Cultural Singularidades
La paz encendida

Publicación:22-08-2026
TEMA: #La paz encendida
Me duele verte con los huesos destrozados, con el corazón brutalmente pulverizado por culpa del misterio. ¿Quién iba a imaginar precio tan alto? Me duele verte tan verdadero, tan temporal, incandescente, calcinado bajo el fango. Me duele verte tan titilante por la mañana, tarde y noche. Lleno de miedo y herido de injusticia. Pero claro, también me alegra verte tan Jinete de Caballos Imponentes, tan Héroe de Cien Batallas y con la victoria final de la paciencia, diciéndole adiós a los putos y pinches mandamientos que otros tendrán que cumplir.
Me da gusto verte con el Corazón de una Fiera.
Los perdedores han dejado de creer en su victoria. Pegaso ha golpeado los cuatro puntos cardinales de la Tierra.
Veo tu mirada y es fuego: Una flama que trasciende la espina dorsal. Corona tu cabeza una diadema de múltiples gracias: contribuciones al Ajedrez, a las Matemáticas, a la Estadística, a la Física, a la Química, a la Biología, a los Negocios, a la Economía, a la Música, a la Literatura, a la Plástica, al Cine, a la Filosofía y a la Religión, entre muchas otras. Mi verdadero nombre: nunca, nadie, lo conoció.
Distingo a lo lejos ropas bañadas en vino, ebrias en ira y placer. Sin dolor ni gloria. Que allá se queden. Estos placeres sensuales son mi nueva carta de presentación.
Nombraré mis viejos logros. Un día, pude llegar a herir con herida de muerte a través de la palabra, cuando de mi boca salía una espada aguda. Fui mortandad. Pisé el lagar del furor.
Un día, una mujer me regaló una tolla con un mensaje bordado en dorado: Dios es Caridad. En aquel momento descubrí que en mis vestiduras podían leerse las iniciales: R. de R. y S. de S. Ahora, me desnudo, dejo caer mis ropas y camino a encontrarme con otras y otros y otres.
En New Haven, en la calle de Elm Street, (donde viven los adolescentes de la película "Pesadilla en la Calle del Infierno"), abrí puertas y ventanas: escuché rumores. Fue un viaje excepcional. Conocí documentos antiguos y una exposición titulada "Más mortífero que el virus". Experimenté el espacio de la arquitectura en algunos edificios de la universidad, entré a una iglesia y escuché el canto de una voz acompañada por un órgano. Conocí cuadros, pinturas aterradoramente hermosas, entre ellas, una de Van Gogh. Me emborraché con hadas y princesas que terminaron devastadas por los sueños, por gracia de tan solo unas cuantas botellas de vino. Comprendí, en un bar, la maldad de Maquiavelo. Tuve la certeza, por primera vez en la vida, de que no estaba totalmente solo... Escuché canciones. Nada estaba definido aún. Yo aún me debatía en el monólogo más famoso de la historia de la Filosofía y de la Literatura: "Ser o no ser, he ahí el dilema" (William Shakespeare, "Hamlet"). Aún no pensaba en Ofelia.
Pero no estaba solo.
Vine a desenterrar las obscenidades más bellas de la Biblia. Consolador, Bebedores de mi agua, mi leche no adulterada, mi fruto deseado, mi árbol de la vida. (Esto Es Amor para mí, ahora).
En su momento, el árbol iría adentro y afuera. La poesía regiomontana llevaba troncos. Vine a hablar de geografía y de cuerpo humano, de la relación tan antigua, como los textos mismos, entre el Cantar de Los Cantares y El Apocalipsis. Desde ese instante, y tan solo por un instante, unidos.
Pegaso, el caballo blanco alado de la mitología griega, nacido de la sangre de Medusa, el que representa la inspiración y la libertad, es el caballo que cabalgué de un lugar a otro en esta, mi primera nueva vida: de la poesía al cine, de la música a la conversación con el más allá, de la tragedia a la gloria. Fue el puente entre la tierra y el cielo. Caballo admirado por los dioses y cuidado por las musas, fue también portador del rayo y del trueno y por tanto de la lluvia. Con su paso anunció el día: el del surgimiento de la luz tras la oscuridad.
Mi viejo yo: Te suelto finalmente. Ve y anda por ahí con los pies descalzos, trepa un árbol, juega a las escondidas, siembra un rosal sin espinas.
Mi historia ya no cabe en los libros. Fui palabra, parábola, herida y consuelo. Dejo atrás ese eco. No necesito evangelios. Camino libre de profetas. Lo que viene es mi mundo, y el del que aprenda a amar sin miedo, a sanar sin permiso, a levantarse sin milagros. Que una parte de la humanidad viva bien y cambie y sea capaz de crear su propia luz... Yo voy, desde ahora, sin nostalgia, sin rozar la palabra esperanza.
A los que me esperaban: aquí estoy. Pero no vine a repetir la chingada personalidad que ya fui. Si eso aguardan aún, ahí les dejo sus pinches ritos y sus Iglesias. A mí me esperan fragancias de placer que se derraman en el camino.
El mundo, ahora, es el taller donde construyo mi propio Paraíso.
"Esto pone punto final, por el resto de la Eternidad, a la relación de la Humanidad con La Biblia. Con esto, la Historia de la Biblia ha concluidO". Punto. Y punto final. (Sigma).
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