Opinión Editorial
El río siempre reclamará su cauce
Publicación:31-08-2026
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Los fenómenos meteorológicos que hemos sufrido nos han obligado a reconstruirnos como sociedad, a cambiar la fisonomía de nuestra ciudad
La nuestra es una tierra de altos contrastes. Hoy sabemos que podemos vivir años de sequía severa, pero también inundaciones torrenciales que arrasan todo a su paso.
Una de las mayores tragedias de que se tenga memoria en Monterrey –y quizá la primera inundación de la ciudad que acaparó espacios en la prensa internacional- ocurrió en 1909. Por aquella época lo que hoy conocemos como huracanes eran documentados como "lluvias torrenciales".
Agosto de 1909 inició con chubascos, pero lo realmente catastrófico llegó a final del mes, los días 27 y 28, cuando estas lluvias desbordaron el río Santa Catarina, un afluente que históricamente divide a la ciudad en dos.
El saldo estimado de la tragedia fue devastador: alrededor de 5 mil personas perdieron la vida y la ciudad quedó prácticamente incomunicada por la destrucción de infraestructura ferroviaria y telegráfica. El icónico puente San Luisito, recién restaurado, fue arrasado por las embravecidas aguas.
Lo que hoy conocemos como colonia Independencia, prácticamente quedó sepultado hasta la zona donde se ubicaba la iglesia de Guadalupe.
El Monterrey de 1909 contaba con una población aproximada de 78 mil habitantes. Basta contrastar esa cifra con la magnitud de la tragedia para dimensionar uno de los episodios más dolorosos en la historia de nuestra amada ciudad.
En 1988, conocimos -y muchos atestiguamos- la tragedia del huracán "Gilberto" que, según cifras oficiales, dejó 200 muertos y 300 mil damnificados. Luego vinieron "Alex", "Alberto" y otros más. La lista se haría larga.
Podríamos decir que hemos aprendido de nuestras tragedias, pero yo añadiría que lo hemos hecho a medias.
Hoy se construyen dos nuevos puentes peatonales sobre el río Santa Catarina cuya finalidad, dicen las autoridades, es conectar las avenidas Constitución y Morones Prieto con las estaciones de la Línea 4 del Metro. Estos pasos se construyen a la altura del Hospital del Issste y la Torre Rise.
No quiero ser aguafiestas, pero justamente por ello decía que hemos aprendido las lecciones a medias.
Los fenómenos meteorológicos que hemos sufrido nos han obligado a reconstruirnos como sociedad, a cambiar la fisonomía de nuestra ciudad.
A "sombrerazos" hemos aprendido que no podemos construir absolutamente nada sobre el lecho seco del río. Esto se ha cumplido hasta ahora, no lo niego, pero no debemos caer en exceso de confianza.
Sí, existen otras infraestructuras a lo largo del río, como el Puente vial Atirantado y otros de índole peatonal a la altura de San Pedro, que han sabido sobrevivir a diferentes embates meteorológicos.
Diversos estudios sobre el río Santa Catarina han advertido ya sobre los inconvenientes de ocupar su lecho y los riesgos que implica reincidir en la invasión de un espacio natural que, aunque durante largos periodos permanezca seco, recupera su condición de cauce en crecidas de agua.
Por ello, entre más le "robemos" al río, entre más le carguemos al ecosistema –recordemos que además de los puentes, se ha impactado la vialidad con el viaducto del Metro que corre paralelo al cauce-, resulta legítimo preguntarnos si no estamos incrementando también los riesgos ante una futura crecida.
El río siempre reclamará su cauce.
Me queda claro que las circunstancias de 1909 y 2026 no son para nada parecidas, empezando por aquellos 78 mil habitantes que contrastan con los 5.3 millones de personas que ya registraba la mancha urbana en el Censo del 2020. No obstante, los problemas y, sobretodo, las amenazas naturales prevalecen.
El filósofo español George Santayana escribió en 1905 que "aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo".
Más de un siglo después, Monterrey tiene suficiente historia documentada para saberlo.
El río Santa Catarina nos ha recordado una y otra vez que puede permanecer seco por meses o años y hacernos creer erróneamente que lo hemos "domesticado".
Es válido modernizar la ciudad, mejorar su movilidad, pero no podemos perder de vista las lecciones que la naturaleza nos ha ido dejando.
« Nelly Cepeda González »



