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Opinión Editorial


El entusiasmo como política


Publicación:29-01-2025
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La política responsable basada en el entusiasmo busca reconocer derechos en los ciudadanos para que puedan trabajar y vivir en condiciones dignas

Dijimos: nunca más. Y ahora, monstruosa, se repite la historia

José Emilio Pacheco

El entusiasmo responsable como política es una postura que se puede enfrentar al miedo como política que busca operar a través del miedo y el terror en los ciudadanos. 

En la jerga psicoanalítica de Melanie Klein, el miedo como política implica proyectar lo propio malo no reconocido en el otro diferente, en el extraño, para desde ahí buscar darle exclusión y no integración, la convivencia con el semejante.

La política de impacto que está desenvolviendo Donald Trump tiene las marcas de una política de miedo, aislacionista, de confrontación directa, radical, que no busca el generar acuerdos, diplomacia, beneficios mutuos, sino miedo. Su lógica es el ataque, la sanción económica. 

Si bien son tiempos de transformación también lo son de “fuera mascaras”, finalmente muchas personas dejan de simular y comienzan a expresar sus verdaderas posturas. En cierta forma es un beneficio que lo políticamente correcto pierda relevancia, pues los debates pueden tener lugar a través de posturas diversas, en un clima, que si bien en estos primeros días de enero, ha estado caracterizado por medidas extremas en contra de los principios de la diplomacia internacional, tenderá a la estabilización. No olvidemos que siempre que un gobierno llega al poder de manera cuestionada, inicia con grandes medidas para buscar legitimarse; en este caso, el “sacar” a los supuestamente malos de un “país”. Ya podrán ver el efecto económico, laboral y político de tales medidas. 

En lugar de integrar, de hacer oficial, de llamar a las personas que han migrado a ponerse en regla, para así disponer de ciudadanos participativos que se integren formalmente a la vida y economía norteamericana, han optado por la confrontación y la expulsión, por el odio y el rechazo, en lugar del dialogo y el acuerdo. El problema es que los efectos de esa violencia estructural se dejarán sentir en los próximos años. El gobierno norteamericano siempre ha estado renuente a reconocer que bajo la apariencia de esa supuesta violencia directa incluso de menor escala (crimen, tráfico, migración…) han estado recibiendo, de manera invertida, la misma violencia que ellos han producido y desencadenado previamente, tanto en su mismo territorio como en otros países, sobre todo en centro américa, como lo que sucede con los países europeos con respecto a las naciones del continente africano. 

La política responsable basada en el entusiasmo busca reconocer derechos en los ciudadanos para que puedan trabajar y vivir en condiciones dignas. El problema es que eso es mal visto por el poder, quienes prefieren disponer de clientes y empleados listos para ser explotados para pagar a sobre precio por todos los bienes y servicios que las grandes corporaciones imponen con complicidad de los Estados, en lugar de ciudadanos con derechos, participativos, que apuesten por la responsabilidad, la creatividad y, sobre todo, por el entusiasmo.





« Camilo E. Ramírez »