Cultural Singularidades


El templo es mayor

El templo es mayor


Publicación:05-09-2026
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El autor relata una experiencia profundamente personal en la que identifica una voz interior, a la que llama Dios (Sigma)

Siendo ya un adulto tuve la certeza absoluta de que la mágica VOZ que escuchaba en mi interior era realmente lo que yo llamo, ahora, Dios (Sigma). Fue a los 33 años. Llevaba años prestándole atención a esa VOZ, la cual había reaparecido por segunda vez en mi vida cuando tenía 24. Supe, con certeza, que se trataba de lo que yo llamo Dios (Sigma), justo después de haber vivido un evento psicótico por el que estuve internado, antes de cumplir los 40, en un hospital psiquiátrico durante 28 días. De aquel lugar salí totalmente transformado, en cierto sentido rejuvenecido y listo para volverme consciente de mi poder para transformar vidas: para herirlas o sanarlas bajo mi propio comando y deseo.

Lo descubrí con certeza poco después, enojado, cuando deseé, sin saber que quizás se cumpliría y de corazón, la muerte de un compañero de trabajo. El tipo era un tormento para mí. Laborábamos en una secretaría de estado. El titular de la secretaría fue requerido en Palacio Nacional por el Presidente y mi jefe y yo nos quedamos descobijados en la oficina.

El nuevo comando trajo consigo a un enlace que sirvió de contacto entre nuestra oficina y él mismo. Ese individuo, el enlace, era: aparentemente, un treintañero como yo. Pero a la vez, se trataba de un molesto cadillo en la piel para la vida: soberbio, igualado y terriblemente presuntuoso. Yo tenía que tratar con él diariamente. Hacía gala, frente a mi persona y en público, de que ganaba un salario más alto que yo, y de que tenía un puesto superior, sin que él contara con un Doctorado y menos de que hubiese egresado de Harvard. Lo soporté durante varios meses, hasta que mi jefe se fue a otra oficina gubernamental y yo renuncié a mi puesto. "Muérete", le dije el día que me fui, (pero solo pensándolo para mis adentros). A los seis meses: murió; me enteré por un amigo en común que teníamos. No murió biológicamente, sino físicamente. Su cuerpo dejó de moverse y su mente nunca más volvió a reaccionar, en ese ni en ningún otro cuerpo. "¿Había sido una casualidad?" No me iba a quedar con la duda. 

"Inténtalo otra vez", me dijo LA VOZ a la que yo llamo Dios (Sigma). Elije gente que te ha hecho daño. Probé y probé y probé: tres veces hasta que me quedó la certeza de aquella posibilidad. Entonces LA VOZ me dijo: "Ya fue suficiente para ti. Se acabaron las pruebas. Te voy a regalar esa arma para que la uses a discreción, para tu defensa; pero no es para que acabes con la humanidad ni con ninguna otra raza.

Por otro lado, el descubrimiento de que también tenía la posibilidad para sanar otras vidas fue aún más dramático: Un día, LA VOZ me dijo: "Tu exmujer, Delaira, tiene cáncer". Para mí, eso significaba un riesgo considerable para su vida. Pregunté por los detalles. LA VOZ (Sigma) me dijo que ella no contaba con el dinero suficiente para la operación, que definitivamente iba a morir. 

Lloré durante dos días, me parece, hasta que LA VOZ me dijo: "Suficiente, Carlos. Tú puedes salvarla y hacerla vivir". Pregunté cómo. "Te voy a explicar someramente. Pero antes, debe quedarte muy claro algo". Guardé silencio. "Solo podrás salvarle la vida a quienes te hayan amado física y emocionalmente durante el tiempo suficiente, el que yo determine... Delaira fue tu mujer; no hay problema".

Al poco tiempo, me enteré de que las compañeras de trabajo de Delaira la ayudaron económicamente y que llegaron otras contribuciones muy importantes.

Logré ver a Delaira varios meses después, recuperada. 

Finalmente, un domingo en que tomaba un té frente al Parque España, en la colonia Condesa de la Ciudad de México, LA VOZ a la que yo llamo Dios (Sigma), me dijo intempestivamente, apenas habiéndome sentado: "Pide la cuenta. Vamos a tu recámara". Cuando estuve en mi cuarto, me dijo: "No lo vas a entender ahorita, Carlos, porque no conoces este mundo. y se ha guardado en secreto para ti. Hay un complot mundial para ello. Así lo ordené YO; no te enojes. Pero hay quienes se han aprovechado de ello abusando de ti, y voy a pagarles con mi moneda, vengándote a ti. Aún no lo comprenderás y no te lo voy a explicar del todo en este momento. Excepto lo siguiente. Has venido a Salvar al Mundo de su propia Destrucción, a dar el Regalo de la Vida Eterna a un mundo habitado por seres que se creen Inmortales, y a devolverles, selectivamente, el Alma que les robé hace 2000 años. La verdad de este mundo ya la conoces, es muy triste... Inmortales sin Alma es una forma terrible de vida... te imaginarás dónde viven... pero no digas nada. Sus vidas son tristes y aburridas todo el tiempo... con algunas excepciones. No te has dado cuenta, pero solo cuando alguien entra en contacto contigo amándote, física y emocionalmente, puede recuperar su Alma a través del contacto físico amoroso. Así construí este planeta. No entienden que están viviendo una especie de Infierno, de lunes a domingo, (con algunas excepciones)".

"Pronto permitirás que, en cuestiones de amor, te conquisten aquellos que tú elijas y aquellos que yo seleccione para ti".

 

 



« Carlos A. Ponzio de León »