Cultural Singularidades
Seres con un propósito vital

Publicación:29-08-2026
TEMA: #Adultos mayores
De dónde llegó, no lo supe, simplemente apareció frente a mí, cerrándome el paso con un enorme paquete de rollos de papel higiénico y haciéndole publicidad para que me inclinara a comprar ese, y no otro.
En los últimos meses, los supermercados se han vuelto un buen lugar para caminar para quienes por diversas razones no podemos hacerlo en las calles o parques. Yo lo hago, apoyada sobre el carrito del mandado, excepto cuando llego ya cansada o con dolores en piernas, cadera o rodillas, entonces busco una silla eléctrica y sentada recorro los pasillos, deteniéndome donde están los artículos que necesito comprar.
No hay peor cosa que alguien puede hacer, como intentar convencerme de su propuesta, porque yo jamás aceptaré lo que me proponga cualquiera, sin excepción ni consideración alguna, jamás aceptaré su ofrecimiento, aunque para evitar demora o discusión, pueda decir que sí, pero en el siguiente pasillo, lo dejaré y tomaré el producto que yo prefiero: este es un rasgo propio de mi carácter y mi personalidad.
Ese día llegué y tomé un carrito eléctrico -iba cansada y algo dolorida-, tras una hora y media de recorrer los pasillos y escoger los productos que compraría, me dirigí al fondo del súper mercado, por lo único que me faltaba.
Entonces fue cuando se me apareció la mujer de la tercera edad, tal vez de unos sesenta y cinco años; y comenzó con su verborrea... Esas personas saben muy bien cómo hacer su personal tarea. Los halagos y alabanzas caen sobre la víctima elegida, luego viene la oración por su salud (viéndome sobre la silla eléctrica, podrán imaginar lo que pensó). Aguanté hasta donde mi paciencia podía tolerar, no quería ser grosera. Con una mano me tomó la muñeca izquierda, la otra mano la puso sobre mi cabeza, y se arrancó rezando. Le pregunté qué religión profesaba y a qué iglesia pertenecía. Inteligentemente me contestó que iba a dos: si una no era la mía, podía ser la otra. Para quienes me conocen, ya se pueden imaginar mi desesperación.
Así estuvo por unos tres o cuatro minutos, hasta que le dije, por favor, suélteme, tengo que irme a mi casa, ya. Mi familia se asustará de ver que no he regresado, y además tengo que escribir lo que me publicarán el domingo. Esta última frase la hizo dar un paso atrás, y me dijo (no como pregunta, sino afirmación), es usted escritora. A lo que yo añadí: y profesora (Maestra) universitaria. Entonces, por fin, noté en ella cierta inseguridad, pero si me quedo un minuto más, no habría soportado una sola lisonja más.
Por fin, quedé libre, y me dirigí apresuradamente hacia las cajas, ya quería pagar y retirarme a casa. No obstante, tengo que reconocer que estas eventualidades que nos pasan a quienes por estar o parecer viejos o enfermos, algunas personas pretenden -con nosotros- hacer su buena obra del día. Y, esas son las menos dañinas; a menos que no le hubiese dado el suficiente tiempo para hacer alguna cosa mala. Insoportables son las que nos quieren engatusar vendiendo alguna crema "milagrosa" que nos aliviará de dolores en las piernas, cadera y columna y nos permitirá caminar como ¡muchachas de treinta!
Seguramente, algunos de las y los gentiles lectores, que me regalan su tiempo leyendo lo que escribo cada domingo, ya les habrá tocado ser asaltados repentinamente por una mujercita que suele andar por las Instituciones de salud y los supermercados, ofreciendo su milagrosa pomada. Por lástima, la primera vez, se la compré. Pero, no tiene límites, cada vez que me ve caminar un tanto o mucho, lentamente, vuelve a querer engatusarme: es muy molesto.
Pues esas son algunas, (un par), de situaciones que habremos de enfrentar más temprano que tarde, quienes ya se nos nota la edad, pero que pronto habrán de enfrentarlas también los que vienen detrás de nosotros. Sin embargo, no todo es malo cuando envejecemos. Tenemos muchas consideraciones y ventajas que nos dan las buenas personas: nos ceden el asiento, nos pasan delante de ellos en las filas, nos ayudan con las cargas pesadas, y varias cosas más. Ciertamente, no todo es malo para los viejos o ancianos. Sigamos educando a nuestros niños y adolescentes para que cuiden de sus abuelos, primero, y luego de sus padres y tíos.
La vida es tan bella como podamos verla y hacerla.
Bien, sé que hoy no escribí sobre grandes ideas, solo quise compartirles un par de anécdotas de la vida diaria, hablar sobre lo más sencillo que tenemos en el día a día de nuestra vida, puede ser gratificante o desesperante, pero así son las cosas que nos depara nuestro destino a cada uno.
Hay que aprender a ser felices con lo que tenemos y disfrutar cada momento, no como si fuese el último que tendremos, sino como si fuera el premio de seguir con vida, y si además gozamos de relativa salud, la gratitud será por siempre la nota principal que nos identificará como iguales, o mínimo, como semejantes.
« Olga de León »




