Opinión Editorial


Hacia dónde van nuestras opiniones


Publicación:10-08-2026
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El año de 1984 fue de claroscuros para México.

El año de 1984 fue de claroscuros para México. Siendo presidente Miguel de la Madrid, el país disfrutaba las mieles de la victoria por el desempeño de nuestros deportistas Ernesto Canto, Raúl González, Daniel Aceves, Héctor López Colín y José Manuel Youshimatz quienes cosecharon seis medallas para el país en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles.

Por otro lado, se vivía una profunda crisis económica y más de 500 personas perdieron la vida al explotar la planta de almacenamiento y distribución de gas de San Juanico, en el Estado de México.

A este coctel de acontecimientos quisiera añadir uno más, motivo de este ejercicio editorial: el asesinato del periodista Manuel Buendía, un columnista caracterizado por desenmascarar hechos que involucraban a las altas esferas del poder en temas de narcotráfico y la corrupción.

Según investigaciones y la narrativa de la época, Buendía indagaba y estaba por "destapar" información relacionada con José Antonio Zorrilla Pérez, director Federal de Seguridad, quien, según se dijo, fue el "chivo expiatorio".

Décadas después, ejercer el periodismo en México sigue siendo un alto riesgo. Diferentes organizaciones han documentado por años, asesinatos de periodistas y elevados a niveles de impunidad. Reporteros Sin Fronteras ubica a México como uno de los países más peligrosos para ejercer esta profesión en América Latina y el mundo.

En una entrevista que Claudio Ochoa, hoy columnista de El Universal hiciera a Jacobo Zabludowsky, el veterano comunicador decía que la mejor forma de defender la libertad del periodista era justamente eso "ejerciendo la libertad".

Para Zabludowsky, los derechos -en este caso la libertad de expresión-, son como las máquinas, si no se usan se corroen, se oxidan, se atrofian.

Y añadía que, aún si se caía en una dosis de libertinaje más valía el abuso de la libertad de opinar, que la más leve restricción.

Hoy se someten a consulta pública los Lineamientos Generales para la Protección de los Derechos de las Audiencias, que, lo crea o no, ha vuelto a poner sobre la mesa de discusión, algo que en plena modernidad resulta altamente delicado: ¿hasta dónde puede llegar la regulación sin convertirse en una forma de control sobre los contenidos?

El proyecto está dirigido a radio y televisión, obligándolos a no difundir información "descontextualizada". Pero aquí viene otra pregunta ¿qué impediría que mañana se extienda una aplicación similar para otros medios o las plataformas digitales?

No es una inquietud menor. El INE ya ha ordenado bajar ciertos contenidos por considerar que vulneran disposiciones electorales.

Aunque el periodismo y la comunicación también constituyen un modelo de negocio –lo cual es totalmente válido-, el periodismo es, por sí mismo una profesión peligrosa y todavía muchos, como Manuel Buendía, siguen muriendo tratando de dar a conocer la verdad.

Tomando elementos de la Constitución de Cádiz en 1812, el Decreto Constitucional para la Libertad de América Latina, mejor conocido como el Decreto de Apatzingán en 1814, incorporó principios relacionados con la libertad de expresión y de imprenta que más adelante formarían parte de nuestra Carta Magna.

Antes, en 1766, Suiza se había convertido en pionera mundial al aprobar una legislación que reconocía la libertad de prensa y limitaba la censura.

En 1789, Francia incluyó la libertad de opinión y expresión en el Artículo 11 de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano y en 1791, Estados Unidos ratificó la Libertad de expresión a través de la Primera Enmienda a su Constitución.

Es impensable, pues que se diluya el sueño de los constitucionalistas mexicanos de 1917 y aquello que hoy se consagra en los artículos 6º y 7º de nuestra Constitución en torno a la libre manifestación de ideas, la libertad de difundir opiniones y la prohibición de la censura previa.

La limitación de contenidos es característico de países autoritarios ¿de verdad queremos transitar ese camino?

El debate persiste y la consulta continúa. Lo que sí nos debe quedar claro es que atentar contra la libertad de expresión pone en riesgo la democracia, una democracia que nos ha costado mucho construir ¿es perfectible? Claro, pero no es sesgando contenidos como lograremos perfeccionarla.



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