Opinión Editorial
La ley del talión
Publicación:24-08-2026
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Los acuerdos fueron creados para construir; no son un castigo
En el derecho romano, Ulpiano dejó asentada, en el Digesto (I, IV, 1), una máxima que resume buena parte de la lógica del poder imperial: Quod principi placuit legis habet vigorem, es decir: "lo que place al príncipe tiene fuerza de ley".
Bajo esa fórmula, la voluntad imperial podía convertirse en norma obligatoria —incluso para aliados y pueblos federados—, siempre revestida de una apariencia de legalidad. Con el paso de los siglos, particularmente durante la Edad Media y el absolutismo del siglo XVII, esta idea terminó convirtiéndose en una justificación del poder absoluto.
La lección sigue siendo vigente: cuando negociar significa simplemente aceptar la voluntad del otro, deja de ser cooperación y se convierte en subordinación. La historia romana y su herencia política demuestran que cuando los acuerdos se convierten en instrumentos de fuerza dejan de servir para construir regiones fuertes y terminan pareciéndose a una versión actual de la antigua máxima imperial.
Las actuales tensiones entre Canadá y Estados Unidos ilustran lo anterior. El anuncio de aranceles del 50 por ciento a bienes canadienses y la posterior decisión de Ottawa de responder dólar por dólar muestran un escenario que se parece más a un pulso de fuerza que a una negociación. Cuando los acuerdos comerciales empiezan a funcionar como una especie de ley del talión, se olvida que fueron creados para resolver diferencias, dar certidumbre y construir regiones más fuertes.
México observa este escenario con atención. Las negociaciones para renovar el T-MEC están en pausa y la postura de la presidenta Claudia Sheinbaum de fortalecer los vínculos comerciales y de cooperación sin subordinación ha sido clara en todo momento.
Esa visión resulta fundamental, porque mientras otros responden a las presiones con represalias, México apuesta por construir acuerdos que reconozcan la interdependencia de cada economía, pero también la dignidad y soberanía de cada nación. Y México, como integrante del T-MEC, tiene la responsabilidad de insistir en la visión de que los acuerdos están hechos para que una región entera pueda fortalecerse, no para que una nación gane una batalla.
Los acuerdos fueron creados para construir; no son un castigo. México tiene la oportunidad de ser la voz que recuerde, con firmeza y sin subordinaciones, que negociar no significa ceder, significa tener la inteligencia y la responsabilidad histórica para encontrar un camino que permita avanzar a las naciones y a los pueblos.
« Ricardo Monreal »



