Cultural Singularidades


Mínima expresión de belleza poética

Mínima expresión de belleza poética


Publicación:31-10-2026
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El texto reflexiona sobre la poesía, la esperanza y el paso del tiempo, entrelazando la imaginación, los recuerdos y la soledad

"Ver un mundo en un grano de arena,

Y un cielo en una flor silvestre;

El infinito, en la palma de la mano;

La eternidad, en una sola hora." 

(William Blake lo escribió en1803).

Junto a su encanto sonoro, tienen una Sincreción poética única, Blake logra que todo el universo físico y espiritual colapse y crezca dentro de una sola imagen diminuta. No se queda en un mero resumen de ideas; crea un nuevo cuerpo sólido donde el todo y la parte son exactamente lo mismo. En algunos de los textos de Borges, como en el Aleph, pareciera que hubiese leído y entendido perfectamente el estilo de Blake, identificándose plenamente con él.  

Y, que decir de la Sincreción de Walt Withman, cuando escribe: "Creo que una brizna de hierba no es menos que el camino trazado por las estrellas, [...] y que una mirada de mis ojos o un grano de arena puede rodear el universo."

"Un poema sincrético en ciernes" 

Una palabra puede contener al mundo; y una idea, al universo todo. 

Hagamos que las estrellas cubran nuestro techo; y las nubes nos protejan de los rayos del sol. 

Creamos en nuestro poder y 

capacidades, la esperanza, 

la que nunca muere.

Lejos o cerca nos acompaña en: 

las buenas y las malas.

Es la cobija de los pobres,

y el latido en los desahuciados.

Deja que tu intuición te guíe 

cuando la razón no habla, 

porque la ahoga el sentimiento

 y la emoción casi la mata.

El día se vistió de amarillo y

la noche de cielo azul. 

Mi sombra se confunde

con las tinieblas pintadas de gris.

Era un día cualquiera, un día que no existía, no en el mundo real; solo en mi imaginación y en tu pensamiento. Iba por la carretera, a pie y no en auto. Salí de una línea que escribí hace mucho, más de lo que cualquiera pudiese recordar. Miré hacia adelante, porque no podía ver a otra parte. Mis brazos colgaban a los lados de mi cuerpo, un cuerpo que me pesaba más de lo que podía pensarse. Quise detenerme y examinar el entorno: la soledad del camino y de mi vida toda. Paré sin detenerme, solo borré el futuro y me sostuve en pie. Alguien me vio y me llamó por mi nombre: ¡Mujer!, me dijo; pero yo no vi a nadie. No podía volver el rostro hacia atrás, y la voz parecía venir de allá, del pasado que otro día, hace mucho, viví.

Contuve la respiración y luego exhalé, como si quisiera demostrarme que seguía con vida y repasé lo que mi imaginación recordaba del ayer, inexistente ya, pero en sincronía con el futuro que la realidad me negaba. ¿A dónde van los muertos cuando aún no están del todo muertos? ¿A dónde...?

El día seguía allí, y yo con él entre mi pensamiento y mi locura, sintiendo el silencio y añorando la vida que viví entre sueños y líneas que un día existieron. Extendí mis brazos con las palmas hacia arriba y sentí el peso del ayer que yo creía muerto. Lo que mis manos sostenían era algo muy valioso, porque lo que más vale en la vida es lo que ya no está en ninguna parte... Y yo, lo tenía ante mi mirada y sobre mis palmas. Quise cerrar las palmas de mis manos, pero no pude... Ya no me pertenecían: estaban fuera de mi alcance, en el ayer que nunca más habrá de volver. Vive cada día con mucha pasión, sentimiento y alguna emoción... Porque ese día no volverá a tu vida, aunque no se perderá. Solo que ya no lo volverás a ver, ni él a ti, porque habrás cambiado.

Todo cambia (Heráclito), nada permanece igual. Amo el silencio y quisiera algún día convertirme en él... O, al menos, ser la sincronía de ese silencio que nunca alcanzo, y solo en sueños o en mi imaginación puedo vislumbrar por un instante, antes de partir hacia el más allá. Como cuando soñé que era el soplo de mi pensamiento, ese que salió de una línea hace mucho, pero realmente hace mucho tiempo, cuando estuve junto a Agripina buscando un lugar dónde pasar la noche en Luvina, el cerro de la soledad y el silencio. 

Donde las mujeres salen de madrugada para ir por agua mientras en casa, sus niños aún duermen y sus maridos no han regresado. 

Ellos se van para el Otro lado en busca del sustento que no tienen en Luvina (un cerro seco y árido como otro cualquiera de México). Y, regresan al año, como si fuera una "manda", siembran otro hijo en el vientre de sus mujeres y se vuelven de regreso al Otro Lado. ¿Qué país es este, Agripina?

 

 



« Olga de León »