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El encanto de la cigüeña

El encanto de la cigüeña


Publicación:06-04-2026
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Creo que la fecha, los momentos actuales son ideales para actuar en congruencia y concordancia con los mejores principios

¿Un día más o un día menos?

Olga de León G.

Puntos de vista o perspectivas diferentes son las que, al despertar cada mañana, a unos les puede sugerir pensar y decir que han vivido un día más y están a punto de vivir otro diferente, o quizás piensen que han perdido un día de vida, porque su día ha sido un tanto gris y sin mucho contenido. Hasta cierto punto pareciera que da lo mismo, pensar que se tiene un día más de vida, o se fue y no volverá, o que se ha ido y se tiene uno menos.  Pero, no. Pues, solo se trata de perspectivas diferentes: ¿una positiva y la otra negativa? Es como aquello del vaso de agua, ¿medio lleno, o medio vacío? Pienso que a los humanos se nos da con facilidad la contradicción y tendencia a complicar las ideas, los hechos y las cosas para hacer o vivir. Lo cual, por mi parte, no pienso que sea algo malo o negativo; al contrario, es una buena señal de que el cerebro funciona y estamos vivos.

Sin embargo, para los que contamos ya con más de sesenta o setenta años, esas cuestiones se vuelven importantes; nadie quisiera vivir menos ni más de lo que con buena o relativamente buena salud y un estado de ánimo fortalecido en las experiencias y actividades que realizamos nos permitan seguir en el mundo sin dar ninguna o muy poca lata a nuestras familias. Después de los setenta, eso es una bendición y la mayor recompensa que la vida nos puede ofrecer. Por lo mismo, debemos esforzarnos en ser ejemplo para las generaciones que vienen detrás y crear vínculos con ellos, lo suficientemente para ayudarnos mutuamente.

Ser o haber sido buenos padres debería ser el único requisito necesario para que los hijos, llegada la hora, cumplan con sus padres ancianos, ayudándolos a sentirse útiles, amados y necesarios, en el seno de la familia. Pero, esa no es la regla, por muchas razones. A veces, los padres les ocultaron a los hijos los sufrimientos y sacrificios que ellos pasaron, para darles todo cuanto pudieron. Y, eso no siempre funciona, no es muy bueno que los hijos no vean la realidad. 

Quizás, por eso, me admira y respeto profundamente los excelentes hijos, que están al pendiente de sus padres, cuando ya son mayores de edad. Y, sobre todo, que expresamente lo dicen; "no quiero que me dejes una herencia, ya me la dejaste en educación, ustedes, ambos, me dieron los instrumentos para poder vivir y defenderme de las vicisitudes que se presenten... Ustedes son libres de vender la casa e invertir en lo que deseen sus últimos años...": ¡Maravilla de hijos! Algunos tenemos mucha suerte.

Estos días de la Semana Mayor, días de recogimiento y reflexión, me hacen mirar hacia adentro y hacia atrás, aunque por lógica debiera ver solo hacia adelante.

Creo que la fecha, los momentos actuales son ideales para actuar en congruencia y concordancia con los mejores principios y una línea de vida superior. Todos vamos por el mismo camino, aunque algunos llegaremos más temprano que otros. Y, algunos llegaremos con la cabeza en alto y más o menos erguidos; otros un poquito aporreados, porque fue más duro el sacrificio de seguir viviendo, con poca salud: ¡Cuidémonos!, y enseñemos a que se cuiden, los que nos siguen.

En lo personal, no quiero vivir de más... Pero, tampoco de menos. He aquí el dilema, creo que nadie queremos morir, aunque sabemos que ese será el final de nuestra vida en este mundo terrenal. Siento que aún tengo mucho qué hacer y dar, que no he terminado mi obra... ¿Sabré cuando la haya concluido? O, ¿me sorprenderá el destino?

¿Cuántos días más viviré? Cada día que pasa, ¿es uno menos? Tal vez, lo mejor sea vivir sin pensar en la muerte; puede ser muy dañino. Cuando la enfermedad supera nuestras fuerzas, y rogamos porque el final de un ser muy querido, en mi caso, con quien forjé mi vida, se resolviera en un milagro, pero el milagro no llegaba; entonces, ambos nos rendimos y suplicamos porque su sufrimiento terminara. 

Un recuerdo que llevo cincelado en el alma y la mente es el del día en que mi esposo me dijo que ya había hablado con Dios -debo aclarar que él fue o creyó ser siempre, un libre pensador-. Le pregunté qué le había dicho, si le había pedido que realizara el milagro de sanarlo, y me contestó que no: ...le pidió, "que ya lo recogiera". Mis lágrimas rodaron y me abracé a él. 

Una Semana Santa termina, ¡ojalá!, hayamos aprendido algo bueno en estos días.

