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Opinión Editorial


Búsqueda de reconocimiento


Publicación:27-05-2025
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El reconocimiento en el que se basa la existencia humana tiene dos dimensiones

“La perfección no existe... el éxito es cagarla en tus propios términos”

Guillermo del Toro

Desde el principio fue el reconocimiento: nuestra existencia se produce gracias y a través del reconocimiento que alguien realiza a nuestra inicial existencia. Sin ese reconocimiento nuestras vidas caerían en el vacío, moriríamos a las pocas horas de haber llegado al mundo. 

Ya después, en el transcurso de nuestras vidas, se podrán producir —o no— diferentes versiones y actualizaciones de dicho reconocimiento, que, de alguna manera, tendrán en común un reconocimiento a la singularidad, a tener una vida diferenciada, única, que pueda expresarse en sus términos, caminar su propio camino.

El reconocimiento en el que se basa la existencia humana tiene dos dimensiones: por un lado, el reconocimiento de la dimensión biológica organizada por necesidades, y, por el otro, el reconocimiento simbólico, base del amor: “Tú eres mi hijo/a”, que nutre y da un sentido a la existencia, para que esta pueda inscribirse en una lógica de sentido, que permitirá que esa misma persona pueda no sólo sobrevivir, sino habitar un contexto de significado, hacer, digamos, del mundo su mundo. Cuando esta condición no tiene lugar, cuando una vida llega al mundo sin ser atendida, sin recibir un si definitivo, sino muchos no rotundos o velados, la persona puede experimentar desorientación, pérdida de referentes, incluso, quedar atrapada en una tendencia hacia la autodestrucción. En esas situaciones, emprender un psicoanálisis puede ofrecer a esas personas la posibilidad de atravesar tales dificultades, al tiempo que inventan una posición singular desde la cual pueden reconocer algo diferente, sostenerse e inventar una vida singular de acuerdo con sus gustos, formas de pensar, existir…en sí, hacer algo diferente con lo que vivieron.

Pero ojo, la búsqueda de reconocimiento no puede convertirse en una meta de vida: permanecer buscando el reconocimiento y aprobación de los demás haría que se viva una vida atrapada en las expectativas de los otros, bajo la premisa: si cumplo lo que el otro quiere de mí, entonces ese otro siempre me amará y yo podré ser-para-alguien. Hay que hacer una aclaración: en cierta medida, buscar cumplir con las expectativas de los demás, jamás se consigue, ya que, si la propia persona muchas veces no puede darse cuenta del todo respecto a lo que ella misma quiere, lo que está dispuesta a reconocerse, cómo vamos a esperar que sean los demás los que dicten quién se es y qué se tiene que hacer para cumplir con ciertos objetivos de vida. Un absurdo y vano esfuerzo vivir de esa manera. 

Como usted, que está leyendo estas líneas, quizás ya podrá haber intuido: en la vida no sólo es necesario, sino de vital importancia, el poder transitar del reconocimiento del otro —en el que se sostiene la vida desde sus comienzos —hacia un reconocimiento propio de la singularidad que cada persona representa para sí misma. Para la mayoría de las personas esto no es nada fácil ya que, por un lado, caminar el camino propio implica, en cierta manera, el riesgo de perder los referentes de las supuestas expectativas que se cree que los demás colocan, al tiempo que se crean referentes propios, con el riesgo que eso siempre implica, no sólo de fracaso, sino sobre todo de éxito y compromiso con aquello que supuestamente se desea. 





« Camilo E. Ramírez Garza »