Opinión Columna


Tranquilos, apenas me registré


Publicación:16-10-2026
version androidversion iphone

++--

Hay puertas que se abren y compromisos que se quedan para siempre. En Miguel Hidalgo, cada persona que me ha recibido en su casa, cada conversación en un mercado y cada encuentro en sus calles me ha dado una razón más para seguir trabajando. Cuando alguien te comparte lo que le preocupa, también te entrega algo muy valioso: su confianza. Y esa confianza se honra dando la cara y cumpliendo.

Esta semana me registré para participar en el proceso de la Coordinación de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Miguel Hidalgo.

Y quiero empezar dejando algo claro: no estoy pidiendo permiso para participar en política. Estoy ejerciendo un derecho. Mi decisión no nació de una ocurrencia ni de una conversación entre cuatro paredes. Detrás hay casi dos años de trabajo territorial, de recorrer colonias, visitar mercados, escuchar a vecinos y regresar a las calles donde he asumido compromisos.

Por eso me parece legítimo hacer una pregunta: ¿qué es exactamente lo que incomoda de que una mujer joven decida dar un paso más? ¿Su edad? ¿Su decisión de participar? ¿O que no esté dispuesta a aceptar que otros determinen cuáles deben ser sus límites?

No espero unanimidad ni aplausos. La crítica es parte de la vida pública y quien aspira a asumir responsabilidades debe estar dispuesto a responder. Pero una cosa es cuestionar propuestas, resultados y trayectorias, y otra muy distinta es pretender descalificar una aspiración antes siquiera de discutirla.

Este 17 de octubre se cumplen 73 años del reconocimiento constitucional del derecho de las mujeres mexicanas a votar y ser votadas en elecciones federales. Es una fecha que merece algo más que discursos y felicitaciones.

Hermila Galindo, Elvia Carrillo Puerto, Amalia Castillo Ledón y tantas otras mujeres enfrentaron prejuicios, resistencias y estructuras de poder que pretendían mantenerlas fuera de las decisiones públicas.

Setenta y tres años después, sería contradictorio celebrar aquella conquista y, al mismo tiempo, cuestionar que una mujer ejerza libremente sus derechos políticos por razones ajenas a su trabajo y sus capacidades.

México tiene hoy a su primera mujer presidenta, Claudia Sheinbaum Pardo. Es un hecho histórico que amplió los horizontes de participación de las mujeres. Pero los avances no significan que hayan desaparecido todos los prejuicios ni que debamos guardar silencio frente a ellos.

En Miguel Hidalgo he conocido realidades que no caben en una consigna. He escuchado a madres preocupadas por la seguridad de sus hijos, a comerciantes que exigen mejores condiciones para trabajar y a familias que llevan años solicitando atención a problemas de sus colonias.

No voy a afirmar que he resuelto todos los problemas de Miguel Hidalgo. Sería falso. Pero puedo responder por el trabajo realizado y por los compromisos que he asumido.

Mi registro no me otorga automáticamente ninguna responsabilidad. Es el inicio de un proceso en el que participaré con respeto a sus reglas y a las demás personas que decidan hacerlo. Lo que no voy a aceptar es que una aspiración legítima tenga que convertirse en una solicitud de autorización ante quienes consideran que la política les pertenece.

Miguel Hidalgo no es propiedad de ningún partido, de ningún grupo ni de ninguna persona. Sus habitantes merecen que las distintas propuestas puedan presentarse, discutirse y contrastarse con libertad.

No estoy aquí para exigir un espacio ni para reclamar que me corresponda. Estoy aquí porque tengo el derecho de participar, la decisión de hacerlo y la responsabilidad de responder por mi trayectoria.

Las mujeres no conquistaron el derecho a ser votadas para que, 73 años después, alguien siguiera decidiendo por nosotras cuándo podemos dar el siguiente paso. Yo ya decidí darlo.

Donde la gente me quiera, ahí voy a estar. Y donde esté, voy a darlo todo.




« María Teresa Ealy Díaz »