La batalla campal

Carlos A. Ponzio de León

Había asistido a una exposición, en el Museo, que abordaba temas relacionados con violencia y crimen: la vida en los márgenes; en las fronteras geográficas del norte y sur del país. Subí a una cámper junto a La Paloma, exhibida en el exterior: una linda camionetita blanca, vieja, con sillones sumamente desgastados, tapizados en rojo, (el color del amor, la pasión y la violencia), y utilizada por la artista en sus visitas a ciudades en la frontera de México con Estados Unidos, como Ciudad Juárez, atizada por la escaramuza y las drogas. En el interior del vehículo se exhibía un video de algunos tres minutos: niños drogados en colonias junto al Cerro de la Bola, famoso por su enorme mensaje pintado con cal: "La Biblia es la verdad. Léela". Los niños preguntaban a la cámara: "¿Cómo salimos?"

Debo decirlo.

También había acudido a talleres organizados por el Museo, principalmente de Fotografía y Escritura Creativa. Estaba al tanto de lo que se organizaba por ahí: recibía en el correo todo tipo de invitaciones a eventos culturales. También se me exhortó a acudir a un taller creativo en torno a la exhibición arriba referida, titulado: "Lo que queda: Confrontar la indiferencia". Leí el temario en el celular y al finalizar, escuché en silencio SU VOZ impecable: "La organicé para ti. Inscríbete".

El título había llamado mi atención, no porque la palabra indiferencia tuviera un significado importante en Economía, que lo tiene, sino por el significado habitual de esa palabra, como sinónimo de algo que carece de importancia. Llevo 32 meses en mi ciudad natal. Regresé por motivos que todos conocen: mis Padres. Me he encontrado, he saludado de mano, me he presentado y he intentado platicar con aproximadamente 320 personas que antes no conocía. Y durante casi tres años de estancia en mi ciudad natal, he sido completamente ignorado por nuevos y viejos conocidos. 

Era momento de confrontar la indiferencia.

Llegué al taller y lo primero que se nos entregó fue una libretita para tomar apuntes: para anotar las ideas que vinieran a la mente durante el curso. No era un block cualquiera; sino un cuadernito de notas de remisión. Es decir, una colección de papelitos comerciales utilizados para dejar constancia de la entrega de un bien o de la prestación de un servicio, para su subsecuente pago y facturación. También nos dieron, a los asistentes al taller, un lápiz y un borrador. Fue brutal. Brutal como la reciente interpretación que hace una cantante italiana de la canción "Mariposa Tecknicolor".

SU Voz me dijo: "Ahora, Papito, cobraremos lo que gratis venías a entregar al Mundo. Y agarras el lapicito y el borrador porque vamos a reescribir tu capítulo favorito de la Biblia. ¿Ya ves? Por algo fuiste economista. Comencemos fijando precios".

Brutal.

Y luego continuó: "Parece que, en tu Mundo, lo que se regala, no se aprecia; así es que comenzamos valorando nuestro trabajo".

En el taller, los asistentes habíamos tenido oportunidad de realizar obras de nuestra propia inspiración. Para la segunda y última clase, nos pidieron explorar y traer viejas fotografías de antaño. Pusieron a nuestra disposición diversos materiales plásticos: porcelana flexible para modelar, telas y pinturas, entre otras cosas.

ÉL me dijo: "Toma ese aro de bordado y cose en medio de su tela, una de tus fotografías. Luego me pidió fijar un botón y rayé el lino con un crayón rojo o marrón. Cuando terminé, SU VOZ me dijo: "Esa fotografía que recortaste y cosiste, simboliza la transición al Nuevo Cielo y a la Fuente de la Vida. El botón es símbolo de la angustia que has vivido durante tus vidas en la Tierra, y la tiza del crayón es tu sangre derramada".

Al concluir la clase, me dirigí al estacionamiento y justo antes de abordar mi auto, me dijo: "No, Papito, tú vas a tomar un taxi a un lugar cercano, aquí en el centro de la ciudad". Salí a la calle y abordé un auto rumbo a un cine extraordinario donde se presentaban películas especiales. Llegué a media función. ÉL me condujo por la oscuridad, a ciegas, hasta un asiento. Yo caminé con fe.

"Tranquilízate", me dijo.

Respiré hondo. Unos minutos después, escuché SU VOZ, como si retumbara en la sala entera: "Firma tu tela bordada como solo tú sabes hacer, con miel y leche de tu vaina, y tómale una foto. Este es el Lienzo de Nuestro Pacto. El Único y Realmente Verdadero Pacto Eterno que tengo con la Humanidad".

Salí. Regresé a casa.

Me dijo: "Límpiate. Tu piel es un Talismán Sagrado. Fluye. Las excepciones al precio las conocerás. Podrás proponer gente para el Libro, el Árbol y el Agua. Tomarás el lápiz y anotarás los nombres que el Consejo acepte".

 

 



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