Opinión Editorial


Bienvenidos al mundial. Disculpen las molestias


Publicación:11-06-2026
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Obras inconclusas, marchas, vialidades saturadas y una ciudadanía molesta forman parte de los festejos del Mundial

Se llegó el día y México no está del todo listo. Obras inconclusas, marchas, vialidades saturadas y una ciudadanía molesta forman parte de los festejos del Mundial de fútbol y de la bienvenida a turistas y delegaciones deportivas en las sedes mexicanas.

La clase política, aun sabiendo desde 2018 que seríamos coanfitriones, las obras fuertes iniciaron hasta 2024 e hizo lo que mejor sabe hacer: prometer. No hubo planeación ni previsión; sólo malas decisiones, negociaciones deficientes y una escasez presupuestaria que obligó a contratar deuda para realizar un evento cuyo legado difícilmente cumplirá con las expectativas. Al final, se entrega apenas lo mínimo operativo, si acaso, junto con un programa turístico, artístico y cultural que responde al ánimo de opacar las omisiones. Una vez más, los políticos vendieron esperanza y confianza, un saldo que la ciudadanía debería recordar en futuros momentos electorales.

México no será la excepción en la historia deportiva. Brasil 2014 es el caso más citado por sus retrasos: de 12 estadios prometidos sólo seis se entregaron a tiempo, y de 56 obras de movilidad apenas se concluyeron 12. Deficiencias similares quedaron documentadas en Sudáfrica 2010 y Rusia 2018. Pero el mal de otros no es consuelo. En justas como esta, con más de 5 mil millones de espectadores y derramas que superan los 10 mil millones de dólares, la política es inevitable.

A la lista de rezagos en infraestructura se suma un entorno de marchas y polarización. El Mundial será un escaparate para visibilizar problemáticas sociales; la convocatoria de la CNTE a movilizarse el día de la inauguración, con la posible suma de otros colectivos, confirma que los reflectores globales serán un medio de presión a favor de las causas ignoradas por el Estado. Todo esto podría explicar la decisión de la presidenta Claudia Sheinbaum de no asistir a la ceremonia inaugural; prefiere evitar el riesgo de una "rechifla" ciudadana que contraste con sus narrativas de aprobación.

La apertura es uno de los momentos de mayor exposición global y la presencia de la jefa de Estado no es un trámite menor. Es respeto institucional hacia los invitados y hacia los propios ciudadanos. Cuando un país abre las puertas de su territorio en un evento como este, corresponde a su máxima autoridad dar la bienvenida. Por ello, la ausencia presidencial es una omisión que pesa en una jornada que debería convocar al orgullo nacional de estar en casa.

Aun así, reducir el Mundial a controversias políticas e infraestructura incompleta sería injusto. El fútbol es un lenguaje universal que une familias, despierta sueños y abre conversaciones en la mesa, la oficina y la escuela. Incluye valores como la disciplina, la perseverancia, la lealtad y el trabajo en equipo, fortaleciendo vínculos comunitarios con una naturalidad que pocas actividades logran construir. Aunque el negocio mueva miles de millones de dólares y la pasión a veces derive en fanatismo, su esencia sigue siendo humana, cultural y de memoria colectiva

Por eso, mientras los gobiernos deben responder por lo que prometieron y la sociedad tiene el derecho de exigir cuentas, también es válido rescatar el espíritu de un festejo que pertenece a la gente y no a los gobernantes en turno. 

La fiesta ya está aquí, con todo y desafíos, sostenida por el entusiasmo de una afición que merece un respiro de las tensiones diarias. México tiene hoy la oportunidad de mostrarse al mundo sin propaganda ni negación de sus problemas, sino desde la autenticidad de un pueblo hospitalario que reconoce sus retos. Más allá de las controversias, el Mundial sigue siendo una celebración y hoy, como anfitriones, nos corresponde demostrarlo y disfrutarlo.

Leticia Treviño es académica con especialidad en educación, comunicación y temas sociales, leticiatrevino3@gmail.com




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