Opinión Editorial


Ultraderecha y neoliberalismo


Publicación:03-08-2026
version androidversion iphone

++--

Francia es el país más visitado del mundo.

Francia es el país más visitado del mundo. Recibe al año unos 100 millones de turistas que dejan una derrama económica superior a los 77 mil millones de euros.

Pero la república gala fue y es mucho más que eso; es, por excelencia, la cuna de la administración pública moderna. Tras la caída de Luis XVI y María Antonieta, surgieron dos palabras que dan sentido al espectro político mundial: la derecha y la izquierda.

Y nace de una manera totalmente orgánica: mientras construían la nueva república, los miembros de la Asamblea General considerados conservadores y que apoyaban la continuidad de la monarquía, se sentaron del lado derecho; a la izquierda, se colocaron aquellos que promovían el cambio y la igualdad social.

Ambos términos permearon en el mundo, al inicio, como si se tratara de blanco y negro; hoy sabemos que, como en el arcoíris, hay "ene" variantes de la derecha y la izquierda: la socialdemocracia, la política de centro, el neoliberalismo y algo que en México escuchamos a diario: ultraderecha.

Pero vayámonos más atrás: desde los griegos, la política se concibe como la actividad humana orientada a la toma de decisiones en grupo, donde la sociedad se organiza y decide cómo se maneja el poder, teniendo como máxima la convivencia pacífica con un reparto equitativo de recursos.

En México, predominó por 71 años el PRI, que en sus estatutos se autodefine como socialdemócrata; luego llegó el PAN, identificado con humanista y democristiano.

Entre los ocho los partidos políticos con registro ante el INE se incluyen el Partido del Trabajo (socialista); Verde Ecologista (centroizquierda); Movimiento Ciudadano (centroizquierda y socialdemócrata); Morena (izquierda); Somos México (centro democrático) y PAZ (conservador), estos dos últimos, de reciente registro.

Aun sin ser docta en historia, civismo o política, como ciudadana me atrevo a opinar que tener un patrimonio, bien sea una empresa, un coche, una cuenta bancaria o tener una carrera universitaria, no es algo malo, como muchas veces nos hacen creer.

Se señala a la ultraderecha y al neoliberalismo como las calamidades del país, donde se ve por los intereses de unos cuantos y no por el pueblo.

En México, el neoliberalismo fue adoptado como modelo económico-político de 1982 (Miguel de la Madrid) y hasta 2018 (Enrique Peña Nieto) y en este periodo se negoció un acuerdo comercial con nuestros vecinos del norte lo que permitió que una mayor variedad de productos llegara a nuestras casas.

Se privatizaron empresas del Estado no prioritarias, crecieron las exportaciones y se contuvo la tasa inflacionaria. En la educción se introdujo la carrera magisterial, se revisaron planes de estudio y hubo más infraestructura educativa.

Bajo ese satanizado neoliberalismo también se crearon instituciones que mejoraron la credibilidad y confianza de los ciudadanos en las autoridades.

Ya existían las becas, los apoyos a grupos vulnerables y la atención a la salud que actualmente se promueven como innovación.

Hoy, que el ojo del huracán se centra en el escándalo de los exámenes cancelados en la UNAM, no dudo hacia donde irá el discurso oficial institucional.

No digo que éramos un país perfecto porque males como corrupción y opacidad estaban latentes, pero sí sé que estábamos, entre todos, gobierno, partidos políticos, organizaciones civiles y ciudadanos, construyendo un mejor modelo de país y de administración pública, con contrapesos y división real de poderes.

Más que determinada corriente política, lo importante es la voluntad de hacer las cosas y hacerlas bien, no permitir que crezca la delincuencia organizada, no manejar datos a modo para hacernos creer en obras que además de costosas, o están inconclusas o están mal hechas. No crear "cajitas chinas" para distraer a la opinión pública.

México pierde cuando no queda claro hacia dónde va el dinero, cuando el bienestar no llega, o llega a unos cuantos; cuando la justicia es selectiva; cuando la censura se vuelve un principio rector de quienes ostentan el poder y cuando los resultados no son los esperados.



« El Porvenir »