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Opinión Editorial


Amenazas directas y veladas


Publicación:04-12-2024
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¿A qué le habla la amenaza? A la noción de seguridad/inseguridad rígida que habita en cada persona

Los problemas de hoy derivan de las soluciones de ayer

Peter Senge

“Si no haces x, entonces te sucederá y”, “Si en 24 horas no me deposita el dinero, entonces las cosas escalarán y no volverá a ver a su familiar”, “Había una vez un niño que hizo lo mismo, luego se enfermó gravemente y murió”, “Bueno, yo te lo digo por tu salud, porque me interesas, pero como gustes, allá tú”, “En la vida es sumamente importante que siempre se realice lo siguiente…. a fin de que las cosas puedan funcionar y no terminen en una tragedia” … con un largo etcétera. 

¿Qué tienen en común estas expresiones? Todas ellas funcionan, de forma directa o indirecta, como amenazas. Además de contener un truco interno –al estilo de las contra llaves del jiujitsu– que plantea una supuesta manera de salir bien librados de las calamidades que la amenaza porta: “a no ser que usted haga lo siguiente…” En ese sentido, son conservadoras, por no decir ingenuas, intentan leer el mundo a través de una lógica lineal: “si no haces x, entonces sucederá y”, apostando a que la realidad es única, indivisible y causal. Les pasó de noche el cambio en ciencia respecto a la simple asociación de variables. La ciencia no explica causas y efectos, no dispone de los medios para ello, a lo mucho reporta asociaciones de variables en la aparición de tal o cual fenómeno, a la espera de ser contrariado por nuevas evidencias. 

¿A qué le habla la amenaza? A la noción de seguridad/inseguridad rígida que habita en cada persona, a la ilusión de considerar que finalmente algo o alguien sabría qué hay que hacer para evitar un determinado mal, cómo hacerse inmunes a los peligros de la vida, cómo conocer las fórmulas ganadoras de las relaciones, el trabajo, los negocios… ¡el amor! 

Dichas “lecturas” de la realidad buscan tocar el cuerpo afectándolo a través del miedo, la vigilancia y el control, la idea escatológica de la purificación, del fin de los males del mundo, de la erradicación del dolor, la tristeza y el sufrimiento. Por ello el fraude, la extorsión y la seducción comparten una estructura: tocar una noción intima para “hacerle creer” a quien escucha el mensaje, que “eso” que se dice podría suceder/evitarse. Es decir, son mensajes que están confeccionados a través de los mecanismos que entran en funcionamiento en la superficie aguda del chiste, la poesía, la publicidad… ¡los sueños! ¿Por qué será que los humanos somos tan susceptibles e influenciables a vernos afectados por dichos mecanismos?

“El cuerpo humano es un regalo del lenguaje” ha dicho, y con justa razón, Jacques Lacan. Es decir, el cuerpo no sólo es efecto, sino también está conformado, afectado por el lenguaje, al igual que por las imágenes de éste y del mundo circundante que lo construyen y condicionan. Con la salvedad que se tiene un cuerpo, pero no se es el cuerpo, no se es al menos el cuerpo que se cree tener imaginariamente, aquel que se cree único e indivisible, consistente. Todo lo contrario: es precisamente porque el mundo y el cuerpo que habita en el mundo humano son incompletos y en relación que se busca completarlos, interpretándolos, interviniendo en ellos. Y como el miedo, el terror y la angustia, tocan el cuerpo de manera directa, no sólo por su potencial daño, sino –y he ahí la paradoja humana—porque lo entusiasman de una manera torcida, afectándolo, sacándolo del tedio, vía el daño que pudiera desencadenarse a partir de un acontecimiento que interrumpe el sueño seguro/inseguro de la repetición y la muerte marcada, es que capturan la atención con su efecto de resonancia excesiva que transgrede límites, lo mismo si se dice que acontecerá una tragedia, como si se intenta colocar un objeto en venta, a través del “sólo por ser usted y hoy, obtendrá un descuento….” Al tiempo que se tiene la sensación de estar más completo y seguro, hasta el nuevo aviso de su correspondiente fracaso y el surgimiento de un nuevo salvador/aterrorizador.




« Camilo E. Ramírez »