como se hace en otras comunidades del país. Únicamente se colocan flores, veladoras y los alimentos y bebidas que le gustaban a sus familiares fallecidos; además hay tamales, fruta, pan, agua, mezcal y chocolate.
El 1 de noviembre, Juana Hernández —artesana textil y suplente del Comisariado de Bienes Comunales— empieza con la preparación de los tamales. Mientras que el 2 de noviembre, prepara un mole acompañado de guajolote.
"El día 1 se hacen los tamales de pollo y el día 2 se mata al guajolote para el mole, para dar a las ánimas. También se les da pan, tortillas, chocolate y los tamales", detalla.
Ir por las ánimas
Al mediodía, los topiles se dirigen al panteón municipal para ir a recoger a las ánimas; luego, las llevan a la iglesia en la que se realiza una misa.
Después de la misa, los topiles acompañan a las ánimas de cada una de las "casas grandes". Una vez ahí, los familiares comparten los alimentos y bebidas que se han preparado para ellas.
"Anteriormente eran muchas casas y por eso la fiesta duraba hasta ocho días, porque se recorrían todas. La costumbre de la casa de los abuelos (...). Todos sus hijos van a dejar su comida del finado, o sea los hijos van a las casas de los abuelos", explica Juana Hernández.
El 3 de noviembre, según la tradición, los fieles difuntos regresan a la tierra de los muertos. Ese día, los topiles vuelven a las "casas grandes" donde los familiares les entregan los alimentos y bebidas de la ofrenda, y la llevan al centro de la comunidad para repartirla entre toda la población.
Tradición que se pierde
En esta comunidad, las autoridades comunitarias estiman que 50% de la población ha emigrado a Estados Unidos, en búsqueda de mejores condiciones de vida; muchas de ellas, ya no regresan. Este fenómeno, consideran, es quizá una de las causas que ha impactado en la tradición.
También el aspecto económico, explican, porque para muchas familias —que viven del campo— es muy costoso poner un altar de muertos y si lo colocan, éste lleva lo mínimo.
Otra causa, es el establecimiento de religiones cristianas, quienes basan sus creencias en la figura de Jesucristo, y no creen en los santos de la Iglesia católica ni en sus rituales.
Pero, sobre todo, es la migración: "Cuando mueren los abuelos de la casa principal, los hijos ya se fueron, emigraron, o los hijos se casaron en otros lados (...). Hay mucha gente en el panteón, pero ya no hay gente que los cuide".
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