Opinión Columna


Íbamos a ser Dinamarca, pero la realidad nos superó


Publicación:20-10-2026
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México estuvo a punto de convertirse en Dinamarca en materia de salud, así se repitió por años desde el discurso oficial. Lo que inició como un compromiso de gobierno, desde una comunicación institucional inflada de expectativas, acabó revelando un engaño más y un proceso de comunicación que mantuvo la mentira a pesar de que la realidad siempre demostró que la farsa era evidente.

El teórico de comunicación de la Universidad George Washington, Robert Entman, dice que el mensaje no sólo selecciona ciertos aspectos de la realidad para hacerlos visibles, sino que moldea la forma en que la ciudadanía evalúa el éxito o el fracaso de una política pública. En este caso, el poder eligió la excelencia nórdica para, con narrativa, tratar de elevar la realidad del sistema de salud mexicano.

La construcción de este relato no fue fortuito. Se desplegó mediante un patrón de amplificación de mensajes que se liberaban desde las conferencias matutinas de Palacio Nacional, en el sexenio anterior, y culminaba con el discurso que aseguraba que el sistema mexicano terminaría siendo mejor que el danés.

Sin embargo, la brecha entre la expectativa construida con promesas y narrativas falsas y la experiencia real de los pacientes del sistema de salud pública, representaba la combinación perfecta para el colapso de la credibilidad. Cuando la retórica choca contra la falta de insumos médicos básicos, la saturación hospitalaria, las protestas de personal médico y administrativo pidiendo insumos y condiciones laborales básicas, confirman que las filas de espera interminables superan la narrativa y el discurso oficial, los cuales pierden su capacidad de persuasión y quedan expuestos como una promesa incumplida, como un engaño más.

Analistas en reputación y estrategia gubernamental coinciden en que el error de origen radicó en la creación de una realidad reputacional que nunca existió, más que en el mensaje de comunicación en el que se insistía en estar bien "re que te bien", mientras que la experiencia del servicio de salud decía otra cosa.

La narrativa del "estamos mejor que Dinamarca", siempre fue contradictorio a la realidad. Los derechohabientes pasaron de recibir mensajes propagandísticos a vivir el desmantelamiento del Seguro Popular, luego del Insabi y finalmente del IMSS-Bienestar. Como bien apunta el politólogo y especialista en comunicación de gobierno Mario Riorda, este tipo de discursos operan bajo la lógica del "mito de gobierno", en donde la construcción de una épica simbólica busca reemplazar la eficacia de la gestión pública, provocando que la ideologización de los mensajes termina por colapsar estrepitosamente cuando se enfrenta a los resultados tangibles.

Frente al evidente fracaso de la promesa de ser como Dinamarca, la narrativa oficial apostó al olvido de las personas, a las promesas de lograr un éxito que fue meramente retórico, en lugar de corregir la narrativa y acompañarla de decisiones serias y responsables. La contención de daños nunca llegó ni en el discurso ni en la práctica. Las recientes marchas y protestas del personal del IMSS, con una carga de demanda sindical, evidenciaron que las comparaciones internacionales siempre fueron absurdas.

No obstante, la comunicación oficial ha confirmado que se ha perdido la confianza y que una vez que ésta se va, no se recupera modificando el tono ni sustituyendo megaproyectos simbólicos como la megafarmacia por discursos de moderación. En palabras del experto en reputación corporativa e institucional Paul Capriotti, cuando la imagen intencional proyectada por una organización difiere drásticamente de la realidad, la brecha comunicacional destruye el activo más valioso de cualquier entidad, que es la credibilidad institucional.

La lección que deja la narrativa fallida de Dinamarca es muy clara; las metáforas aspiracionales y las frases efectistas jamás podrán reemplazar a los medicamentos para tratamientos contra el cáncer o las camas para recibir a más pacientes; ya que tarde o temprano la realidad termina por desarmar el mensaje y mostrar siempre la mentira.



« Alberto Martínez Moreno »