Joven UDEM


Reivindican con Shrek la belleza interior y la autenticidad personal

Reivindican con Shrek la belleza interior y la autenticidad personal
El montaje en el Auditorio San Pedro se caracterizó por una ejecución coordinada de música y canto, donde las voces del elenco sostuvieron la carga emocional de cada número musical.

Publicación:07-05-2026

TEMA: #UDEM  

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Estudiantes y colaboradores montaron Shrek, el musical, una producción de su Departamento de Difusión Cultural, en el marco de la celebración del Día del Niño.

 

 

Esta vez el Auditorio San Pedro fue "invadido" por un indómito pantano, en medio del estricto régimen del reino de Duloc, durante la reciente temporada de Shrek, el musical, una producción del Departamento de Difusión Cultural de la Universidad de Monterrey

Las funciones se presentaron del jueves 30 de abril al domingo 3 de mayo, coincidiendo con las festividades del Día del Niño. 

La puesta en escena contó con la participación de estudiantes de nivel profesional y preparatoria, acompañados por colaboradores de la institución, quienes dieron vida a esta adaptación de la obra de David Lindsay-Abaire y Jeanine Tesori.

La narrativa, basada en la icónica película de DreamWorks Animation y el libro original de William Steig, tiene su origen profesional en Broadway, bajo la producción de DreamWorks Theatricals y Neal Street Productions. 

La versión de la UDEM logró trasladar ese espíritu a un despliegue técnico que destacó por su diseño de iluminación y una escenografía que permitió la transición fluida entre los diversos parajes fantásticos que recorren los protagonistas.

La historia se centró en la figura del ogro verde, Shrek, quien habita en soledad en un pantano, marginado por una sociedad que lo juzga antes de conocerlo. El desarrollo de la trama comenzó cuando su refugio se vio invadido por personajes de cuentos de hadas desterrados, lo que obligó al protagonista a emprender una travesía para recuperar su territorio. 

En este viaje, la obra exploró la dinámica entre el ogro y un burro parlante, cuya interacción aportó el tono humorístico constante de la pieza, además de que tuvo como contrapeso la divertida figura burlesca de Lord Farquaad. 

El montaje en el Auditorio San Pedro se caracterizó por una ejecución coordinada de música y canto, donde las voces del elenco sostuvieron la carga emocional de cada número musical. La propuesta visual no se limitó a los decorados, sino que se extendió a un vestuario detallado que permitió identificar a cada criatura del universo de Steig. Los elementos técnicos trabajaron en conjunto para recrear una atmósfera de fábula que mantuvo la atención durante toda la representación.

En el centro de esta aventura, Shrek aceptó la misión de rescatar a la princesa Fiona, un personaje que rompe con las convenciones tradicionales de la realeza literaria. A diferencia de las expectativas comunes sobre la fragilidad o perfección estética de las princesas, la Fiona presentada en el escenario mostró una personalidad compleja, lo que resultó ser un hallazgo inesperado para el ogro.

La obra planteó un subtexto crítico frente a la búsqueda de la aprobación externa y la acumulación de bienes materiales. A través del viaje de los protagonistas, se sugirió que el bienestar personal no depende de las posesiones ni del reconocimiento social, sino de la capacidad de establecer vínculos auténticos con los demás. 

La narrativa subrayó que los afectos genuinos poseen un valor superior a cualquier posición económica o jerarquía de poder.

Uno de los puntos clave de la representación fue el proceso de autoaceptación de los personajes. La puesta en escena transmitió que la verdadera esencia de un individuo reside en su integridad y valores, más que en su apariencia física. 

El musical también ofreció una relectura de los elementos clásicos de la fantasía: los hechizos no siempre se rompieron de la forma esperada, los seres considerados temibles encontraron la felicidad y los dragones descubrieron la capacidad de amar. Esta estructura permitió que las figuras marginadas por la narrativa tradicional tomaran el centro del escenario, celebrando la diversidad de formas y temperamentos en un contexto de respeto mutuo.

El ensamble logró equilibrar las coreografías con las exigencias vocales de la partitura de Tesori, manteniendo el ritmo necesario para una producción de gran formato. 

El nivel logrado de la puesta en escena fue el resultado de un trabajo coordinado bajo la dirección general y musical de Guillermo Palacios, quien lideró el proyecto para la producción de Rebeca Villegas. 

El equipo creativo se completó con la dirección artística de Alberto Familiar, cuya visión se sumó al trabajo de Renata Cantú, ambos como responsables de la ejecución de las coreografías que dieron dinamismo al escenario.

Por otro lado, el talento interpretativo de estudiantes y colaboradores fue guiada por la dirección vocal de Alfredo Garza y la dirección actoral de Sebastián Báez.

 



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