Opinión Editorial


Ecosistema de talento: el reto joven


Publicación:13-08-2026
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Este escenario plantea un desafío multifactorial para la empleabilidad de los jóvenes

Se estima que alrededor de 800 mil jóvenes concluirán sus estudios de licenciatura en México durante el ciclo escolar 2025-2026 y, como es de esperarse, buscarán incorporarse a un mercado laboral que hoy exige mucho más que un título universitario. Aunque muchos comienzan su transición hacia el trabajo desde antes de egresar, al concluir sus estudios aspiran a encontrar oportunidades acordes con su preparación y expectativas de desarrollo.

De acuerdo con OCC, durante 2025 se publicaron más de 482 mil vacantes formales, principalmente en las áreas de ventas, administración, tecnologías de la información, logística, manufactura e ingeniería. Si bien estas cifras reflejan una demanda sostenida de talento especializado, también evidencian los desafíos para incorporar a una generación cada vez más numerosa de profesionistas.

Una parte importante de los egresados deberá abrirse camino mediante esquemas distintos al empleo tradicional, como el emprendimiento, el trabajo independiente o nuevas modalidades de colaboración. Paradójicamente, mientras miles de profesionistas buscan empleo, muchas empresas enfrentan dificultades para cubrir posiciones especializadas. Las mayores oportunidades se concentran en áreas como Tecnologías de la Información, Ingeniería, Manufactura, Construcción, Salud, Administración y Negocios, impulsadas por la digitalización, la automatización y el nearshoring.

Sin embargo, siete de cada diez empleadores en México reportan dificultades para encontrar el talento que requieren, lo que evidencia una brecha entre la formación académica y las necesidades del sector productivo. Este escenario plantea un desafío multifactorial para la empleabilidad de los jóvenes. Para las instituciones de educación superior, más que ampliar la cobertura, resulta indispensable fortalecer la pertinencia de la formación académica para responder a un mercado laboral en constante transformación. Ello implica actualizar programas de estudio, desarrollar competencias técnicas y habilidades transversales, así como preparar a los estudiantes para desempeñarse tanto en empleos formales como en esquemas de trabajo cada vez más flexibles. Una oportunidad para avanzar en esa dirección es ampliar los modelos de educación dual.

La colaboración entre universidades y empresas permite que los estudiantes desarrollen experiencia práctica antes de egresar, comprendan mejor las dinámicas del mundo laboral y fortalezcan competencias difíciles de adquirir únicamente en el aula. Al mismo tiempo, las organizaciones pueden identificar, formar y atraer talento desde etapas tempranas, reduciendo la brecha entre la formación profesional y las necesidades reales del mercado. Sin embargo, la responsabilidad no recae únicamente en las universidades. Las empresas también deben reconocer que las expectativas de las nuevas generaciones han cambiado y, por consiguiente, alinear sus procesos laborales a los nuevos perfiles.

Hoy los jóvenes no eligen un empleo solo por el salario; buscan oportunidades de aprendizaje, desarrollo profesional, flexibilidad y equilibrio entre la vida personal y laboral. Asimismo, valoran trabajar en organizaciones con propósito y cuyos valores sean congruentes con los suyos. De acuerdo con la Encuesta Global Gen Z y Millennials 2025 de Deloitte, el 89 por ciento considera que la misión de una organización influye en su satisfacción laboral y cuatro de cada diez han rechazado un empleo o renunciado a un trabajo por no compartir los valores de la empresa.

El gobierno, por su parte, tiene la responsabilidad de fortalecer las condiciones que favorezcan la generación de oportunidades. Además de impulsar una mayor vinculación entre el sector educativo y el productivo, debe promover políticas que faciliten la creación y consolidación de nuevas empresas, fomenten el emprendimiento y estimulen la innovación, ampliando así las opciones para los nuevos profesionistas.

En última instancia, el éxito de las nuevas generaciones no radicará únicamente en la acumulación de títulos o en la suerte de hallar una vacante. Dependerá de su capacidad para adaptarse, aprender y reinventarse en un entorno dinámico. Esa adaptabilidad requiere de universidades dispuestas a evolucionar, empresas dispuestas a comprender los nuevos perfiles y un gobierno que facilite las condiciones para innovar.

La empleabilidad no es una carga individual, sino una tarea compartida; asegurar que el talento joven encuentre rumbo es la única vía para garantizar el futuro y la competitividad del país.

Leticia Treviño es académica con especialidad en educación, comunicación y temas sociales, leticiatrevino3@gmail.com




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