Opinión Editorial
Centenarios
Publicación:28-09-2026
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En nuestro país, las políticas públicas se enfocan en lo general para los adultos mayores, no exclusivamente para los centenarios
Quizá no sea tangible —o pareciera que no — su aportación a la economía de las naciones, pero los adultos centenarios no solo nos dan ejemplo de resiliencia; como humanidad también nos demuestran que la vida no tiene que ser de permanente estrés y muy particularmente representan un puente vivo con nuestras tradiciones e historia.
El pasado 21 de septiembre, la Embajada de Japón en México publicó una efeméride muy particular: el Día del Respeto a los Mayores, fecha en que además de homenajearlos, reconocen su larga contribución a la sociedad.
Se celebra anualmente el tercer lunes de septiembre, y en esta fiesta las familias visitan a sus mayores, hacen festivales y comilonas, mientras que el gobierno aprovecha para honrar a los centenarios con la entrega de una carta de felicitación y una copa plateada.
El Día del Respeto a los Mayores comenzó como una fiesta local en una provincia japonesa y a partir de 1966 se declaró día festivo nacional.
Junto con Estados Unidos, China, India y Francia, Japón es uno de los países con más personas centenarias entre su población. De las naciones latinoamericanas, Uruguay y Puerto Rico destacan en población centenaria.
Pero la celebración japonesa no es de mero membrete: la tierra del sol naciente tiene 107 mil 677 personas centenarias de las que se ocupa mediante políticas públicas enfocadas en el modelo de longevidad activa.
Este incluye un seguro de cuidados que prioriza la atención domiciliaria, se subsidia la adaptación física de sus viviendas a fin de que vivan en un entorno seguro y hay suficientes estancias diurnas para evitar un eventual aislamiento de estas personas.
En el esquema, el 50 por ciento se cubre con impuestos y las personas de 40 años en adelante hace aportaciones para cubrir el otro 50 por ciento restante.
Hay entre la población personas capacitadas para asistir en la vía pública—transporte y centros comerciales— a adultos centenarios en eventuales crisis de desorientación y la salud está enfocada en la prevención con evaluaciones médicas anuales para detectar desgaste cognitivo o muscular.
El Censo del INEGI 2020, arrojaba que en México había poco más de 18 mil personas centenarias y el Estado de México, la Ciudad de México, Veracruz, Jalisco y Puebla destacaron como las entidades federativas con mayor número de personas que superan los 100 años.
En el mismo censo, Nuevo León reportaba 763 personas con 100 años o más.
En nuestro país, las políticas públicas se enfocan en lo general para los adultos mayores, no exclusivamente para los centenarios.
Se prioriza la seguridad económica directa con la Pensión para el Bienestar, la atención médica primaria a través del IMSS-Bienestar, y otros programas del Instituto Nacional de Geriatría y del Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores.
Al crecer la esperanza de vida de la población, las estimaciones del Consejo Nacional de Población, CONAPO, junto con los datos censales del INEGI arrojan que para el año 2050, unas de cada cuatro personas superarán los 60 años de edad, esto es, unos 33 millones de personas.
Nos queda claro que lejos estamos de un sistema de salud como el de Dinamarca, aunque eso sea lo que nos han querido "vender".
La salud y atención de los centenarios y de los adultos mayores en general sigue recayendo en las familias, especialmente en las mujeres. Al menos el 16 por ciento de los adultos mayores sufre algún tipo de maltrato o abandono, según datos del Seminario Universitario Interdisciplinario sobre Envejecimiento y Vejez (SUIEV) de la UNAM.
El INAPAM, en tanto, señala que hay muchos casos que no se denuncian por el temor a perder a sus únicos cuidadores.
Que México migre hacia modelos donde los adultos mayores o centenarios no sean vistos como una carga sino como un segmento al que hay que dar especial atención y cuidado debe dejar de ser solo una buena intención.
Nuestros centenarios deben ser vistos como lo que son: fuentes de experiencia y de riqueza cultural a las que hay que honrar.
« Nelly Cepeda González »



