Opinión Editorial
Participación ciudadana
Publicación:27-04-2026
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La participación ciudadana es un mecanismo que denota que las personas están al pendiente de los problemas sociales.
La participación ciudadana es un mecanismo que denota que las personas están al pendiente de los problemas sociales, se involucran para incidir en las decisiones de la autoridad y cooperan para alcanzar mejores resultados; a mayor participación, mayor democracia.
El exgobernador de Nuevo León, Jorge Treviño, creía en el involucramiento social: "todos estamos obligados a realizar una amplia labor para que la siembra de nuestros esfuerzos nos lleve a cosechar buenos frutos".
Sostenía, además, que habría progreso en la medida en que se construyera confianza, hablando de cara al pueblo, y se lograra la unión de las fuerzas políticas, las instituciones y la sociedad.
"El primer deber de un gobierno es hablar con la verdad; solo una visión real de los problemas puede llevarnos a soluciones justas", decía.
Gracias a la evolución de muchas de nuestras instituciones, hoy contamos con órganos autónomos que han propiciado esa participación, la cual se plasma en el artículo 35 de nuestra Constitución.
La participación social se refleja de manera sustancial en las elecciones presidenciales; según el Instituto Nacional Electoral, supera el 60 por ciento. Sin embargo, en consultas —como la relacionada con el proceso judicial— no alcanza ni el 20 por ciento.
Y aunque tenemos un marco normativo que nos permite echar mano de mecanismos como el presupuesto participativo, las consultas populares, la revocación de mandato, las contralorías sociales e incluso las candidaturas independientes, en el día a día prevalece la desmotivación, especialmente entre los jóvenes, quienes en cualquier charla de café muestran abiertamente su reticencia a participar en asuntos que perciben como políticos.
Si bien en México hay cada vez más personas mayores, cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía indican que entre el 25 y el 30 por ciento de la población es joven, es decir, alrededor de 30 millones de personas entre 15 y 29 años.
Un buen porcentaje recibe becas cuyos gastos no se ven obligados a comprobar; otros sí se enfocan en la preparación de su futuro: estudian, trabajan, apoyan en casa, pero no encuentran respuesta a grandes demandas sociales como la seguridad, la problemática de las personas desaparecidas, el transporte, las vialidades en mal estado o las constantes disputas entre fuerzas políticas.
Y mientras políticos como Jorge Treviño promovían hablar con la verdad, hoy aparecen cantamañanas que venden una realidad distorsionada: un sistema de salud supuestamente exitoso, sin desabasto de alimentos, con grandes inversiones y una movilidad de primer mundo.
Creo firmemente en la participación de las personas en la vida pública, tanto en los gobiernos como en las comunidades, porque es lo que realmente impulsa la transformación.
Creo que el cambio está en nuestras manos: exigir que la clase política cumpla y que, si no lo hace, haya consecuencias.
Aunque hoy parezca que predico en el desierto, mi llamado es a no cansarnos ni de denunciar lo que está mal ni de trabajar para ayudar a otros.
No tengamos miedo: si hay que cambiar, cambiemos. Ya hemos demostrado que el empuje social es exitoso cuando nos ponemos de acuerdo.
Recordando al Papa Francisco, a poco más de un año de su fallecimiento, hagamos propias sus palabras: la indiferencia es más peligrosa que el cáncer y "no nos cansemos de hacer el bien, porque, si no desfallecemos, cosecharemos los frutos a su debido tiempo".
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