Opinión Editorial
Rocha, la prueba de fuego para la 4T
Publicación:07-05-2026
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Entre la narrativa de la soberanía, la protección a correligionarios y el agradecimiento a AMLO, el país se ve comprometido
Claudia Sheinbaum gobierna desde el discurso, la omisión y la fidelidad a su antecesor. Entre la narrativa de la soberanía, la protección a correligionarios y el agradecimiento a AMLO, el país se ve comprometido; basta observar los indicadores en diversos frentes.
No se duda de su convicción en los principios de la 4T —afinidad que mostró desde su activismo juvenil—; sin embargo, no ha ejecutado un proyecto propio porque su propuesta implícita, así parece, es perpetuar "el movimiento" como operadora de una voluntad ajena.
La demanda estadounidense contra Rubén Rocha Moya pone a prueba esa estrategia. El caso ofrece dos definiciones inevitables.
Primero: sobre narcotráfico. Entregar a Rocha demostraría un compromiso real más allá de la retórica soberanista. Sheinbaum exige evidencias al Departamento de Justicia, pero los tratados de extradición son claros: no requieren pruebas exhaustivas en la etapa inicial. Basta con la descripción del delito, el paradero del reclamado y la orden de aprehensión. La evidencia se desahoga en el proceso, no antes. Negarse es priorizar la lealtad partidista sobre el bienestar común.
La soberanía se demuestra con hechos y acciones de protección a la ciudadanía. Sheinbaum considera "traición a la patria" si se demuestra que la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, permitió la participación de la CIA en el desmantelamiento de un laboratorio; pero con Rocha no ve implicaciones delictivas. La soberanía no puede ser "según y conforme".
Segundo: sobre autonomía. Facilitar la extradición implica desmarcarse de López Obrador. El expresidente no solo protegió a Rocha, sino que blindó su integridad desestimando sus presuntos vínculos con el crimen como simples ataques mediáticos. Romper con ese legado desactivaría la crítica central hacia Sheinbaum: que su autonomía está condicionada por la gratitud política hacia Palenque.
Mecanismos sobran pese al fuero. Puede instruir a la FGR a solicitar el desafuero y usar la mayoría de Morena en la Cámara de Diputados, o presionar su renuncia por la vía pragmática. La disyuntiva es clara: si entrega a Rocha, corta el cordón umbilical con el obradorismo y salva su gestión. Si no, confirma la tesis del narco-Estado que impulsa Donald Trump. El costo de la omisión es mayor que cualquier discurso soberano; tensa la relación con Estados Unidos y pone en riesgo la renovación del T-MEC.
Rocha lo sabe. Amparado en el poder, declara sentirse tranquilo ante los cargos de narcotráfico y conspiración. Su seguridad no emana de la inocencia, sino de la información que guarda sobre la cúpula. No caería solo.
Hoy Sheinbaum está acorralada. Rocha es la punta del iceberg y Trump tiene la presión necesaria para obligarla a actuar. Si la lista de políticos vinculados al narco crece, la decisión sobre Rocha marcará el tono de su sexenio.
Sinaloa es hoy el modelo de gobernanza morenista; la presidenta decidirá si lo corrige o permite que persista. ¿El impulso para ejercer autoridad vendrá de Washington, de Palenque o de Palacio Nacional?
Leticia Treviño es académica con especialidad en educación, comunicación y temas sociales, leticiatrevino3@gmail.com
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