Opinión Editorial


Gracias, don Diego


Publicación:21-09-2026
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Este domingo, Monterrey, la ciudad capital del estado de Nuevo León, celebró nada menos que 430 años de su fundación

Este domingo, Monterrey, la ciudad capital del estado de Nuevo León, celebró nada menos que 430 años de su fundación.

Don Diego de Montemayor, capitán español, logró en el tercer intento fundar la ciudad; antes que él, el portugués Alberto del Canto lo intentó en 1577, pero los constantes ataques de los pueblos originarios impidieron que fructificara la misión. Luego, en 1582, el portugués Luis Carvajal y de la Cueva llegó junto con familias de origen sefardí a asentarse en la región, pero fue procesado por la Inquisición y murió en prisión y, tal como le sucediera a Del Canto, la comunidad indígena le hizo, si me permite el término coloquial, la vida de cuadritos.

Ya en 1596, el panorama pintó diferente para De Montemayor quien bautizó a nuestra tierra como Ciudad Metropolitana de Nuestra Señora de Monterrey, en honor a quien fuera el virrey de la entonces Nueva España, Gaspar de Zúñiga y Acevedo, conde de Monterrey.

De las tres fundaciones hemos forjado nuestra personalidad como regios. Y aunque, en sentido estricto regios son sólo los originarios de la ciudad capital, quienes vivimos o nacimos en los municipios metropolitanos, nos sentimos tan regios como el que más.

Al vivir muy lejos del centro del país y semisecuestrados entre desiertos, valles y montañas, nos hemos desarrollado con conductas, hábitos y tradiciones muy particulares, especialmente de resiliencia. Hay especialistas que vinculan las costumbres de las familias sefardíes con las herencias culinarias de la carne seca, la carne asada y el cabrito ya que, se dice, eran cómodos de preservar y pasaron a ser parte de nuestra gastronomía insignia, lo mismo que los dulces de leche y las tortillas de harina.

Sí, también los climas extremos han generado una necesidad de frescura y el gusto hacia las bebidas de cebada.

Las mismas condiciones han forjado nuestra cultura de esfuerzo, trabajo y administración responsable del recurso, lo que a los ojos de muchos nos hace ver como "codos".

El hablar golpeado, dicen los historiadores, se lo debemos a la gente del campo, que debía comunicarse a gritos a distancias considerables; quizá ya no ocupemos comunicarnos igual, pero el tonito quedó arraigado y nos gana una serie de animadversiones gratuitas en el resto del país.

Hoy, si bien Monterrey cuenta con una población de 1.1 millones de habitantes, su zona metropolitana concentra 5.3 millones de personas cuyas edades fluctúan, predominantemente, entre los 15 y 29 años. Puro jovenazo por acá.

Somos, como regios y nuevoleoneses, de los que más aportamos al país: Nuevo León genera el 7.9 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) de México y nos consolidamos como uno de los principales motores industriales y de inversión en Latinoamérica.

Y si su apellido es Martínez, Hernández, Rodríguez, García o González, algunos de los patronímicos españoles más habituales, es bienvenido al club de los regios.

Pero si su apellido es Garza, de la Garza, Treviño, Cantú, Cavazos, Villarreal o Montemayor, ya estamos hablando de apellidos emblemáticos profundamente ligados a las primeras familias y a la historia colonial de la región.

Sí, podemos tener muchos problemas, estar apretados porque cada día somos más, padecer calores extremos y huracanes, pero es realmente un honor y todo un orgullo ser regio.

Felicidades por tus primeros 430 años, amada ciudad de Monterrey.




« Nelly Cepeda González »