Opinión Editorial


Mundial 2026: Esperanza de respeto


Publicación:02-04-2026
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El folclor es una manifestación de identidad que cohesiona a un pueblo a través de sus tradiciones, el insulto colectivo es una práctica de exclusión.

México se encuentra en la antesala de ser una de las sedes del Mundial de Futbol 2026 y, al igual como se está trabajando a marchas forzadas para cumplir con los requerimientos logísticos y de infraestructura, nuestra cultura cívica de respeto tanto en las tribunas como en las calles debe ser ejemplar.

El famoso grito homofóbico está lejos de ser parte del folclor mexicano. Mientras que el folclor es una manifestación de identidad que cohesiona a un pueblo a través de sus tradiciones, el insulto colectivo es una práctica de exclusión que fractura la convivencia. Puede haber muchas explicaciones de este, pero la realidad representa una agresión que denosta la dignidad.

El futbol fue, hasta hace unos años, un deporte predominantemente masculino. De ahí que ofender la masculinidad sea un agravio fuerte entre los hombres. Utilizar términos que pretenden asociar al hombre con la debilidad o la cobardía mediante estereotipos de género es una práctica que lleva la intención de ofender e intimidar. Responde a una estructura cultural de burla y jerarquía que refleja prejuicios arraigados, reafirmando una visión de poder a través de la degradación del otro.

Por otra parte, al utilizar términos peyorativos sobre la orientación sexual para intentar debilitar al portero en su despegue, la masa refleja una discriminación sistemática que no tiene cabida en una sociedad moderna. Desde un enfoque profesional, este fenómeno se explica a través de la desindividuación, un proceso psicológico donde el individuo pierde el sentido de la responsabilidad personal al sentirse protegido por el anonimato de la multitud y el consumo desinhibidor de alcohol. Fuera del contexto mexicano, esta conducta carece de sentido y solo proyecta una imagen de atraso.

El origen de esta conducta se remonta a 2004 durante un partido de repechaje entre Pachuca y Cruz Azul, cuando la afición local comenzó a corear el insulto de forma masiva, una práctica que lamentablemente se viralizó hasta convertirse en un estigma para el fútbol mexicano a nivel internacional. Lo que inició como un intento de desconcentración en un estadio local se transformó en una conducta sistemática que ha obligado a los organismos internacionales a intervenir de manera drástica.

El uso de esta práctica ha convertido a la Federación Mexicana de Fútbol en la entidad más sancionada por la FIFA a nivel global. Hasta la fecha, se estima que México ha pagado más de dos millones de dólares en multas acumuladas y ha enfrentado al menos tres vetos de estadio, obligando a la selección nacional a jugar a puerta cerrada en encuentros oficiales. Estas cifras y castigos deportivos evidencian que el problema ha trascendido lo anecdótico para convertirse en una crisis de reputación institucional que el protocolo de la FIFA, implementado con rigor desde 2014, no ha logrado erradicar.

Esta problemática de intolerancia se compara con los cánticos racistas en las ligas europeas o los gritos xenófobos en diversos torneos sudamericanos. Al igual que en esos casos, el reglamento actual permite desde la suspensión temporal del encuentro hasta la pérdida de puntos si la expresión persiste. Sin embargo, estas consecuencias parecen no importar a un sector del público que valida la discriminación bajo el refugio del grupo.

Resulta paradójico aspirar a la máxima vitrina del deporte global cuando persisten conductas que contradicen su espíritu de unión. La designación como sede mundialista debe ser el reflejo de una sociedad inclusiva y ejemplar. Esto implica no solo erradicar el grito, sino transformar nuestra interacción en las tribunas: desde el respeto al himno y la bandera del oponente, hasta el trato digno hacia la afición visitante y las autoridades del juego.  

Al final, debemos demostrar la calidad personal para honrar la hospitalidad que presumimos, siendo capaces de respetar al otro en el espacio más básico de convivencia deportiva.

Leticia Treviño es académica con especialidad en educación, comunicación y temas sociales, leticiatrevino3@gmail.com




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