Opinión Columna


Reventadores de marchas


Publicación:20-10-2026
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No confundamos: es importante separar la

queja narcisista de la justa reivindicación [...] es común

que el quejoso se valga de la nobleza de las justas reivindicaciones sociales para

enmascarar su exagerado amor-propio.

Jorge Forbes

Luchas y marchas legítimas se encuentran con reventadores, cuyo objetivo es deslegitimar las protestas justas y pacíficas, para así que el Estado pueda justificar la entrada de las fuerzas del orden, incluso, en algunos casos, la intervención extranjera. Finalmente, ¿quiénes se benefician política y económicamente con la desestabilización de una sociedad? ¿Quiénes arman y financian a los grupos de choque?

Así como la democracia se basa en el diálogo abierto, la representación política y la participación responsable de la ciudadanía, las posturas autoritarias —que bien pueden darse tanto en la derecha como en la izquierda— se caracterizan por lo extremo de la situaciones en las que buscan operar, en la desestabilización; responden a la lógica del "no hay tiempo que perder, esto es un asunto de seguridad nacional", que casi, cual estado de excepción, se impone la cancelación del diálogo y de las garantías individuales bajo el pretexto de que sólo así se tendrá la paz y la seguridad; su premisa es radical: sólo podemos estar más seguros cuando estemos más vigilados.

Por supuesto que los disturbios y saqueos durante las protestas que claman por justicia (laboral, educativa, salud, vivienda, migración...) no se relacionan con los planteamientos de quienes ejercen su derecho a protestar legítimamente por condicionas más dignas y justas en dichas materias. El problema está en los grupos de choque, reventadores financiados o espontáneos "freelance" quienes, ocultos bajo el anonimato de una máscara, ejercen una violencia sin sentido que simple y sencillamente rechaza el diálogo y busca delinquir, llevándose de encuentro a quienes si desean poder dialogar sus propuestas y llegar a una atención y solución pacífica y justa a sus demandas. Se equivocan quienes creen que las protestas violentas son expresión de aquellas equiparables a la revolución francesa o a las luchas en pro de la justicia de cualquier nación. No, en este caso se trata de un ejercicio acéfalo de ir contra todo orden, rechazando el diálogo, robando, dañando, intentando matar.

En toda protesta existen clamores de justicia, como los de agua limpia e insumos médicos, dos de las grandes protestas en curso en México, que pueden encontrarse con reventadores que, como decíamos, busquen conducir la protesta por otra vía, rayando en la criminalidad; quienes protestan tienen que estar advertidos de esto y, como se ha hecho en muchos casos, localizar a esos elementos y diferenciarse, pues no suman nada a su Causa, sino todo lo contrario, le permiten al Estado no responder a las demandas y convertir un ejercicio democrático, como lo es protestar, en un acto criminal. 




« Camilo E. Ramírez Garza »