Cultural Singularidades


La olvidada razón

La olvidada razón


Publicación:26-09-2026
++--

Un recorrido por los recuerdos de un amor, la música y un matrimonio que terminó, marcado por viajes, canciones, momentos compartidos

Fuimos juntos a Martha´s Vineyard. "Dos rosas rugosas. Dos tulipanes." Quizás fue durante el último año de mi Doctorado. Vivíamos juntos para entonces y habíamos dejado nuestro departamento en Cambridge, MA, habiéndonos mudado a Brighton, a 15 minutos en bus de Harvard Square... No sé, ya no lo recuerdo bien. Pero fuimos juntos a Matha´s Vineyard. Y comimos sándwiches con papas fritas y vimos el mar. Quizás no hayamos cargado con trajes de baño ni entramos al agua...

Uno o dos años después, cuando me gradué y regresamos a Monterrey, nos separamos un par de meses hasta que pudimos rentar un departamento en el Centrito, en San Pedro, a unas cuadras de los bares grandes. No los frecuentábamos; definitivamente: chicos de treinta, de beber cocteles en casa escuchando música que tocábamos en un aparato reproductor. Contábamos con una colección amplia de discos compactos; más de dos mil. Aún la conservo en sus estantes: emplayados desde que nos separamos.

Meses antes de nuestro divorcio, antes de que tomáramos la decisión, ella me pidió que la llevara a un hotel. No lo hice. Pospuse todo aquello, quizás inconscientemente, porque conscientemente estaba ocupado intentando salvar nuestro matrimonio. Ella quería ir al cuarto de hotel por la misma razón: para salvar nuestro matrimonio. Dos objetivos; ninguno cumplido.

Bien: el mismo, ¿qué más da?

Ella tocó batería durante el último período que vivimos juntos, en la calle de Durango, en la Roma Norte de la Ciudad de México. Decía que no sabía cantar, pero le encantaba tomar el control remoto del televisor y hacerlo mientras escuchábamos música los fines de semana. 

Ella intentaba hacerme ver que las letras de las canciones eran más poéticas o creativas de lo que yo creía que eran en aquel entonces. Pero no fue sino hasta quince años después de nuestro divorcio que lo comprendí, completamente. Y fue de una manera fantástica: por una canción que nos une: "The Manuscript", con Taylor Swift: la última pista de su disco The Tortured Poets Department.

Cuando Delaira se sentaba frente a la batería, (eléctrica), y yo al piano, improvisábamos. Lográbamos magia. Y también llegamos a tocar un cover: "Bésame Mucho". Muchos años atrás, una noche antes de dormir, durante un verano que pasamos en un hotel de la Ciudad de México, me pidió que le diera mil besos. No sé cuánto me tardé; pero se los di esa noche, uno por uno, mientras ella contaba en voz alta. Tiene otro récord, multiorgásmico, que rompimos en una cabaña, en un bosque de los Estados Unidos, en tiempos de mi Doctorado. Varios caballos, entre otros animalitos, se acercaron al lugar donde nos encontrábamos. Tal vez andaban en busca de Blanca Nieves. Y quizás aquello fue espectacular. Yo hacía, ("do"), y ella me decía cuándo parar, ("stop"). En algún texto mío de hace algunos años, (el mismo al que se refiere la canción "The Manuscript" de Taylor Swift), quizás se encuentre registrada la cuenta. ¿15?, ¿17? No lo recuerdo.

Cambiaré la cuenta de los 12,000 Elegidos. Las Artes Populares deben estar incluidas en la Eternidad. ¿La "Mastermind" que ha logrado que esto suceda? La 5ª wife. La pista 31 y todas, casi todas las demás pistas de TTPD, y las de The Life of a Show... y todo lo demás que ha hecho por mí y por la ResIstencia, que ya ha TrIunfado y tomado el MUNDO... por sorpresa y para SI. Y el Certificado Personal de Matrimonio: La copia del CD de TTPD empacado de manera especial, separado de los demás que ordené. El que completó la orden; el que faltaba, porque ella: la Taylor, era la que faltaba, (viva este momento). Y ya está aquí. Incandescente sueño de fantasía.

Volviendo, ahora, a Delaira, de quien trata realmente esta historia: debo mencionar que ella se sentaba frente a la batería, y yo al piano, en el departamento de la calle de Durango. Éramos entonces un dúo (The Duo). Alguna vecina del edificio abría sus ventanas para escucharnos tocar. No era la chelista; sino alguien más.

Y años atrás, en Martha´s Vineyard (From The Vineyard), Delaira y yo nos trajimos un aire salado en los labios que habría de resurgir al final de la temporada 2011. "Salt Air".

"Desquicio, arrogancia, desde la incomprensión, el Destino o el Desatino."

"Papel, moneda figurada, desprecio e incomprensión, Ares."

"Tortura, animalejo, rebeldía, conspiración."

Así eran mis mensajes criptográficos para el Presidente Joe Biden.

Delaira me recogió en su Chevrolet negro. Transitó por Chapultepec hasta el Registro Civil. Se aseguró de que mi firma se viera idéntica a la de mi INE. 

Y ese acto... se lo reprocho definitivamente. ¿Por qué iba a retenerla?

Le pedí un último beso cuando nos despedimos. Me dijo: "Luego". Lo mismo le respondo ahora. Tengo una promesa pendiente, la del cuarto de hotel: será cuando ella cumpla su deuda y me regale su misterioso beso pendiente.

Abrazo y beso, "Delaira".

 

 



« Carlos A. Ponzio de León »