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La Voz del Papa

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Publicación:29-08-2026
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"El mal no se combate con el mal": el llamado de León XIV ante las tragedias del mundo

Jorge Reyes

Ante las tragedias del mundo, el Papa León XIV llamó a no combatir el mal con el mal y a construir una civilización basada en el amor.

El Papa León XIV aseguró que pese a las tragedias que prevalecen en el mundo actual, el mal no se combate con el mal e hizo un llamado para que, siguiendo el ejemplo de Jesucristo, en la tierra se instaure la ley del amor, que es la ley de la vida.

Al reunirse en la ciudad de Rimini, San Marino, con los participantes en el 47 Encuentro por la amistad entre los pueblos, el Santo Padre aseguró que ante el falso realismo que existe es fundamental que los fieles católicos se unan para enfrentarlo con el "realismo de la misericordia".

"Seguir a Jesucristo después de las tragedias y los nuevos comienzos del siglo XXI implica, de hecho, una conciencia lúcida: el mal no se combate con el mal. Como en el cielo, así también en la tierra el amor es la ley de la vida, el método de la redención, del Mesías crucificado.

"Al falso realismo, que rearma las mentes, las palabras y las naciones, la cultura católica debe oponer hoy el realismo de la misericordia, según el cual no pueden existir enemigos y todos, incluso los adversarios, son hermanos y hermanas a quienes mirar a los ojos y con quienes encontrarse en la verdad", subrayó.

Durante la visita pastoral que realizó el 22 de agosto de 2026, el sucesor de San Pedro aseveró que, si bien es cierto, que el pecado existe, "es más fuerte el amor redentor de Cristo, que nos exige a purificar los pensamientos, los intereses, los hábitos, las relaciones, los proyectos, las inversiones —cada aspecto de la vida— de todo aquello que la cultura del poder ha contaminado".

Desenmascaremos las relaciones injustas de poder

De la misma manera, el Papa convocó a los asistentes a trabajar para desenmascarar todas aquellas relaciones injustas de poder que son la raíz de la pobreza y que financian los negocios de la muerte que fomentan las guerras y destruyen la casa común.

En este sentido, León XIV les aseguró que todos ellos cuentan con las capacidades, la responsabilidad y los recursos necesarios para ponerlos al servicio de una auténtica conversión del pueblo, a fin de preservar "la propia gloria, la propia dignidad" y evitar que la influencia forme parte de nuestros sentimientos.

"Liberemos, pues, la convivencia de la desconfianza, la cultura de la prepotencia, la educación de la ideología, el trabajo de la idolatría del lucro, y la tecnología y las finanzas de los negocios de la muerte. Empezando por las organizaciones que hemos creado y en las que trabajamos, desenmascaremos las relaciones injustas de poder, que son la raíz de la pobreza y las desigualdades, de la guerra y de los desastres medioambientales. Desarmemos el desarrollo tecnológico cuando se vuelve omnipresente y destructivo", invitó.

El Pontífice indicó que para realizar esta ardua tarea "se necesitan pioneros valientes que, empezando por su propio cambio de rumbo, hagan convincente y creíble la conversión que se exige a todos", por lo que los instó a que "no haya sólo quienes aviven el fuego del cansancio y la desesperación; ¡que haya también quienes reaviven los sueños y las visiones!".

Lo anterior, subrayó el Vicario de Cristo, porque esos dos caminos son incompatibles, porque el primero de ellos se aprovecha de la división, la alienación y la desesperación, mientras que el segundo está al servicio del Reino de Dios y de su justicia.

Construyamos la 

civilización del amor

El Obispo de Roma aseguró que los jóvenes voluntarios son la prueba de que el futuro es una promesa, no una amenaza, pese a que muchos adultos y "entre sus contemporáneos", no lo creen así. Sin embargo, aseveró, ha quedado demostrado que en silencio, "el amor que mueve el sol y las demás estrellas" sigue impulsando la esperanza.

Por ello, el Papa los instó a construir "la civilización el amor", pues subrayó que el amor mueve, impulsa, despierta del letargo, suscita nuevas vocaciones y llama a arriesgarse, por ello los animó a "ponerse en juego" y abrirse a una verdadera catolicidad, ampliando sus vínculos más allá de cualquier pertenencia demasiado limitada.

"Que el Movimiento, los grupos y las comunidades sean un trampolín desde el que se lancen de lleno a toda la realidad. Combatan aquello que quiera alejarlos de sus hermanos y hermanas de diferentes culturas, sensibilidades y procedencias, especialmente de los más pobres. Al contrario, ¡salgan al encuentro de todos!", indicó.

"En cualquier lugar del mundo", concluyó León XIV, "sobre todo en los márgenes y entre quienes sufren, encontrarán a quienes ya están dispuestos a construir la civilización del amor. No permitan que nadie menosprecie esta palabra, que es el nombre mismo de Dios: Dios es amor. En el amor nunca hay coacción ni adoctrinamiento; nunca hay seducción, engaño ni reclutamiento. El amor sólo existe en la libertad, en el encuentro vivo, en la entrega generosa de uno mismo". 

 

 



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