Opinión Editorial
Redefinición
Publicación:10-08-2026
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En su ensayo "Nuestra América".
En su ensayo "Nuestra América", José Martí advertía que el destino de los pueblos no puede definirse copiando modelos ajenos. La verdadera independencia, afirmaba, se alcanza con la capacidad de pensar y actuar a partir de nuestras propias realidades, y no solamente con la ruptura política.
Hoy, cuando Colombia gira del progresismo hacia un gobierno de derecha, la advertencia de Martí cobra vigencia. América Latina enfrenta nuevamente el dilema entre seguir caminos trazados desde el exterior y construir un proyecto propio, arraigado en su historia, sus circunstancias y sus pueblos.
El viraje colombiano se suma a regímenes como los de El Salvador, Argentina y Chile, y forma parte de una tendencia global, que he venido analizando y sobre la cual abundo en mi libro "El péndulo político: el ascenso contemporáneo de las ultraderechas y las reacciones hacia la izquierda en Europa y América", que está próximo a publicarse.
México tiene la oportunidad de ofrecer un contrapeso progresista. La Cuarta Transformación, bajo la visión de la presidenta Claudia Sheinbaum y acompañada de una política exterior basada en el respeto, la autodeterminación de los pueblos y la defensa de nuestra soberanía, puede mostrar que existe otra manera de entender el poder y la relación entre las naciones.
En un continente donde la América reaccionaria está ganando terreno, nuestro país puede posicionarse como referente de un modelo distinto, capaz de impulsar la cooperación y la justicia social. La presidenta ha demostrado que la transformación es un proceso histórico que, por lo mismo, coloca al país en una posición ideal para contrarrestar la narrativa reaccionaria. Mientras otros liderazgos se inspiran y replican el estilo confrontativo que se utiliza desde Washington, México puede demostrar que el liderazgo progresista también es capaz de generar entusiasmo, confianza y resultados tangibles.
En esta coyuntura, todas y todos debemos acompañar este proceso, fortalecerlo y proyectarlo hacia la región. La historia nos ha enseñado que, cuando México asume su responsabilidad, América Latina avanza.
La América reaccionaria busca redefinir las reglas del juego político. México, con su proyecto progresista, puede redefinirlas también, pero en sentido contrario: hacia la inclusión, la justicia y la democracia. Esa es la verdadera batalla de nuestro tiempo, una batalla que no podemos ni debemos perder.
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