Opinión Editorial


El Mundial 2026: ¿Legado real o espejismo urbano?


Publicación:19-03-2026
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Mantener el equilibrio entre el brillo del escaparate mundialista y la atención de las necesidades básicas es el desafío fundamental

Ser sede de la Copa Mundial de la FIFA 2026 plantea una pregunta inevitable para Nuevo León: ¿qué quedará cuando los reflectores se apaguen y la euforia del torneo sea solo un recuerdo? En la narrativa oficial, el legado suele asociarse casi automáticamente con la obra pública. Sin embargo, ampliar las líneas del metro, renovar la flota de camiones o modernizar el aeropuerto son proyectos que responden a la necesidad urgente de movilidad, con o sin Mundial. Estas obras son, en realidad, deudas históricas con una metrópoli que ya no puede esperar.

Esto no significa que la obra pública sea incapaz de constituir un legado. Al contrario, la infraestructura se convierte en patrimonio cuando abona a la vocación de la ciudad y refuerza la identidad de su población; cuando se convierte en un estímulo para preservarla. La experiencia internacional muestra, por ejemplo, que en las olimpiadas Barcelona 92 se recuperó el frente marítimo de la ciudad y en Londres 2012 se regeneraron zonas industriales para convertirlas en parques y vivienda. En ambos casos, la obra no fue un simple despliegue técnico, sino una decisión que redefinió la relación del ciudadano con su entorno.

Para Nuevo León, un legado auténtico podría encontrarse en una estrategia de turismo patrimonial sostenible que beneficie directamente a las comunidades locales. Poseemos una riqueza que va más allá de la capital, pero que también la define: desde los Pueblos Mágicos de Santiago, Linares, Bustamante, Zaragoza y General Terán, hasta la espectacularidad de nuestras sierras. No podemos olvidar que somos la "Ciudad de las Montañas". Incluso tradiciones culturales profundas, como el territorio del Niño Fidencio en Espinazo, ofrecen un significado que atrae a miles de visitantes desde 1928 y que merece ser integrado con una visión de largo plazo.

Dada nuestra fortaleza industrial, otro ejemplo de legado sustancial podría ser un espacio que combine la memoria con el futuro; un centro del desarrollo empresarial que funcione como museo, pero también como incubadora y núcleo de tecnología para pequeñas empresas, rodeado de áreas verdes. El Parque Libertad hubiera sido un escenario idóneo para una obra de esta magnitud. Podría haber muchos otros ejemplos, sobre todo, aprovechando los avances en cultura, turismo y economía en el Estado.

Lamentablemente, la proximidad del evento y los tiempos de ejecución parecen no permitir ya el diseño de obras que representen una verdadera transformación para la comunidad.

Esta limitación temporal refuerza una preocupación ciudadana legítima: el riesgo de perder de vista lo esencial en medio de la prisa por cumplir con estándares internacionales. Una ciudad no se define solo por sus proyectos emblemáticos, sino por su funcionamiento diario. Vialidades congestionadas, baches, banquetas deterioradas y deficiencias en la limpieza forman parte de una experiencia cotidiana que no puede ser ignorada bajo la excusa de la gran inversión o magno evento.

Mantener el equilibrio entre el brillo del escaparate mundialista y la atención de las necesidades básicas es el desafío fundamental. El Mundial durará apenas unas semanas; el valor de esta oportunidad dependerá de nuestra capacidad para fortalecer un modelo de ciudad habitable los 365 días del año. 

El legado no debe ser una fachada impecable para el visitante, sino una estructura que transforme la memoria colectiva de quienes habitamos esta metrópoli. Ante este despliegue de recursos, cabe hacernos una última pregunta: ¿nuestra obra pública pasará como referencia histórica de transformación cívica?

Leticia Treviño es académica con especialidad en educación, comunicación y temas sociales, leticiatrevino3@gmail.com





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