Opinión Editorial
El aire de Monterrey
Publicación:16-09-2026
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Dicen que hay cosas que no se pueden ocultar. El olor es una de ellas, salvo que no se tenga sentido del olfato
Todo el cielo era de añil; toda la casa, de oro.
Alfonso Reyes
Dicen que hay cosas que no se pueden ocultar. El olor es una de ellas, salvo que no se tenga sentido del olfato.
El aire que inhalamos en Monterrey y su área metropolitana es cada vez más difícil de respirar: es altamente tóxico, está cargado de múltiples metales pesados, dióxido de carbono y otras partículas; y, en estos últimos tiempos, además de un intenso hedor a amoniaco y azufre.
¿Qué estamos respirando realmente? Los efectos ya comienzan a presentarse en la salud de la ciudadanía, los síntomas se expanden por todo el cuerpo. Las sociedades de oftalmología, neumología y otorrinolaringología coinciden en los peligros de la terrible calidad del aire que respiramos todos los días.
El impuesto verde de la actual administración estatal, los intentos de medición del índice de la calidad del aire (ICA), la fallida regulación de las industrias y la forestación, entre otras medidas, son insuficientes para que los ciudadanos respiren aire limpio de acuerdo con los estándares nacionales e internacionales. Tal parece que como los baches el tema ecológico es un mero pretexto en tiempo de campaña electoral. Es necesario una solución estructural más radical: reubicación de industrias, cuando no su clausura, aplicación de programas de tratamiento de aire y aguas residuales, deforestación permanente, construcciones sustentables y con cultura ecológica, entre otros.
Todos presenciamos como —mágicamente— durante el pasado mundial de fútbol el cielo de Monterrey retomó sus colores radiantes y nítidos como en el poema "Sol de Monterrey" de Alfonso Reyes, que no es nada raro ni descabellado inferir acuerdos "por debajo del agua" entre autoridades e industrias, para no quedar mal parados ante la prensa y visitantes internacionales. Definitivamente la contaminación no se llevaba bien con el "modo party" que el gobierno buscaba promover.
La deforestación y contaminación de ríos y lagunas, el acelerado desmonte de cerros y montañas para la construcción de fraccionamientos sin planeación alguna, afectando a diversas especies de animales, por ejemplo, no sólo del tener que forestar por cada construcción que se edifica, sino también el cómo se van colapsando las arterias viales de las principales calles y avenidas, estrangulando aún más el tiempo de los traslados de miles de ciudadanos que transitan todo los días, participa como causa fundamental, no de ahora sino desde hace muchos años, de los malestares de la vida cotidiana de las personas que viven y respiran en la Sultana del Norte y su área metropolitana.
« Camilo E. Ramírez Garza »



