Opinión Columna


¿Y la planeación?


Publicación:16-08-2026
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D  on José, junto con su esposa y dos hijos, forma una familia que vive al día. Sin embargo, apremia ampliar la vivienda, que hasta ahora consta de un par de habitaciones y anhelan, además, hacer un viaje de fin de semana a un destino playero.

De los cuatro integrantes de la familia, don José y Lucy, la hija mayor, trabajan. Pero además de los planes para mejorar su vida y disfrutar del fruto de su trabajo, no pueden olvidarse de pagar los servicios, los alimentos, el transporte diario y la matrícula del hijo menor, que cursa la secundaria.

¿Cómo le harían don José y su familia para cristalizar sus sueños? Siendo sensatos, nadie se pondría a ampliar la vivienda sin saber cuánto costará o cuánto tiempo llevará levantar las nuevas estructuras.  De entrada, sin duda, hay que "apretarse el cinturón", establecer prioridades, y, en resumen, planear.

La planeación la utilizamos de manera cotidiana y aplica tanto al ámbito personal como al organizacional. 

Planear funciona como ruta para organizar los recursos disponibles, definir tiempos para cumplir cada objetivo y evaluar los avances. Esta evaluación permite saber si vamos bien, si debemos corregir el rumbo o rediseñar las acciones planteadas.

Con mayor razón, en el servicio público las cosas no pueden ser diferentes.

Hay una enorme cantidad de notas periodísticas y análisis de organizaciones civiles que han documentado los sobrecostos de obras como el Tren Maya, la refinería Dos Bocas o el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, (AIFA). 

A ellos se suman los señalamientos de organizaciones ambientalistas, como Greenpeace, sobre los impactos de algunos de estos proyectos.

A nivel estatal podemos citar los daños a la infraestructura del drenaje pluvial atribuidos a las obras de la Línea 4 del Metro. Sumemos a ello que, en la prisa por entregar los trabajos para el Mundial, se trabajó en diferentes frentes a la vez, y provocando incontables molestias a los automovilistas por el estrangulamiento de importantes vialidades. No le digo nada que no sepa o que no haya sufrido.

La Copa del Mundo ya concluyó, los trabajos del Metro y el caos vial continúan.

Para ejercer el gobierno se requiere planeación estratégica, un proceso que define el rumbo de durante un periodo determinado, y permite establecer con claridad qué se quiere lograr, para qué, en cuánto tiempo y con qué recursos financieros, humanos, materiales y tecnológicos, por decir lo menos.

Disto mucho de declararme amplia conocedora de la planeación estratégica, pero, sin ella, ¿cómo saber si se va por el camino adecuado? ¿cómo anticipar cambios y evaluar los resultados?

Planear significa definir objetivos, prever tiempos, calcular recursos, anticipar impactos y establecer indicadores que permitan corregir el rumbo. Si una obra comienza sin haber resuelto los elementos antes citados, difícilmente puede asegurarse que hubo planeación estratégica.

Si a don José le ganaran las prisas y no planeara la ruta a seguir, seguro comenzaría a edificar sin el visto bueno de arquitectos, ingenieros y albañiles. Lo construido podría no sería seguro y, tarde o temprano, rehacerlo todo le costaría más caro.

Gobernar no se trata de construir primero y resolver imponderables después. Una obra tampoco se ejecuta de manera aislada, sin analizar el entorno donde se construye. 

La ausencia de planeación no solo provoca caos y molestias. Hoy ese "pequeño gran detalle" demuestra algo más serio: el costo de improvisar lo terminamos pagando quienes vivimos en la zona metropolitana de Monterrey.





« Nelly Cepeda González »