Opinión Editorial
Modales
Publicación:29-04-2026
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Minimizar las faltas para no parecer autoritarios ha generado un círculo donde las sanciones se suavizan y las conductas indebidas se normalizan.
"Si un hombre se deja tentar por un asesinato, poco después piensa que el robo no tiene importancia, y del robo pasa a la bebida y a no respetar los sábados, y de esto pasa a la negligencia de los modales y al abandono de sus deberes"
Thomas De Quincey
Decíamos apenas hace un par de días que de repente se nos empezó a quitar (aunque fuese en apariencia) lo medio salvajes y comprendimos que era necesario cambiar la manera de formar a las nuevas generaciones y sobre todo de coexistir en este mundo.
Para lo anterior comenzamos a poner atención a las causas que detonaban conductas indebidas, pero sin darnos cuenta fuimos relajando la forma en que visualizábamos y poníamos en práctica correctivos en forma de "efecto" para evitar su propagación. Así, terminamos en un círculo vicioso en el que al sentirnos culpables por no poder satisfacer la mayor parte de las causas, minimizamos los efectos y cada vez los castigos, sanciones y penas se fueron reblandeciendo.
Y una cosa fue dando pie a la otra, así, sin percatarnos, sin darle mucha importancia.
Todavía hace algunos años éramos educados en el hogar (se educa en casa, se instruye en el aula), bajo medidas de disciplina, orden, obediencia, respeto y reglas claras; cumplir con nuestros deberes no era optativo, sino obligatorio, colaborar en las tareas diarias del hogar era parte de nuestras funciones y al crecer ayudar económicamente al gasto un deber.
En la mayoría de los casos no eran necesarios los castigos físicos o de otro tipo, porque con la simple mirada uno de tus padres te controlaba y te quedabas más quieto que una estatua, sobre todo cuando sabías que estabas haciendo algo incorrecto. Aunque tampoco les temblaba la mano para cuando cometido algún exceso, era necesario reprenderte con una nalgada o un manazo, además de la temible "chancla voladora". Y sin embargo había muchos que ni así entendían...
Los tiempos han cambiado y decidimos que deberíamos darles a nuestros hijos "una vida mejor a la que nos dieron" y en ello ponemos todo nuestro empeño y esfuerzos, aunque sinceramente hay ocasiones en que dudo que estas nuevas formas sean "una vida mejor", porque quitarles responsabilidades, no insistir en fomentar sus valores y darles todo cuanto quieran, distan mucho de lo que se pudiese considerar como una real formación.
Mundo cambiante, hoy se perdonan muchas cosas que antiguamente se habrían satanizado. Hoy mentir no está tan mal visto, aún y cuando te tuerzan en la movida y te exhiban; hoy el respeto hacia los mayores se ha perdido por completo; hoy muchas mujeres exigen igualdad y cuando las quieres tratar de iguales te señalan como acosador y mil cosas más, jugando con las percepciones... hoy pareciera que retrocedimos porque no importa nada ni nadie, soy yo, primero yo, después yo y al final yo, como Darwin, la teoría del más fuerte.
Hace unas semanas me topé en internet con una entrevista a un tipo que con un cinismo bárbaro mentía en una ciudad que muchos nos conocemos y resulta más que sencillo el darse cuenta del engaño. En el diálogo el tipejo aseguraba que en un momento dado los Tigres de futbol soccer contrataron a una empresa de Head-Hunters para nombrar a un presidente y que fue él quien resultó mejor evaluado, por lo que le ofrecieron el cargo, a pesar de su plena identificación rayada, como sí pasó con Mario Castillejos.
En la misma entrevista el irrespetuoso, igualado y mentiroso, dijo textualmente: "No, muchas gracias, les haría más daño que bien... dile a Lorenzo que muchas gracias", refiriéndose al Ing. Lorenzo H, Zambrano.
Y es aquí donde uno dice, es que hemos perdido todo. ¿Ahora resulta que así se llevan? ¿Lorenzo?
Insisto, creo que estábamos mejor antes, con un chanclazo y un manazo, pero con más valores y más respeto. Modales señores, modales.
« Francisco Tijerina Elguezabal »



