Opinión Editorial


La magia de los cuentos infantiles


Publicación:30-03-2026
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A iniciativa de mi padre, aprendí a leer desde muy pequeña.

A iniciativa de mi padre, aprendí a leer desde muy pequeña. Las mil y una noches, El Principito, Bertoldo, Bertoldino y Cacaseno, Mujercitas, La vuelta al mundo en ochenta días, Viaje al centro de la Tierra; la lista es extensa. No en ese orden, pero digamos que fueron mis primeros acercamientos a la lectura, a la fantasía y al desarrollo de mi imaginación.

Cuando ingresé a la escuela primaria, una buena parte de este listado ya formaba parte de mi colección personal; eran tiempos en los que no había intercambio de libros, audiolibros o ebooks. Quizá sea debido a ello que crecí amando el olor de la tinta y la sensación de tocar el papel.

Así conocí cada historia que Sherezada le contaba al sultán cada noche para entretenerlo y evitar ser ejecutada: Aladino, Alí Babá y los cuarenta ladrones o Simbad el Marino; toda una delicia adentrarme en escenarios orientales. Creo que podría pasar muchas líneas describiendo lo que cada libro, cada historia, me hizo sentir, cómo me transportaron a muy variados escenarios.

Pero hoy, a propósito del Día Internacional del Cuento Infantil, que se celebra el 2 de abril, me gustaría referirme a Hans Christian Andersen, autor danés en cuyo honor se instituyó esta efeméride, con la cual se busca despertar en la niñez el amor por los libros y la lectura como un hábito de vida. Fue instaurada en 1967 por la Organización Internacional para el Libro Juvenil, con la intención de que, a través de la literatura, potenciemos la imaginación, la creatividad y el desarrollo del lenguaje.

Cómo olvidar al Patito Feo, Pulgarcito, La niña de los fósforos —mi favorito— o El traje nuevo del emperador —este último me recuerda a tantos políticos—. El danés es una pieza fundamental de la literatura: la revolucionó al dotar a los cuentos de sensibilidad, una dosis de psicología al abordar temas complejos.

En momentos en los que la globalización y la prevalencia del mundo digital dominan, muchos apartan la lectura para dar paso a interminables horas viendo memes y fake news. De ahí la importancia de retomar hábitos que, además de detonar la imaginación y la creatividad, nos permitan adquirir un mayor acervo cultural, descubrir palabras nuevas y, por supuesto, favorecer el desarrollo cognitivo.

Libros infantiles y juveniles los hay para todos los gustos y géneros; es cuestión de abrirnos a la posibilidad de lo que nos pueden brindar: lo mismo Roald Dahl que Dr. Seuss, Maurice Sendak, Beatrix Potter, J.K. Rowling, Antoine de Saint-Exupéry, el propio Andersen o los hermanos Grimm, por citar solo algunos.

No estoy en contra de lo nuevo. Los gadgets nos ofrecen un mundo de posibilidades, pero hay que utilizarlos mejor, como para adentrarnos en algo tan maravilloso como la lectura. Y como padres, tíos, abuelos, hermanos, maestros o amigos, podemos dedicar algunos minutos a convivir con los más pequeños del hogar para desarrollar habilidades y conocimientos, y, todavía más importante, darles parte de nuestro tiempo para fortalecer su seguridad y crear lazos afectivos más sólidos, mejorando la comunicación y la convivencia familiar.



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